Argentinos en Marsella: dos cuerpos, un alma y la conservación de un legado con estatus de leyenda
De la mano de la maestra Estela Erman, dos destacados bailarines del Teatro Colón participarán este fin de semana de una gala internacional en homenaje a las glorias de la danza en la ciudad más antigua de Francia
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Cuando Matías Santos y Eliana Figueroa entran en el salón, con sus mallas claras, listos para dejar todo en el último ensayo antes de viajar a Marsella –en cuyo teatro de la ópera se presentarán este fin de semana–, de alguna manera ingresan también en otra dimensión. Estela Erman (larga melena blanca, ojos claros, un legado en el cuerpo) los guía a través de una meditación de varios minutos. Entonces, sentados en el piso, con los ojos cerrados, buscan “iluminar cada vértebra”, “eliminar la tensión en la exhalación”, “acceder a los mundos sutiles de la creación”, según les va dictando la voz de la maestra. Desde que en junio pasado se encontraron para participar en este proyecto –bailar en la ciudad más antigua de Francia un homenaje dedicado a sus glorias de la danza–, ellos están abiertos, dispuestos, a hacer un trabajo diferente del que todos los días, desde hace muchos años, realizan en el Ballet Estable del Teatro Colón. Y por eso es un desafío también. “Son dos cuerpos y un alma que se entrelazan y diseñan su forma en un espacio infinito”, les pide así que se visualicen. Y, a la vez, una invitación noble, amable, que se retribuye: “Hemos recorrido este camino de conocimiento juntos con toda humildad, este camino en un arte sublime que es la danza”, cierra Erman la pasada final en Buenos Aires, y después de un abrazo estrecho les propone un brindis. Como obsequio, entrega unos dibujos del tamaño de una tarjeta postal, con figuras esculturales. Llevan una firma al pie: la del coreógrafo Joseph Lazzini.
No es difícil que el tiempo se detenga en este espacio, con el verde de Parque Leloir y el sol del mediodía entrando por una gran puerta ventana. ¿Qué hora es cuando dan los primeros pasos de Appel (Llamada, sería el título, en español), uno de los dúos que interpretarán este sábado y domingo en la gala Marsella baila a sus leyendas? ¿Y cuánto tiempo habrá pasado cuando terminen de mostrar a esta platea exclusiva (la pequeña hija de Eliana, el hermano de Matías, dos discípulas de Estela, la coreógrafa, una cronista y un fotógrafo de LA NACION), el segundo pas de deux, también con música de Gustav Mahler, Cantadagio? Los últimos catorce minutos dan cuenta de un completo tour de force y, al mismo tiempo, de escenas de una intimidad cautivante.
“Me fui del Instituto del Teatro Colón a los 17 años, detrás de la excelencia, a la Escuela del Bolshoi”, recapitula Erman, que hizo una importante trayectoria internacional hasta mediados de los 80, cuando regresó a la Argentina y desarrolló su propio método, basado en ejercicios espirituales (de allí que con frecuencia le digan: “tus bailarines levitan”). Aquellos tres años de juventud en Moscú para completar su formación se cumplieron en 1971, cuando ya decidida a quedarse en Europa se instaló en Italia. “Empecé a trabajar en diferentes grupos, conocí a Carla Fracci; hice giras con ella varias temporadas. Fue maravilloso”. Recuerda inolvidables funciones en la Arena de Verona, entre otros capítulos que “son para un libro”, no se cansan de sugerirle. Durante una conversación que hace las veces de breve preámbulo al ensayo, aparecerán rápidamente menciones a grandes figuras, de Maya Plisetskaya a Alicia Alonso y Fidel Castro, pasando por Jorge Donn: “Siempre decíamos que Béjart tenía a Jorge Donn y Lazzini a mí: los dos argentinos”.
Y retoma el hilo cronológico: “Más tarde llego hasta Patricia Neary, que tenía el Ballet de Geneve, como ‘una sede de Balanchine’, y me fui con ella”, comenta sobre esta otra mujer que aún hoy signfica una institución para la transmisión del legado de una figura de la talla de Mr. B. Sin embargo, es cuando Erman sale a ampliar sus horizontes y busca abrirse al repertorio de una compañía de ballet clásico que recala en Charleroi, Bélgica, y conoce a Joseph Lazzini, quien estaba de visita para preparar un Cascanueces con el que salen de gira con Ekaterina Maximova y Vladimir Vasiliev en calidad de estrellas invitadas. “Yo ya era solista cuando él remonta para mí su Cantadagio. Sería 1974 aproximadamente –calcula–. Fue conocerlo y decir: ‘es esto’. De manera que cuando él se va a París yo me voy con él y por casi diez años recorremos el mundo”.
“Heredera de su obra coreográfica”, Erman cuenta con una autorización expresa para montar los pas de deux de Lazzini. Y así lo hace desde que regresó al país, en 1985, y bailó con Raúl Candal, en el Teatro Colón, estos mismos dúos que cuatro décadas después Matías Santos y Eliana Figueroa reactualizan en las dos funciones que los llevan hasta la Ópera de Marsella. “Por entonces, yo quería bailar con un argentino, dar la oportunidad para que conozcan estos trabajos, y Raúl me acompañó maravillosamente. Ahora, cuando me hacen esta propuesta y Jean Charles Gil (maravilloso bailarín de esa época y primer bailarín de Roland Petit, que también era de los favoritos de Joseph) me pide que vaya a montarlos con bailarines franceses, yo digo, nuevamente, ‘no, me gustaría darle la posibilidad a bailarines argentinos’”.
Corre por cuenta de Martín Miranda, exbailarín y maestro del Teatro Colón, la responsabilidad –o el buen ojo– de haber oficiado de nexo para que las tres partes de esta fórmula se junten. Ella, en su rol de “embajadora” –por mucho tiempo promovió el intercambio de artistas locales a través de instituciones galas–, presentará una vez más talento argentino en la ciudad de Marius Petipa y Maurice Béjart, que junto con Lazzini, son los tres protagonistas del tributo a las leyendas.
En este sentido, una grata coincidencia la sorprendió el primer día que se (re)encontraron con Figueroa: le costó reconocer a la chica que en el umbral del nuevo milenio había llevado a Francia. “Al año siguiente que me vine de Salta para estudiar en el Colón, me comentan que había una maestra que llevaba a grupos de bailarinas a concursos -recuerda Eliana, mientras Estela se entusiasma con la reincidencia: ‘¡Esto que pasó con ella es mágico’-. En ese momento pude conocer la técnica tan especial que la caracteriza, resultado de tantos años con Lazzini; ese estilo tan plástico, de líneas largas, piernas altas, que a su vez tiene una potencia e intensidad interpretativa tan interesante". Y cierra con una anécdota: “Cuando viajamos, nos llevó a conocer al coreógrafo, así que tengo una foto con Lazzini a mis 14 años”.
Matías Santos, artista talentoso y maduro, que viene de un gran 2025 con el Ballet Estable –tanto en roles de carácter (Don Quijote, Drosselmeyer) como en piezas físicamente exigentes y lenguajes más contemporáneas, como After the Rain, de Christopher Wheeldon–, se entusiasma al advertir que esta clase de desafíos llegan para extender los horizontes de una carrera de más de dos décadas en la compañía más importante del país. En este caso, él repara especialmente en el lado espiritual, en el trabajo en estudio, pero además en la asimilación del “estilo lazziniano, un neoclásico que se expande, con una técnica que te permite entrar en un mundo nuevo”.
Erman trata de especificar qué es lo que la distingue: “No es una coreografía que muestro y ellos la hacen, es una meditación en movimiento, dos almas que se unen, algo muy especial. Los chicos lo hacen maravillosamente, han captado la esencia y me siento tan feliz que me los hayan presentado, porque no solamente son bailarines con un potencial muy grande sino muy abiertos de alma, de espíritu y de mente. Nos conocimos en invierno, empezamos de a poquito (porque están muy comprometidos con el teatro) y llegamos hasta acá. Como me gusta decirles, nosotros vamos en misión, tenemos que llegar al corazón del público con algo diferente. Y ellos lo logran”.
La pareja de argentinos abrirá el 24 y 25 de este mes la gala Marsella baila a sus leyendas con Appel y hará Cantadagio -una obra que el público porteño puede recordar también en la interpretación de Ludmila Pagliero, en el Teatro Coliseo- en el centro de un programa estelar que incluye varias piezas (Liebe und Tod, Bhakti III y El soldado enamorado) de Béjart, por solistas del Ballet Lausanne. Mientras tanto, los fragmentos seleccionados para recordar a Petipa, los pas de deux del II y III acto de El lago de los cisnes, correrán por cuenta de Iana Salenko y Kalle Wigle, de la Ópera de Berlín, y Dorothée Gilbert y Guillaume Diop, de la Ópera de París, presentarán los dúos de La bella durmiente y La bayadera.
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