
Una conmovedora historia verdadera
El film italiano está inspirado en Mirco Mencacci, uno de los editores de sonido más reconocidos del mundo
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Rojo como el cielo (Rosso come il cielo, Italia/2006). Dirección: Cristiano Bortone. Con Francesco Campobasso, Luca Capriotti, Marco Cocí, Simone Colombari y otros. Guión: Cristiano Bortone, Paolo Sassanelli y Monica Zapelli. Fotografía: Vladan Radovic. Música: Ezio Bosso. Presentada en DVD por Primer Plano Film Group. Duración: 96 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: muy buena
La ternura es el mayor valor de Rojo como el cielo , un film inspirado en la verdadera historia de Mirco Mencacci, uno de los más talentosos editores de sonido del mundo. En sus primeras escenas un grupo de niños juegan en una pradera de la Toscana de 1971, y entre ellos está Mirco, que, a los 10 años, es ya un apasionado por los films de vaqueros y aventuras. Sin embargo, su feliz vida cambia cuando, jugando con un viejo rifle, es herido de bala en la cabeza y, aunque salva su vida, pierde la vista.
En aquellos momentos la legislación italiana consideraba a los ciegos seres discapacitados y no se les permitía asistir a las escuelas públicas. Los padres de Mirco deciden inscribirlo en un colegio religioso y, aunque en el comienzo de sus clases no acepta su nueva condición de apartarse de su cálido micromundo, su existencia dará un giro cuando halla una vieja grabadora de cinta y descubre que empalmándola puede crear cuentos de hadas sólo a partir de los sonidos.
No tiene ya mucha importancia para este chico la férrea disciplina que impera en el colegio religioso, ya que a sus amigos, ciegos como él, hallan en esas cintas de prodigiosa poesía un encantador entretenimiento pleno de magia y de calidez. Rojo como el cielo es una película que conquista por su honestidad y su limpieza de estilo, valiéndose de un reparto en el que sobresale el pequeño Luca Capriotti, acompañado por un elenco que aporta la necesaria dosis de calidez a la historia.
Relato realista y llano, el film toma cada vez más vuelo y se convierte en pura poesía cuando los sonidos son protagonistas, como en la encantadora secuencia de la búsqueda del cambio de las estaciones que, desde el invierno hasta el verano, quedan impresas con coloridas tonalidades en esa vieja grabadora que ya es el punto de apoyo que le permitirá a Mirco hallar, con el paso del tiempo, su oficio de sonidista en numerosas producciones italianas.
Conmover fue el propósito de Cristiano Bortone, su director, y sin duda su idea quedó netamente plasmada en esta película que habla acerca de una infancia distinta a través de la hondura de su protagonista, para quien sus ojos sin vida son reemplazados por los sonidos que él elabora con la inteligencia y la ternura de quien sabe que su ceguera tiene ya un reemplazo insustituible en esos sonidos que convierte en magia y en arte.






