Daniel Melero mira el futuro sin cortar los cables del pasado
Uno de los pocos artistas que siguen pensando el rock como forma de arte puro recrea en vivo Travesti, su disco icónico de los 90; cree que el trap no es algo disruptivo
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Siempre hubo, y hay, ideas sosteniendo los discos de Daniel Melero. Y Travesti no es la excepción. En la época en la que apareció este disco -hace exactamente veinticinco años, un aniversario que el músico celebrará el próximo 16 con un concierto en el ND Ateneo- Melero estaba entusiasmado con La transparencia del mal (Ensayo sobre los fenómenos extremos), un libro del filósofo francés Jean Baudrillard en el que aparecían algunas definiciones que inspiraron el concepto general de ese trabajo. "Todos somos transexuales. De la misma manera que somos potenciales mutantes biológicos, somos transexuales en potencia. Y ya no se trata de una cuestión biológica. Todos somos simbólicamente transexuales (...). De la misma manera que nos hemos convertido en transpolíticos -es decir, seres políticamente indiferentes e indiferenciados, andróginos y hermafroditas-, hemos asumido, digerido y rechazado las ideologías más contradictorias llevando únicamente una máscara y transformándonos en nuestra mente, sin saberlo quizás, en travestis de la política", aventuraba Baudrillard en esos años.
"Además de esos textos de Baudrillard, yo también tenía muy presente cierta música de los inicios del rock argentino que me gustaba mucho: 'El parque', una canción de Luis Alberto Spinetta grabada por Billy Bond y la Pesada, y 'Génesis', de Vox Dei, por ejemplo. Pensé en hacer un disco de glam suburbano. Creo que, con el paso del tiempo, es un material que puede seguir reinterpretándose porque sigue vivo", dice.
Justamente eso, reinterpretar, es lo que el propio Melero hará en el ND Ateneo, acompañado por una banda integrada por Yul Acri (teclados), Guillermo Rodríguez (guitarra), Robertino Franchignoni (guitarra y teclados), David Vera (bajo) y Paul Thielen (batería) con la que viene tocando hace ya un buen tiempo. El plan principal es la relectura contemporánea de los temas, sin ataduras ni reglas del todo fijas. Por eso el período de ensayos se limitó a un par de fines de semana y eliminó cualquier atisbo de control excesivo: "Nos juntamos a escuchar el disco, a tocar las canciones muy libremente, con guitarras acústicas y teclados. Todos las conocemos, pero ahora las volvimos a descubrir. Yo creo que ensayar mucho resta. No quiero que el show sea un ejercicio gimnástico. Será un evento único, con sus cualidades y hasta con la mácula de sus defectos", explica el experimentado artista.
Grabado entre septiembre de 1993 y abril de 1994 en dos estudios diferentes (Moebio e Incierto), Travesti tuvo varios invitados: Uma-T (o Diego Tuñón, tecladista de Babasónicos con el que Melero está por editar un disco que produjeron muy lentamente, a lo largo de cinco años), Carlos Cutaia, Carca, Gabo Manelli (bajista de Babasónicos, fallecido en 2008), Diego Fosser (Suárez) y Carola Bony.
Alejandro Ros se hizo cargo del arte de tapa original, y el periodista Pablo Schanton de la selección de textos impresa en un delicado booklet que incluía un par de hojas de papel manteca. La foto del productor ejecutivo del álbum (Víctor Ponieman) que aparecía en la tapa será reemplazada en la edición limitada en vinilo que se venderá en el show del 16 por una del propio Melero. También se incluirán ahora las letras de los once temas.
"Yo veo este concierto como un evento más dentro del marco general de todas las cosas que estoy haciendo, que son muchas -señala Melero-: el disco con Tuñón, unas charlas sobre ciencia y filosofía atravesadas por el humor que di hace poco en México, un proyecto que tengo con Nahuel Berneri, la figura más importante de la escena local de los 8 bits, un pibe que toca con un controlador de PlayStation, una tablet y un montón de pantallas táctiles... Con él uso el primer sintetizador que compré, un armatoste muy simpático, y hacemos una música cargada de violencia, algo que en mi obra siempre estuvo muy controlado. Es mi repertorio, pero montado sobre un andamiaje retrofuturista. Son muchas cosas, y todas diferentes".
Cuando Melero editó Travesti, el panorama del rock argentino era colorido. Ese año salieron discos muy diferentes: La hija de la lágrima de Charly García, Trance Zomba de Babasónicos, Valentín Alsina de 2 minutos, Víctimas del vaciamiento de Hermética, Ay ay ay de Los Piojos... "Igual, yo siempre viví en un paisaje personal, en una construcción propia -dice él-. Yo veía un ambiente lleno de ideas nuevas porque estaba comprometido con la producción de unos cuantos discos de lo que se conoció como rock sónico. Y también había crecido mucho el rock barrial, aunque para mí gusto es Babasónicos la banda que mejor representa esa década, más allá de qué fue masivo y qué no".
Emergente obvio de la cultura rock, Melero sostiene que la discusión sobre su crisis como estandarte de la época pertenece al territorio del mercado: "Si el rock está muerto o no, les importa más que nada a los que lo ven como un negocio. A mí me parece que el rock promovió una serie de cambios que géneros que aparecieron ahora como el trap no promueven. Al trap le falta violencia, es una música muy liviana que refleja el sistema de vida actual. El concepto de cambio no está incluido en el trap, y tampoco en la mayor parte de los que hacen rock hoy por hoy. Por otra parte, sigue habiendo cosas por descubrir en el rock, como las sigue habiendo en la obra de Bill Evans, un artista muy catalogado que sin embargo eligió caminos que casi ningún jazzero escogió después. Lo que está muerto del rock es el tipo que hace un solo virtuoso de guitarra con una luz enfocada únicamente en él, eso es un producto nostálgico", considera.
Para el autor de canciones inoxidables de la música pop argentina como "Orbitando" (Los Encargados), "Trátame suavemente" (versionada por Soda Stereo) y "Quiero estar entre tus cosas", el encuentro inicial con los pioneros del rock argentino fue una clave para la configuración de su propia sensibilidad: "Para mí significó mucho ver a Spinetta en Almendra cuando tenía 12 años. Mi vida cambió a partir de eso, no es que siguió por el mismo cauce. Con Los Gatos también me pasó eso. Conocer la obra de esos artistas me desvió del proyecto familiar, que era del tipo 'M'hijo el dotor'. Encontré ahí la ilusión de una forma de vida que de alguna manera todavía me sostiene. Veo poca curiosidad por revisar un pasado que para mí es muy valioso. Por eso también me interesa volver a Travesti", sintetiza.
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