
Cozarinsky: fantasmas del pasado
Con una respetuosa aunque fría recepción se exhibió ayer el último film del realizador argentino Edgardo Cozarinsky, radicado en Francia, "Crepúsculo rojo", que protagoniza Marisa Paredes
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SAN SEBASTIAN.- "Es una película sobre la tentación de exorcizar nuestro pasado más trágico." Así define el director argentino Edgardo Cozarinsky -radicado desde hace un cuarto de siglo en Francia- a "Crepúsculo rojo", trabajo coral rodado en París, Buenos Aires y Budapest que ayer se presentó en el marco de la competencia oficial del festival con una respetuosa aunque algo fría recepción tras la función de prensa.
Este ambicioso y ampuloso puzzle cinematográfico se centra en las vivencias y recuerdos de tres personajes: Clara (Marisa Paredes), una psicoanalista traumada por el suicidio de una paciente en su propio consultorio y por las secuelas de su pasado como militante de una organización guerrillera en la Buenos Aires de los años 70; David (Féodor Atkine), un falsificador de cuadros obsesionado con el amor de su juventud (Luna Paiva), desaparecida en aquella década trágica; y Michel (Bruno Putzulu), un veinteañero que huye de la crisis argentina e intenta reiniciar su vida en la Francia de su padre.
Con una imagen concebida en video digital y ampliada a 35 milímetros, un off de corte literario, tres tangos como "La yumba", "Recuerdo" y "La bordona" interpretados por la orquesta de Osvaldo Pugliese y una banda sonora compuesta por Carlos Franzetti en la que deslumbra el bandoneón de Néstor Marconi, Cozarinsky construye un patchwork estilístico y narrativo que incluye desde largas escenas de baile en insólitas milongas, rollos de super 8 y situaciones que bordean lo onírico.
La memoria, el exilio, la lucha armada, las traiciones, la venganza y la reinserción de los latinoamericanos en Europa son sólo algunos de los delicados tópicos que Cozarinsky afronta en "Crepúsculo rojo". Según el director, "es una película sobre gente que, como yo, intentamos adaptarnos para iniciar una nueva vida en el exterior, pero para quienes nuestra historia y nuestra memoria siempre resurgen".
No es la primera vez que Cozarinsky -que en más de una ocasión criticó la experiencia armada- se enfrenta a esta cuestión: "Ya en 1977, en plena dictadura argentina, -recuerda- filmé en París "Los aprendices de brujo", y creo que "Crepúsculo rojo", si bien intenta reivindicar de alguna manera a los ilusos, los idealistas que fueron traicionados por sus dirigentes corruptos, tiene la misma mirada desencantada. Ocurre que yo no decido los temas. Se me imponen".
Cozarinsky -de 64 años- comparó además a su nueva película con "El violín de Rothschild" ya que "también establece un diálogo entre los vivos y los muertos. Yo tengo muchos amigos muertos y sigo dialogando con ellos".
El tango tiene un lugar central en el espíritu y la concepción del film: "Yo siempre escribo con música y escucho mucho a Pugliese. Por eso, me permití incluir una escena de casi cuatro minutos con una pareja bailando, algo impensable en una película de Hollywood, que hubiese cortado a los 40 segundos".
El realizador de "Guerreros y cautivas" y "Los fantasmas de Tánger" aseguró que la estructura fragmentaria de su largometraje "tiene que ver con que me interesa trabajar los lazos casuales, esa trama imperceptible que nos une con otros seres humanos. No me interesan las películas rígidas, perfectas, que explican todo".
Cine y libros
La génesis del film fue bastante curiosa, según recuerda el intelectual argentino: "Escribí una primera versión en 1999 que era bastante diferente. Como el proyecto pareció caerse definitivamente incluí dos de las historias en sendos cuentos que reuní en mi libro "La novia de Odessa". A fines de 2002 pude retomar la película gracias al pequeño aporte de productores franceses y españoles, y las recuperé para el cine".
Finalmente, Cozarinsky admitió que "el principal motor" del proyecto fue su interés en volver a trabajar con Marisa Paredes ("alguien a quien admiro como mujer, como actriz y como ciudadana"). Ambos trabajaron juntos hace una década en "La barraca", un pequeño documental para la televisión francesa sobre el teatro de Federico García Lorca al que ella le aportó la lectura de algunos textos.
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