Consejos libres de humo
En alza, variedad de métodos para combatir el cigarrillo
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"Dejé de fumar porque me sentí acorralado por una parte de la sociedad empeñada en discriminarme", acusa Guillermo Almeida, ex fumador. De un tiempo a esta parte, la imagen del fumador cambió. Los edificios se declaran libres de humo, el cigarrillo del postre está prohibido en los restaurantes y hace frío para tomar el café en la vereda. Cada vez más, a la pregunta ¿te molesta si fumo? sobreviene un sí rotundo.
Pero esto antes no era así. "En mi juventud, los muchachitos de las películas mostraban su perfil a contraluz y lanzaban una bocanada de humo que hacía suspirar a mis amigas. Los afiches publicitarios me sentenciaban que si no fumaba no triunfaría jamás. Estaba de moda coleccionar marquillas de cigarrillos, el tango rezaba que Fumar es un placer, genial, sensual…", recuerda Almeida, que fumó hasta hace tres meses, cuando notó que su hábito lo condenaba al ostracismo social. Y dejó.
Hay métodos, trucos, programas, campañas, grupos de autoayuda, servicios gratuitos en hospitales públicos, médicos especializados, libros, y se multiplican las páginas Web y las asociaciones abocadas a ayudar al que quiere librarse del humo. Porque el cigarrillo tiene mala prensa, pese a los 2500 millones de dólares que la industria del tabaco gasta al año para fomentar su consumo. "Yo dejé con láser. Pero lo más importante fue haber tomado antes la decisión firme de dejar de fumar", señala Gisela Gazzani, que tras 17 años de cigarrillo logró volver a respirar sólo oxígeno. Y así se salió de la estadística que dice que el cigarrillo mata un argentino cada 13 minutos.
"Fumé incansable y compulsivamente entre los 15 y los 41 años", reconoce Carola Sainz, autora, junto con Susana Reznik, del libro El placer de no fumar... nunca más (Aguilar, 2006). En el Método Aire Libre, uno de los tantos institutos específicos, dirigido por Reznik, encontró la solución: "Debía elaborar mi relación con el cigarrillo, hacer mi trabajo interno, dejar de tenderme trampas, reconocer lo que tenía y lo que me faltaba. Cuando conseguí eso, pude dejarlo. Antes necesité dos tratamientos exitosos y varios intentos frustrados", cuenta Sainz. Su libro ayuda, más que nada, a decidirse. Las cinco editoras del Grupo Santillana que trabajaban en la edición del libro y se juntaban habitualmente a fumar en la escalera dejaron el vicio durante su lectura.
Los que lograron zafar recomiendan varios trucos. Agustín Cozzar, en el libro Usted puede dejar de fumar (Edaf, 2005), propone un método en seis pasos, para dar uno por semana, más o menos: cambiar los patrones de hábito de consumo (quien fumaba en el auto, debe obligarse a fumar antes de subir); cambiar la marca y sabor del cigarrillo (para que fumar ya no sea tan placentero); reducir gradualmente la cantidad de cigarrillos por día; dejar de fumar, apelando a sustitutos, como parches o chicles de nicotina, y finalmente, abandonar los sustitutos. Entre los posibles reemplazos está el cigarrillo electrónico que se acaba de lanzar en Hong Kong. Es un invento chino a batería que permite inhalar nicotina y despedir humo, que dice no ser tóxico. Pero está en debate su salubridad, ya que con el dispositivo se consumiría más nicotina que con un cigarrillo real, cosa que los ejecutivos niegan.
Carlos Roth da más ideas en su libro Técnicas y consejos para dejar de fumar (Imaginador, 2001). Recomienda hacer una lista de las razones por las que se desea dejar de fumar, y tenerla siempre a mano, para releerla en los momentos de debilidad. Otra técnica es empezar dejándolo un día a la semana, para ganar confianza. Por ejemplo, por un mes no fumar sólo los jueves. O bien, anotar en una libreta hora, número de cigarrillo y motivo por que fuma, para leerla a la noche y cambiar esos momentos al día siguiente.
En 7 pasos para dejar de fumar, de Edwin B. Fisher (Viamagna, 2005), se recomienda elegir bien a quién contarle sobre este proceso para que ayuden, pero no atosiguen. Formar un grupo de apoyo integrado por un familiar, un amigo, alguien del trabajo y un ex fumador, encargados de escuchar las quejas del cesante en sus momentos de angustia, alentarlo y recomendarle este tipo de métodos que parecen tontos, pero que colaboran, como agujerear el cigarrillo para inhalar menos humo. O bien, armarle un kit de supervivencia, con palitos, chicles, pelotas para estrujar, ramas de canela, goma elástica para jugar, clips y un lápiz. Y también el grupo debe recordar que el futuro ex fumador debe hacerse regalos cuando las cosas marchan bien: flores, CD, contratar a alguien para que haga la limpieza esa semana o quedarse en la cama hasta tarde. Porque dejar el cigarrillo cuesta bastante, y quien sale del vicio ¡merece un premio!
Dónde pedir ayuda
Programa del Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación: 0800-222-1002 y www.dejodefumarhoy.gov.ar.
Servicios gratuitos en hospitales públicos: Ramos Mejía (Urquiza 609), María Ferrer (Finochietto 849), Moyano (Brandsen 2570, Pabellon Bosch, 2° piso), Tobar García (Ramón Carrillo 315- Pediatría), Consultorio Tabaco o Salud del Hospital General de Agudos Dr. Cosme Argerich (Pi y Margall 750), Durand (Díaz Vélez 5044), Fernández (Cerviño 3356), Penna (Pedro Chutro 3380 – Neumonología), Clínicas (Avda Córdoba 2450), Vélez Sarsfield (Calderón De La Barca 1550), Pirovano (Monroe 3555) y Tornú (C. de Malvinas 3002), entre otros.
Grupo Antitabaquismo del Hospital Italiano , 4958-3388 interno (9789).
Método Aire Libre: 4822-1108 y www.metodoairelibre.com.ar .
Lalcec, Chau-Pucho: 4832-7595 y www.lalcec.org.ar .
Unión Antitabáquica Argentina: 4343-3553
www.uata.org.ar.
www.libresdetabaco.gov.ar .
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