No es
1 minuto de lectura'
Corte y confección
El cantautor de Morón Guillermo Alonso expande el arco melódico en un segundo álbum de iniciación.
Aquí es cuando Coiffeur, el señorito y su guitarra, se pone cósmico y agreste, apasionado y escéptico, un trovador herido que busca las respuestas en una pila de discos viejos y en una torta del día del Padre que empieza a verse fea en una heladera mal provista. Aquí es cuando Coiffeur pide un poco –sólo un poco– de compañía para sus cuerdas de nylon y su voz de zorzal apichonado, alguna pista de melotrón (que vaya liviana, casi como una neblina en el fondo de la melodía) o algún arreglo de trompeta que altere la rutina del solista acústico. Y lo que queda es un álbum más sofisticado que Primer corte -el debut de Guillermo Alonso como estilista folk, editado hace dos años–, con una mayor amplitud rítmica y un montaje sonoro leve pero decisivo (responsabilidad de Mariano Esaín, el productor), que se acopla naturalmente a las canciones. Como un Neil Tennant bonaerense, como un Woody Guthrie sin tormentas de polvo, Coiffeur se carga la mochila y se va de vacaciones a la Puna, con el armonio crepitando junto al fogón y los pies llenos de cosquillas en una carpa rebasada de olor a hombre y caricias furtivas: "Quién toca mis pies, quién besa mis manos… Eramos tantos, y yo no sabía quién era" ("En la frontera", camping-queer de iniciación). Pero mientras las letras se engolosinan con juegos sinestésicos –"un suspiro confitado", "arritmias de yogur" (¡!)–, las melodías y la interpretación prueban formas interesantes. "Casi soy tu nombre" tiene aires de banjo y de bluegrass (el country alterado de tipos como Danny Barnes). En "cataratas" brota un arreglo de cuerdas (a cargo de Pablo Grinjot) que genera una épica pequeña y encantadora, y los arpegios le infunden al tema un tono de intriga teatral inesperado. Esta vez no hay tanta de esa taquicardia guitarrera punkie ("¡Qué mala suerte!", "Parece") del primer álbum, pero sí ejercicios melódicos como "Mi unicornio", en el que alonso parece citar el "oh-de-lay" de los reyes del vaudeville como Al Bernard. Canciones que se extinguen en un minuto, anhelos de besos que llenan de dudas, exploraciones armónicas complejas y relaciones humanas no menos complejas. Un disco de esta época, de esos que no abundan en esta época.
1Rating: cuánto midió el debut de Beto Casella en América
2Matteo Bocelli: cómo prepara su debut en la Argentina, por qué canta en español y el consejo de su padre famoso
3El thriller alemán de seis episodios que está en Netflix y se convirtió en un fenómeno global
4Cuándo es la final de MasterChef Celebrity




