Fundación Proa (P. de Mendoza 1929)
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Clásicos del xx
Picasso, Warhol, Rothko, Miró, Léger, Bacon y otros indispensables del siglo pasado toman por asalto una galería de La Boca.
Puede todo el arte del siglo xx entrar en una sola galería? Evidentemente no, y a pesar de lo abarcador del título de esta muestra, por supuesto hay un recorte. En este caso, ese recorte corresponde a las obras que forman parte de la colección de Rufino Tamayo, un artista mexicano de origen humilde que llegó a ser dueño de una importante pinacoteca internacional y decidió construir un museo. Claro que detrás de esta romántica historia hay una polémica. Tamayo erigió en el Distrito Federal mexicano el museo que lleva su nombre en favor de una apuesta bastante más cosmopolita que la de sus colegas muralistas (Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco). El argumento, para Tamayo, era la fuerza de las propias obras.
La oposición que el emprendimiento de Tamayo y de su esposa Olga –coequiper de este ambicioso proyecto– encontró entre los artistas contemporáneos tenía su razón de ser. Después de todo, el muralismo (un movimiento que refleja problemáticas sociales y políticas desarrollado a partir de 1921, principalmente en la ciudad de México) hizo de sus pinturas sobre muros de instituciones públicas un emblema del arte nacional. Pero Tamayo, ya dijimos, prefirió mirar hacia afuera.
Las más de ochenta obras de artistas de todo el mundo –pero principalmente de los epicentros del arte– que se exhiben en Proa, cubren los movimientos más relevantes del siglo pasado: los figurativos y sus reinterpretaciones del mundo, la respuesta del arte a la Segunda Guerra Mundial, la búsqueda por fundir arte y ciencia del movimiento óptico, la abstracción geométrica, el arte pop y las apropiaciones de lo real.
Lo más importante de esta exhibición –además de la extraña sensación que produce saber que uno está rodeado de más de 35 millones de dólares en arte– es la posibilidad de pensar el mundo a partir de ciertas obras. ¿Qué pintaron los grandes maestros europeos en el clima de posguerra? ¿Qué pintaban, en ese mismo momento, sus colegas del otro lado del Atlántico?
Lo cierto es que esta colección, salvo las Sandías, del propio Tamayo, de mexicano tiene bastante poco. Y descontando la importancia del arte de ese país, aquí, en La Boca, podemos tener frente a frente a Picasso, Warhol, Rothko, Miró, Tàpies, Magritte, Léger, Matta, Bacon y unos cuantos más para que, con su potencia visual, nos partan la cabeza.





