
Cuando lo políticamente correcto no lo sería tanto
En un parque temático de enanos, el propio personal derriba prejuicios
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KUNMING, China (The New York Times).-Los instintos empresariales de Chen Mingjing lo catapultaron de una educación de campesino a una riqueza insospechada, lograda con proyectos que incluyeron desde hacer medidores eléctricos hasta inversiones inmobiliarias. Pero cuando cumplió 44 años el encanto de hacer dinero por amor al dinero empezó a menguar. Quería organizar un negocio que tuviera implícito algo bueno.
Y así, en septiembre último, Chen Mingjing hizo lo que podría haber hecho cualquier empresario con conciencia social: abrió un parque temático para enanos, y les cobra a los turistas alrededor de 9 dólares para mirar docenas de enanos en tutús rosas que bailan una versión risueña de El lago de los cisnes, entre otras parodias.
Chen tiene grandes planes para su Reino de Gente Pequeña. Hay que imaginarse un universo de 115 millones de dólares en miniatura, entre más de 5000 hectáreas de colinas ondulantes y lagos pacíficos en la provincia de Yunnan, al sur de China, con perros y árboles frutales mínimos y una entrada de 61 metros de altura que parece el hueco de un árbol prehistórico.
También, un BMW negro modificado para parecer un plato volador, desde donde los enanos asomarán para empezar con sus performances.
"Va a ser como un cuento de hadas. Todo lo que hay aquí fue diseñado por mí", anuncia Chen. Pero el lugar no está completo. Hasta ahora, consiste principalmente en el árbol, 33 cabañas con chimeneas torcidas donde los residentes del reino fingen vivir, y dormitorios colectivos especialmente equipados donde residen. Pero todo esto ya cuenta con cantidad de detractores.
Los críticos dicen que mostrar enanos es, como mínimo, una equivocación, y como máximo, inmoral, una vuelta a épocas donde los espectáculos con fenómenos atraían la curiosidad morbosa de la gente.
"¿Van a estar ahí sólo para parecer objetos curiosos?", pregunta Yu Haibo, que lidera una organización de voluntarios para los discapacitados en la provincia de Jilin, en el Nordeste.
"Creo que es horrible", dice Gary Arnold, vocero de Little People of America Inc. (Gente Pequeña de América Incorporada), grupo de apoyo al enanismo con base en California. "¿Cuál es la diferencia entre esto y un zoológico?" Incluso el término enano es ofensivo para algunos, la organización prefiere la frase persona de baja estatura.
Opiniones desde adentro
Mientras tanto, Jean Van Wetter, el director en China para Handicap International, organización sin fines de lucro con sede en Londres que ayuda a los discapacitados, argumenta que la integración disminuye el prejuicio, y el aislamiento lo refuerza.
Pero hay otro punto de vista, y Chen Mingjing y algunos de sus trabajadores de estatura baja lo sostienen con fuerza. Un centenar de enanos con empleo permanente, afirman, es mejor que otro centenar luchando por conseguir trabajos ocasionales. E insisten en que las audiencias que ven a los enanos cantar, bailar y actuar en rutinas cómicas se van impresionadas por sus habilidades y coraje.
Muchos de los performers dicen que disfrutan al ser parte de una comunidad donde todo el mundo comparte los mismos desafíos, como la altura de una pileta de lavar. "Antes, cuando estábamos en nuestras casas, no conocíamos a nadie de nuestro tamaño. Cuando estamos con personas de tamaño común, realmente no podemos hacer las mismas cosas", cuenta Wu Zhihong, de 20 años. Y termina: "Así que me sentí realmente sola algunas veces."
Chen dice que sus empleados ganaron respeto por ellos mismos y autosuficiencia. "No importa realmente lo que diga otra gente. La pregunta es si haberme encontrado cambió sus vidas", agrega.
Wu dice que su vida cambió. Tiene como apodo Itty Bitty y mide sólo 92 centímetros. Antes de que Chen la contratara, reveló fotos y trabajó como operadora telefónica, empleos que, según ella, la apartaban deliberadamente de la mirada pública.
Ahora dice que algunas veces ve a los espectadores llorar de risa durante las actuaciones. Si se ríen, explica, indica que la rutina es divertida, no que están haciendo el ridículo.
El parque, a 40 minutos en auto desde Kunming, todavía no es rentable. Una reciente tarde helada, sólo asomó una docena de espectadores. Los performers esperan que lleguen grupos más numerosos.
"Primero pensé que se trataba de algo surreal -cuenta Zhang Furong, de 38 años, uno de los actores principales-. La emoción más fuerte la sentí aquí, estamos entre iguales."
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