Cukor, el director de los buenos tiempos

Un documental y un libro recuerdan al hombre más célebre de Hollywood, cuando el cine era una fiesta inolvidable
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15 de enero de 2001  

Lo que el nuevo Hollywood más envidia del viejo Hollywood no es la existencia de un Cary Grant o de una Katharine Hepburn que podían protagonizar" Philadelphia Story", o de un George Cukor capaz de descubrir a ambas estrellas y hacer esa película, o de un Philip Barry capaz de escribir ese guión con tanto ingenio y sin esfuerzo. Lo más envidiable del viejo Hollywood es que era una colonia tan pequeña que a los talentos les resultaba sencillo conocerse. Era, después de todo, un Hollywood tan diminuto que, según el relato de Shelley Winters (también descubierta por Cukor), una podía estar haciendo autostop para ir a una prueba para "Doble vida", de Cukor, y ser recogida por el auto de Lou Costello.

Era una ciudad pequeña que Cukor hacía aún más pequeña, dada su costumbre de invitar a comer en su casa a actores como Jack Lemmon y Angela Lansbury (quienes protagonizaron sus primeras películas dirigidos por Cukor), escritores como Noel Coward, Aldous Huxley y W. Somerset Maugham (quien escribió el guión de "El filo de la navaja" en la casa del director) y residentes habituales, como Spencer Tracy y Greta Garbo. Cukor consideraba estas invitaciones tan importantes como las que hacía para protagonizar sus films. "George entendía el punto más esencial de una realización: que uno tiene que convertir el set en una especie de maravillosa fiesta doméstica, donde todo el mundo comparta la misma longitud de onda", observa el crítico de cine de la revista Time, Richard Schikel, en el documental "On Cukor", estrenado en diciembre último. "La gente se divierte y al mismo tiempo se dedica seriamente al trabajo, y el director es una suerte de perfecto anfitrión."

Robert Trachtenberg, que dirigió "On Cukor" para la serie American Masters, volvió a invitar a algunos de los huéspedes habituales de Cukor a la vieja casa del director, para compartir los recuerdos de sus fabulosas fiestas y fotografiarlos allí. La casa pertenece ahora a dos de los más refinados anfitriones de la ciudad, Lynn von Kersting y Richard Irving, que reciben a los actores más famosos de Hollywood a diario en sus dos restaurantes, el Ivy y el Ivy at the Shore. Trece años atrás compraron la casa a los herederos de Cukor.

Edith Sitwell, la poeta inglesa que dedicó a Cukor su libro "The Queens and the Hive", cuenta en sus memorias que la casa "es diferente de todas las otras que conozco, y refleja en cada detalle la extraordinaria sutileza y distinción de su propietario". A pesar del Matisse, el Picasso, el Braque, el bronce de Rodin o el retrato de Ethel Barrymore hecho por Sargent, en realidad no era la colección de arte sino la colección de celebridades lo que más impresionaba de la casa. "Había una masa de fama sentada allí", recuerda Angela Lansbury, quien asistió a la primera fiesta de Cukor a los 18 años. "Norma Shearer, Garbo, Billy Wilder solían asistir. A George le encantaba reunir gente mezclada, personas que pudieran crear un ambiente entretenido. Había camareros que pasaban con champagne y gente que se zambullía en la piscina y otros que entraban y salían de la casa en grupos, charlando."

"Las fiestas eran grandiosas porque siempre había allí gente que yo admiraba y me encantaba conocer", recuerda Jack Lemmon. "George era un hombre fascinante que tenía amigos fascinantes, como Spencer Tracy y Katharine Hepburn. Y me olvido de muchos."

"Dioses y monstruos"

En realidad, fueron las famosas fiestas de Cukor las que impulsaron a Trachtenberg a filmar el documental. En el film "Dioses y monstruos", de 1998, hay una escena que transcurre en la supuesta casa de Cukor. "Fue verdaderamente un retrato inadecuado de Cukor, y reforzó la leyenda de sus orgías, algo totalmente infundado", afirma Trachtenberg.

Un tema importante del documental, y del libro de Rizzoli escrito por Gavin Lambert, que lo acompaña, es la generosidad de Cukor, como director y como anfitrión. Hepburn, en una entrevista, rechaza de plano toda pregunta capciosa acerca de los chismes de Hollywood: "No sé nada de eso. Nunca salía, salvo para ir a la casa de George Cukor. Y, por cierto, no a una orgía".

Al menos no mientras Spencer Tracy vivía allí, cosa que hizo durante muchos años, en un diminuto bungalow dentro de la propiedad. "Les dio a Tracy y Hepburn la oportunidad de vivir juntos discretamente", dice Tucker Fleming, amigo y vecino de Cukor durante 40 años. "Era notable. Uno pasaba en auto por ahí y veía a Tracy sentado y a Hepburn nadando en la piscina." Y tampoco en la fiesta del cumpleaños número 70 de Ethel Barrymore, con Judy Garland, Vincent Minnelli, Hepburn y Tracy, con la llegada del telegrama de Winston Churchill (se decía que él y Barrymore habían sido amantes) y la llamada telefónica de Harry Truman. Y por cierto que tampoco la cena íntima para seis que Cukor organizó para que se conocieran Mae West y Garbo.

"Recuerdo la casa como un centro de cultura", dice Shelley Winters. "George solía organizar una fiesta para el 4 de julio, e invitaba a todos los jóvenes que conocía. Algunos caían al agua después de algunos tragos, pero él no les servía demasiado alcohol a los jóvenes. Lo que sí hacía era presentarles a celebridades, como Katharine Hepburn."

Mia Farrow, la ahijada de Cukor, recuerda un almuerzo en el jardín con él y Hepburn, los dos ya mayores, durante el cual Farrow se ofreció a desplazar una planta que ocupaba el centro de la mesa, para que ambos pudieran verse entre sí. Los dos se negaron a mover la planta, que había sido muy pequeña cuando ambos empezaron a almorzar juntos, y desde entonces ocupaba el mismo lugar.

"Se dice que Vivien Leigh intentó suicidarse justo antes de una de sus fiestas, y que George la fue a buscar", dice Trachtenberg. Leigh conoció a Laurence Olivier en la casa de Cukor. "Fue en una fiesta pequeña", declara el propio Cukor en el libro de Lambert. "Se fueron juntos y creo que no se separaron durante años." Y también afirma, con respecto a su trabajo de realizador: "El texto me dicta el estilo, algo que tal vez no beneficie a un director porque implica que su toque personal no es inmediatamente reconocible."

Jacqueline Bisset, que protagonizó su último film, "Ricos y famosos", recuerda: "Había una palabra que yo quería cambiar". No recuerda qué palabra era, pero le causaba problemas. "Y él me dijo: bien, trabaja más duro con ella."

Por supuesto, Cukor tenía excelentes razones para atenerse a sus guiones, con colaboradores de la talla de Phil Barry, Ruth Gordon, Dorothy Parker y Anita Loos. El carácter íntimo de las historias de estos escritores producía películas atípicas y originales que, según Trachtenberg, son precursoras del cine independiente. Films como "The Philadelphia Story" y todos los de la dupla Tracy-Hepburn resultan absolutamente pertinentes hoy, a pesar de que otros clásicos de Cukor puedan parecer envejecidos.

Pero lo que realmente parece haberse perdido en el Hollywood de hoy es la fiesta. "Si comparamos con aquellos días de la década del 50", dice Lemmon, "en el negocio del cine ya no hay nada de diversión. Hay mucha más presión. Debido al aspecto financiero, cada película está rodeada de una nube negra desde el principio".

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