Cómo se explica el último repunte de público en las salas: técnica y audacia
En marzo aumentó la recaudación en las salas; Una batalla tras otra y Pecadores inauguran un nuevo modelo con herramientas vintage; ¿cambió el modelo de producción?
8 minutos de lectura'

Se habla en todas partes de la crisis de espectadores en el cine. En la Argentina, con sus recurrentes crisis y depreciaciones del valor del salario, solemos echarle la culpa al gobierno, pero aclaremos rápidamente que ni en eso somos originales los nacidos en estas pampas. En el último lustro apareció una excusa: la pandemia. Y una frase que, no por cierta, deja de ser insuficiente: “cambiaron los hábitos de consumo”. Los números de las plataformas de streaming, el comportamiento de los Estados en aquel tenebroso 2020 y la histeria en una industria que necesariamente debe mover cientos y miles de millones de dólares (el cine es la más cara de las artes) generaron una aceleración de ciertas tendencias, lo que generó una segundo lugar común, aquel de “la pandemia aceleró los tiempos”. Pues bien: venimos a negarlo con datos. Para eso, hay que prestarle atención no a lo que ocupa el foco de las tapas de medios y las agencias de noticias, sino lo que, incluso a la vista de todo el mundo, permanece lateral. Entre esos datos, y ahora que nadie se acuerda de quién se llevó el premio mayor, los últimos Oscar y, también, las recaudaciones globales de las últimas semanas.

Retengamos este dato: las dos películas más ganadoras de aquella noche fueron Una batalla tras otra (con el principal) y Pecadores (que se llevó un casi sorpresivo premio de Mejor actor para Michael B. Jordan). Vamos a dejar de lado los “grandes premios” y a concentrarnos específicamente en los galardones técnicos. Las cuatro películas que sumaron en rubros que van del diseño de producción a -mucha atención- la fotografía fueron las dos mencionadas más la tercera Avatar (Efectos especiales, bastante lógico), F1 (Sonidos) y Frankenstein (lo relacionado a diseño de vestuario y maquillaje, entre otros). Es decir: incluso si hubo mucho blockbuster “de sensaciones” el año pasado (Capitán América: un nuevo mundo, Thunderbolts, Superman, Los 4 Fantásticos y siguen firmas) premios que están relacionados con el artesanado del cine quedaron en manos de filmes “serios” o “realistas”, sea lo que fuere que se considere con esos términos en estos tiempos. Sin embargo, los que importan aquí son Montaje y Fotografía. El primero fue para Una batalla tras otra; el segundo, para Pecadores. Son los premios más importantes de aquella noche y del año.

Pecadores es una película, como se sabe, extraña que mezcla los gánsteres, los vampiros, el antirracismo, el film de época y el musical en una gran ensalada. Pero el máximo de su potencial lo desarrolló en salas IMAX. El premio de fotografía fue festejado porque, por primera vez en la historia, lo ganaba una mujer (Autumn Durald Arkapaw, además descendiente de nativos americanos, festejo justo). Pero lo más innovador del premio no era la identidad de la profesional, sino que lo ganó con la dificilísima tarea de fotografiar con cámaras IMAX. La sensación de inmersión en un espectáculo gigantesco favoreció la aceptación de una trama bastante extraña para los estándares de hoy y fue el vector por el cual el público la aceptó y la convirtió no sólo en un éxito sino, palabra clave, en un éxito rentable.

Una batalla... fue un fracaso comercial en realidad, porque costó demasiado respecto de lo que recaudó, aunque recaudó lo que, para cualquier otra película, hubiera generado abultados números negros. Sino fue una catástrofe comercial, si finalmente recuperará su costo, es porque se filmó con material analógico en formato extra grande de ocho perforaciones (lo que “arrastra” la película en la cámara, esos agujeritos; cuanto más son, mejor definición de la película) VistaVision, un formato que desde hace mucho había caído en desuso. El cinéfilo recordará que es el formato de Vértigo, la obra maestra de Alfred Hitchcock, nada menos. Eso permitía que la película tuviera una definición mucho más notable que en el habitual registro digital y, también, provee una sensación inmersiva completa justamente por el detalle que logra. Sí, parecen cosas muy “específicas”, pero son absolutamente esenciales para el negocio. Montar película VistaVisión es muy difícil (Hitchcok los sabía, por eso fue un formato adecuado para Vértigo, con su tempo contemplativo y sus imágenes amplias) y la persecución triple del último tercio es, en ese sentido, una hazaña técnica. E inmersiva.

Lo que estos premios muestran es un síntoma de que es probable que Hollywood haya replanteado su producción. Como la hamburguesa de cadena más apetitosa que podamos comer, también las franquicias se agotan. No es que Superman o Los 4 Fantásticos no sean, por derecho propio, películas con encanto y virtudes, sino que el público tiene la impresión (errada o no) de que sabe demasiado de qué se trata. Es cierto que esa característica del conocimiento previo (la famosa “instalación de marca”) es una virtud para el marketing. Pero en algún momento se satura. Lo que tanto Pecadores como Una batalla tras otra ofrecieron fue el uso de las herramientas que el blockbuster saturó para generar sensaciones en el espectador para contar otras cosas. Resultado: un salto hacia aquel viejo atractivo del cine de sumergir al espectador en otro mundo. Y, después de paseos demasiado largos por el mundo de los superhéroes y la animación, el nuevo universo es el de todos los días, pero de otra forma.
Este movimiento no es nuevo y ha ocurrido cada vez que el cine en salas se enfrentó a una competencia fuerte. VistaVisión, ya que estamos, competía con CinemaScope, y ambos nacieron cuando las salas debieron pelearle el público a la televisión cada vez más barata y, por lo tanto, popular. Pasó en muchas otras ocasiones (con el VHS, con el DVD, con el cable premium, con Internet...) y ahora pasa con las plataformas por un lado y el cine inmersivo por el otro. Si el lector se pregunta si esto es una excepción o un camino nuevo, veamos lo que pasa con las películas estrenadas este año. Por primera vez desde Coco, Pixar tuvo éxito con una película que no pertenecía a ninguna de sus franquicias (Hoppers, que está cerca de los 800 millones de dólares de recaudación global). Pero el film más visto (por lo menos hasta el estreno de Super Mario Galaxy, la primera “franquicia vendedora” del año) fue Proyecto: fin del mundo, la comedia de aventuras y ciencia ficción protagonizada por Ryan Gosling y una piedra simpática (alrededor de 500 millones y contando, con bastante más para sumar). De hecho, estos dos éxitos (más el nicho en el que entraron algunas otras películas, como la recién estrenada El Drama) mejoraron la performance de venta de entradas en cines del primer cuatrimestre de 2026 respecto del de 2025 en un porcentaje no menor al 5 por ciento. En la Argentina, después de un enero atroz, febrero y marzo mostraron crecimiento en recaudaciones.

Hay mucho más para confirmar un cambio. Es cierto que no van a faltar franquicias (The Mandalorian and Grogu en mayo; Masters of the Universe -es decir, He-Man- en junio; Moana en versión con actores, Minions 3 y Toy Story 5 y Supergirl en julio; Avengers-Doomsday y Dune 3 en diciembre y hay varias más), pero entre los eventos cinematográficos más importantes del año y de los que ya se habla figuran producciones que apuntan a lo original desde el gran espectáculo.
Una es El día de la revelación, drama de ciencia ficción realizado por Steven Spielberg, que se vende como una especie de sorpresa (su marketing es parecido al de su obra maestra Guerra de los Mundos, donde no terminamos de saber por dónde va el asunto o qué veremos). Y la otra, la película que, de ser exitosa, va a cambiar definitivamente el paisaje: La Odisea, versión del poema homérico a cargo de Christopher Nolan y filmado íntegramente con cámaras IMAX y para salas ídem (si en la Argentina alguien se anima a funciones especiales súper gigantes, se va a hacer millonario: sólo tenemos una sala de este tipo). Si estas dos -y un puñado más de títulos no necesariamente de gran espectáculo- funcionan en salas, habremos llegado a un nuevo equilibrio. Seguramente también en nuestro país, donde éxitos de taquilla enormes pero puntuales hablan más de la falta de alternativas para salir de casa que de incapacidad para pagar una entrada. En última instancia, se confirmará que no son ni los focus group ni los contadores los que definen cómo será el cine, sino el diálogo entre realizadores y espectadores que propone cada película. Más allá de gustos y calidades, se lo vamos a deber a la audacia de intentar ir por otra parte de Pecadores y Una batalla tras otra.
1Agustín “Rada” Aristarán, el Willy Wonka argentino: “Va a ser la obra más grande que se haya visto en el país”
2Ralph Fiennes no quiere volver a ser Voldemort: así está hoy el actor más camaleónico con tres nominaciones al Oscar
- 3
La noche de Mirtha: del elegante look de la Chiqui a la fuerte revelación sobre una posible serie sobre su vida
4Paulina Porizkova celebró sus 61 años posando en bikini: “Me doy cuenta cuánto he avanzado en la mi propia aceptación”





