El Ballet Contemporáneo es mar, náufrago y bruja en una proverbial Tempestad

Una escena de la obra de Wainrot, que hoy, mañana y el domingo, a las 20, presenta sus últimas funciones
Una escena de la obra de Wainrot, que hoy, mañana y el domingo, a las 20, presenta sus últimas funciones Crédito: Carlos Furman
Laura Chertkoff
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14 de diciembre de 2018  • 15:49

La Tempestad. Nuestra opinión: Muy bueno. Coreografía: Mauricio Wainrot con reposición coreográfica de Andrea Chinetti y Miguel Ángel Elías. Música: Phillip Glass. Diseño de vestuario y escenografía: Carlos Gallardo, con reposición de Analía Morales. Diseño de Iluminación: Eli Sirlin con reposición de Alberto Lemme. Por el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. Últimas funciones: hoy, mañana y el domingo, a las 20, en Corrientes 1530.

Civilización o barbarie. Próspero o Calibán. La obra original de William Shakespeare ha sido leída muchas veces como expresión del proceso colonialista británico. Escrita en el siglo XVII, el barroco atraviesa sus entrañas con la multitud de personajes. Con la hermosura de una tormenta perfecta.

Todos esos son elementos a los que Mauricio Wainrot es muy afín. Esta versión coreográfica abunda en personajes secundarios y escenas que les permiten interacciones, y el relato se disuelve en la belleza de los movimientos. La tormenta que para Shakespeare se encontraba en el inicio de la historia, aquí es demorada hacia el final del primer acto y la tempestad sucede en escena con la potencia esperable. Porque la verdad es que potencia nunca falta (tal vez algo de síntesis, sí).

Rubén Rodríguez encarna un Próspero que escribe, navega y teje relaciones; que nunca cede el poder, ni ante la tempestad.

La Tempestad, por el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín
La Tempestad, por el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín Crédito: Carlos Furman

El espíritu de Ariel, multiplicado por cuatro, acompaña a Próspero desde antes de su llegada a la isla del exilio. Sofía Menteguiaga sopla sobre los pensamientos como una musa. O tal vez una sirena que guía a los navegantes hacia el naufragio.

La compaginación musical de Gustavo Dvoskin permite que se combinen versiones de los siempre cinematográficos temas de Phillip Glass. A veces en arreglos orquestales y otras con el ascetismo del Kronos Quartet. Wainrot utiliza esos matices de manera orgánica: cuando la música se pone expansiva, hay un correlato escénico.

Sol Rourich y Matías Iaconianni enternecen en un cálido dúo de amor y reencuentro que podría volverse un pas de deux habitual en el circuito de las galas que incluyen danza contemporánea.

Paula Ferraris representa una Sycorax rapaz y el Calibán de Adriel Ballatore Crosa lo conecta con un lenguaje de movimientos primitivos.

El duó dionisíaco de Trínculo y Esteban, en los cuerpos de Damián Sabán y Darcio Gonçalez se despega asombrosamente de la melancolía apolínea de las coreografías de Wainrot y también se vuelve imaginable en otros contextos.

La compañía en su totalidad responde con su proverbial capacidad de adaptación a los lenguajes de cada coreógrafo. Además de los abundantes personajes secundarios, el coro preponderantemente femenino puede tomar la forma del mar, la corte, la tempestad del título. Pueden ser náufragos o brujas. Siempre eficaces.

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