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Actitud extraña la de Gustavo Cerati , con el Riachuelo de fondo, tardes atrás, mientras Leandro Fresco presentaba su disco en la Fundación Proa. En medio del desfile involuntario de anteojos de sol –mientras el sol llegaba con fuerza a la terraza–, el músico permaneció con la vista al descubierto. Nada que ver con su adláter Flavius (con modelo naranja y geométrico), ni con Leo García (con un par negro, muy retro), ni con el DJ Carlos Alfonsín, ni con el cineasta Eduardo Capilla. Pero apenas empezó a atardecer... Cerati se puso los anteojos de sol, que para eso los había llevado. Y aunque ya no había tanta luz y el cielo empezaba a verse rosa, pudo divisar perfectamente el alfajor marplatense que Cecilia Amenábar le extendía. Duró muy poco el alfajor.
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Esa misma tarde, Fito Páez y Andrés Calamaro –entre muchos otros– se entretenían en una casa de Congreso devenida galería de arte por una semana: ahí colgaron sus trabajos la actriz Romina Ricci –la mujer de Páez, sí–, el productor televisivo Gustavo Marra y el diseñador gráfico Pablo Ferraro, entre otros. Entre los invitados, desde los diseñadores Manuel Brandazza y Diego de Aduriz hasta Tomás Fonzi y sus compañeros de Verano del 98 .
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Feria de las Naciones o Feria de la India... Este año la exposición que organiza COAS tiene una nación privilegiada. “Fuimos a la India a comprar mercadería increíble a precios muy buenos. La moda nos acompaña esta vez”, decía Carmen Polledo, presidenta de la institución benéfica, en la fiesta previa al comienzo de la feria (entre el 4 y el 15 de noviembre en el Centro de Exposiciones). En la cresta de la ola del Indian style, los productos de cocina perdieron brillo al lado de chalinas y zapatos bordados, de dos grupos de maniquíes y de las organizadoras, todos convenientemente ataviados. En tanto, la diseñadora Bea Carabio se autopostulaba como artífice de esta tendencia global: “El mundo se volvió Bea Carabio. Estoy feliz, después de 18 años logré imponer este estilo. Esta es mi ropa”, declaraba la diseñadora budista. Habrá que felicitarla...
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Multicultural, también, fue la fiesta anual de la revista Cuisine&Vins. Para bodegueros, empresarios, artistas y afines, abundó comida de Irlanda, la India y Armenia, además de quesos y sushi. Las bebidas se probaban por estaciones, mesas con variedad de posibilidades: champagne, cerveza, agua y, por supuesto, vino. De una a otra se deslizaron Fernando Noy, Eduardo Bergara Leumann y hasta un excepcionalmente discreto Alan Faena (no quiso hacerse ver porque no estaba vestido para la ocasión, sino de cowboy). Nacha Guevara (que firmó la última mesa de tapa de la revista) sucumbió ante los encantos de la vaca del artista Mario Otero, premio de uno de los sorteos. No hubo forma de sacársela de las manos.
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Un viaje de Mario Testino a Río de Janeiro o San Pablo no tiene mucho en común con uno del fotógrafo peruano a Buenos Aires. Es que en Brasil –país que lo apasiona y que conoce bien–, Testino da rienda suelta a su sociabilidad, recorre, conoce gente en la playa y, definitivamente, se confunde sin problemas con el paisaje. En Buenos Aires, en cambio, a pesar de su excelente disposición, cuenta con escoltas permanentes y, tal vez, se pierde mucho de lo que está ocurriendo. Así habría pasado durante su visita a esta ciudad, que terminó oficialmente el miércoles con comida en un restaurante de Palermo. En una mesa que compartió con Susana Giménez , Valeria Mazza y Martín Barrantes , el fotógrafo habría sembrado el asombro cuando habló de sus días viviendo en un hospital tomado, en Inglaterra.
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“Hola Isabel, mi madrina”, recibía Hugo Caballero a Isabel Ordóñez de Kohlsdorf en la inauguración de la muestra del diplomático y artista en la galería Ursomarzo, el martes. Después de risas y abrazos vinieron las explicaciones y las correcciones: “Hugo fue el testigo de mi casamiento, en Roma. No soy su madrina. Me regaló un retrato en carbonilla que me hizo en dos horas unos días antes, en diciembre de 1963”, dijo la activa miembro de COAS durante 25 años. “Yo era entonces secretario de la embajada ante la Santa Sede. Estaba por nacer mi hijo Paulo, llamado así por el papa recién nombrado”, comentó Caballero. Y siguió: “Hago retratos hace 50 años. Pero ahora el retrato me dejó. Sólo colgué éste, de Paula Dadis, inglesa que más que orfebre era escultora.” Para más información, la mujer de Caballero, Sara Pérez del Cerro, mostraba un anillo de los de Dadis. Una escultura.
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“El libro me llevó cuatro años de trabajo, y el documental más de cinco”, hacía cuentas Raúl Etchelet en la presentación de Niní, la biografía y de La película de Niní , en el Complejo Tita Merello. Ahí estaban todos lo que colaboraron con voces y recuerdos: Angelita Adelmann –hija de Marshall–, Enrique Pinti –narrador en off de la película– y Jorge Luz –coprotagonista de escenas inolvidables–. En los agradecimientos apareció otro nombre conocido, el del diseñador Claudio Martínez. “Cuando me enteré del proyecto de Etchelet le regalé la colección de programas de cine y teatro de Niní que conservaban en mi familia”, explicó, agradecido por el agradecimiento.






