Daniel y Julián Marcove, padre e hijo comparten la pasión por el teatro
Uno es un director prestigioso que suele abordar obras de Pacho O’Donnell y Mario Diament; el otro es un actor que va ganando prestigio
8 minutos de lectura'
Dos sillas de un restaurante que funcionan como la cama para un niño de padres artistas. Así podría condensarse la imagen nítida y clara de cómo fue la infancia del actor, director y dramaturgo Julián Marcove y su padre, el prestigioso director, Daniel Marcove que decidieron participar de la primera nota juntos para LA NACION.
Daniel Marcove tiene una trayectoria inmensa. La comenzó en 1976 cuando participó del elenco de Despertar de primavera. “En ese año empecé a estudiar con Hedy Crilla y a la semana me dijo que quería hablar conmigo, yo estaba seguro que era para echarme porque para mí ser actor en aquel momento era imposible. Había que ser como Alcón, como Bebán. Y no, la inolvidable Crilla en esa segunda clase me dijo que iba a codirigir una obra con Agustín Alezzo y, a las dos semanas de haber empezado a estudiar teatro, ya estaba ensayando. Se estrenó el 27 de septiembre de 1976, se cumplen 45 años, pero es el día de mi cumpleaños. En aquel momento era un dato anecdótico pero se volvió muy importante”, cuenta Daniel con la sonrisa que lo caracteriza.
Con esa obra daría el puntapié de lo que sería su pasión y su oficio: el teatro que llegó a su vida casi de casualidad, o como sucede en la inmensa mayoría de las veces, por amor. Daniel estaba de novio con una coreuta y varias veces por semana debía esperarla hasta tarde que saliera de las funciones. ¿Qué hacer en la espera? Un taller de teatro. Así llegó entonces lo que sería su profesión, primero como actor y luego como director consolidado. Desde aquel año hasta hoy ha participado en más de 150 proyectos. Fue dirigido por Hedy Crilla, Agustín Alezzo, Jaime Kogan, Roberto Villanueva, y un etcétera tan inmenso que da pena dejar nombres afuera. Como director estrenó obras de Roberto Cossa, Carlos Gorostiza, y en estos últimos años entabló una fuerte sociedad creativa con los escritores Mario Diament y Pacho O’ Donnell. Actualmente, se encuentra dirigiendo El fixer, de Diament; y hace poco estrenó Un papel en el viento, de O´Donnell, ambas en El Tinglado.
También dirigió A la izquierda del roble, la obra que recuerda a Mario Benedetti, con Alejandra Darín, el propio Pacho O’Donnell, Marcelo Balsells y Sergio Vainikoff que se estrenó en 2018 y pronto volverá.
Por su parte, Julián Marcove, heredó el oficio desde siempre porque su primer papel fue a los tres años, y avanza a paso firme como actor, director y dramaturgo. “Mi debut fue a los tres años en la sala Casacuberta del Teatro San Martín. Mi mamá (la actriz Alejandra Colunga) estaba haciendo una obra ahí y yo iba muchísimo a los ensayos, el director era Francisco Javier, una persona muy amorosa, y la obra terminaba con una coreografía en la que entraban todos los actores y seguían las órdenes de una especie de profesor. Por esos días yo había actuado en el jardín de infantes y tenía mi vestuario que era muy parecido al de los actores y le dije a mi mamá: ‘yo sabo hacer esto’. Se lo dijo a Francisco Javier y en la última función me permitió subir a escena”. Luego se consolidó a los 9 años como actor en la obra Alma en pena, al mando de Alejandra Boero, en el Teatro Nacional Cervantes, durante una temporada. Rememora, Julián, que si bien se lo tomó con mucha responsabilidad era, para él, una actividad muy natural el estar arriba del escenario. “Como estar en casa”, agrega.
Julián es unos de los autores de la obra Luz testigo, dirigida por Javier Daulte, propuesta que se compone de cinco pequeñas obras, en Espacio Callejón. “Mi obra se llama Mientras miro la heladera te extraño, con Ramiro Delgado y Lu Grasso. La escribí el año pasado y lo que hice fue tomar los conceptos de protocolos, distanciamiento, interrumpidos escénicamente por un personaje; de alguna manera la distancia entre el espectador y el actor se rompe. La gente se muere de risa”, cuenta“.
Pero hay más, actualmente dirige y escribe Desperfectos, con Fernando De Rosa y Federico Ottone, los miércoles en Nün Teatro. “La situación en Desperfectos mágicamente, remite a esta situación de pandemia pero es un material que lo escribí previamente. Cuenta el encierro sorpresivo de dos vecinos desconocidos dentro de un ascensor. Nos sorprende la actualidad que tiene en relación al momento que estamos viviendo pero no fue algo buscado. De todas maneras, creo que toda obra hoy se resignifica y que el teatro siempre, de una forma u otra, habla de su tiempo y es inevitable que todo nos rebote a esta época”, cuenta Julián que, a diferencia del padre, se animó a dar el salto a la dramaturgia y Daniel no puede dejar de admirarlo.
“Nunca me atreví a escribir una obra. He estudiado dramaturgia y lo he intentado, pero no se me ocurre nada que no sea autorreferencial. Y debo decir, con pudor, que me sorprende mucho el autor que anida adentro de Julián, de una estética y una originalidad, con una mixtura entre lo sensible, lo emotivo, el humor, la palabra. Me sorprendo no ya como padre, que sin dudas lo soy, sino también como hombre de teatro y lo estimulo mucho para que siga en ese camino porque es un dramaturgo de un nivel exquisito y muy particular. Siempre los hijos sorprenden. Julián empezó como actor, luego apareció el autor y finalmente el director. En ese animal completo de teatro estoy muy sorprendido y orgulloso”, agrega Daniel y asegura que el actor que fue durante mucho tiempo lo abandonó a él pero quisiera volver a las tablas. Y ese deseo se convierte en un guiño hacia Julián para ver si lo convoca como actor. Daniel sí lo dirigió a Julián, por ejemplo en Franz y Albert, la obra que escribió Mario Diament sobre el día en que Kafka y Einstein se conocieron, muy jóvenes ambos. Ni el primero había escrito La metamorfosis ni el segundo su Teoría de la Relatividad. “Empecé a buscar a los dos actores –cuenta Daniel–, a hacer audiciones y no los encontraba. En un momento le dije a Julián que haga una audición y me encantó. Llamé a Mario, con el que además tenemos una amistad, y le dije: ‘me parece que Julián puede ser Einstein’. Me contestó: ‘Todo padre cree que su hijo puede ser Einstein’. Pero finalmente lo vio y quedó encantado”. De hecho, por ese trabajo Julián Marcove ganó premios importantísimos como el María Guerrero y el Luisa Vehil.
Otro encuentro ficcional escrito por Diament y dirigido por Daniel Marcove es El fixer, que puede verse los sábados, a las 20, en el Tinglado. “Se trata del encuentro de un tipo enigmático, que pertenece a los servicios de inteligencia, con un periodista en Miami”, cuenta Daniel sin avanzar demasiado en la trama porque el final es muy revelador y toca temas actuales de la Argentina, hechos policiales y políticos.
Felices porque este encuentro les permite una vez más hablar del teatro, tema recurrente en sus conversaciones, “el otro día le decía a un actor que a Daniel Marcove es un director que sigo mucho, vi todas sus obras y más de una vez”, cuenta cariñosamente Julián y Daniel agrega con una felicidad que no puede ocultar que lo mejor que le pasó en este tiempo, sin embargo, es que durante la pandemia se convirtió en abuelo porque Julián fue papá de Río. Y también contentos porque están de nuevo sobre las tablas, “estamos floreciendo, es una celebración, como un despertar de primavera”, dice Julián y Daniel agrega: “el teatro es un rito maravilloso y muy saludable, da vida, salud, alegría, emoción, reflexión. Más que nunca merece el grito de ‘viva el teatro’ porque es un territorio de apasionados, no es un territorio de especuladores. Por eso, amén de todos los avatares en contra, el teatro sobrevive a todos los tiempos. Y va a vencer cualquier tecnología, cualquier plaga porque es un rito necesario para la condición humano. Sin dudas este tiempo es un antes y un después, el comienzo de una nueva era”.
Para agendar:
El fixer, los sábados, a las 20, en El Tinglado (Mario Bravo 948)
Luz testigo, los miércoles, a las 20.30, en Espacio Callejón (Humahuaca 3759)
Desperfectos, los miércoles, a las 21, en Nün (Juan Ramírez de Velazco 419)
Un papel en el viento, los jueves, a las 20, en El Tinglado (Mario Bravo 948)
- 1
Adiós al maestro de música: a los 85 años, murió José van Dam
2Matteo Bocelli: cómo prepara su debut en la Argentina, por qué canta en español y el consejo de su padre famoso
3El thriller alemán de seis episodios que está en Netflix y se convirtió en un fenómeno global
4Cuándo es la final de MasterChef Celebrity




