A menos de un año de su última visita, el ¿ex? líder de Blur presentó en sociedad su debut solista junto a las canciones de sus otros proyectos; crónica y fotos
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Las dos primeras canciones que Damon Albarn ofrece ante un Gran Rex desbordado hacen hincapié en la redefinición de lo cotidiano en la vida 3.0. "Lonely Press Play" se apoya en la noción de las distancias que se acortan virtualidad mediante, mientras que "Everyday Robots" habla sobre la dependencia a celulares, tablets y demás dispositivos móviles. Por esas ironías de la vida, mientras él interpretaba esos temas, la platea del teatro se convertía en un mar de neón, iluminado por las pantallas de quienes privilegiaron registrar el momento antes que vivenciarlo. Verdaderos robots cotidianos.
A menos de un año de su última visita porteña (al frente de Blur, en el marco de una gira reunión con final abierto), Albarn tiene un plan de acción completamente distinto bajo la manga. Con su primer disco solista como eje central, su show se plantea como un recorrido por los varios proyectos que craneó por necesidad y urgencia en los últimos quince años, desde el hip hop juguetón de Gorillaz al folk apocalíptico de The Good, The Bad & The Queen. Así planteada, la tarea puede parecer ardua, pero Albarn sale airoso al evitar los purismos y llevar este repaso al lenguaje sonoro de su presente artístico.
Secundado por The Heavy Seas (The PSM en batería, Michael Smith en teclado, y Seye y Jeff Wooton alternando guitarras y bajos), Damon no busca clonar lo que plasmó en el estudio, sino que lo reconstruye y lo tonifica. "Tomorrow Comes Today" cobra un groove más acentuado, la cadencia caribeña de "Three Changes" sufre un shot anabólico, y "Kingdom of Doom" se enriquece con un juego entre guitarras ahogadas en reverb y el piano machacante de Albarn. La fórmula se repite con el repertorio de Everyday Robots, su flamante debut en solitario: lo que en estudio suena a ideas mínimas con economía de sonidos, en vivo gana en texturas, como lo demuestra el tándem de "You and Me" y "Hollow Ponds".
La búsqueda de Albarn de su propia identidad artística comenzó cuando Blur perdió la batalla por el cetro del britpop frente a Oasis a mediados de los noventa. Agotados los recursos del Gran Cancionero Británico, el cantante decidió volverse un ciudadano del mundo que coqueteó con la música africana (Mali, Marruecos, Nigeria) y la puso en diálogo con la banda de sonido de los centros urbanos occidentales. El resultado final no suena a oportunismo antropológico, sino a un punto de contacto, un ida y vuelta cultural en donde es tan válido ser londinense como habitante de Lagos.
Con el énfasis puesto en sus proyectos paralelos (una extensa versión de "Clint Eastwood" sostenida por el flow de M.anifest, un MC de Ghana, coronó los bises) y su debut en solitario ("Mr. Tembo" y "Heavy Seas of Love", enriquecidas con un coro góspel), Albarn dejó el menor espacio posible para la banda con la que se hizo conocido. "Out of Time" y "End of a Century" tuvieron sendas interpretaciones intimistas a piano y voz, y fueron las únicas visitas a esas páginas junto con "All Your Life", un ignoto lado B de la época del disco homónimo de Blur, de 1997. La cantidad puede parecer escasa, pero tiene sentido. En todos sus otros emprendimientos, Albarn fue tanto artífice como también principal motor creativo y denominador común. Ahora, por primera vez en muchos años, es el único protagonista de su propia historia.
Por Joaquín Vismara
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