Exactitud, sincronía y gracia: el cuerpo de baile se convirtió en el gran protagonista del Lago
El Ballet Estable del Teatro Colón presenta una versión del título clásico en el que, sobre todo, se destacan los actos blancos y los roles solistas
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El lago de los cisnes. Ballet en dos actos y cuatro actos. Música: Piotr Ilich Chaikovski. Coreografía: Raúl Candal basada en la versión de Marius Petipa y Lev Ivanov. Por el Ballet Estable del Teatro Colón. Director: Julio Bocca. Diseño de escenografía: Christian Prego. Diseño de vestuario: Aníbal Lápiz. Diseño de iluminación: Rubén Conde. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dirección musical: Nicolette Fraillon. En el Teatro Colón hasta el 22 de marzo. Entradas agotadas.
Nuestra opinión: Bueno
Hemos sido invitados a una fiesta: el Príncipe Sigfrido cumple años y asisten miembros de la corte y gente de la aldea. El entorno dorado creado por la escenografía de Christian Prego es el marco adecuado para una celebración llena de cajas con regalos y muchas personas con ganas de bailar. Entre ellos Benno, el amigo del príncipe, interpretado por Facundo Luqui, centro del tradicional Pas de trois del primer acto. Un trío cándido y lúdico que se vuelve cuarteto en algunas variaciones, ya que el bufón de la corte interrumpe, interviene y reclama atención permanente desde todos los rincones del escenario.
Encarnado por Yosmer Carreño, el bufón se convierte entonces en el alivio cómico de la trama de El lago de los cisnes y, a la vez, el suyo es un alivio “alado”: el rol asume la demanda de ligereza, saltos y piruetas. Al contrario, el Príncipe Sigfrido debe moverse con aplomo y dramatismo; esto se evidencia aún más en un inusual solo con sus pensamientos. El primer bailarín invitado del Ballet de Santiago (Chile) Emmanuel Vázquez participa con corrección, acompañando sólidamente a Ayelén Sánchez en el doble rol de Odette y Odile. Sánchez, que ha brillado en otras versiones del Lago de los Cisnes, aquí se ve algo apagada en los dos extremos: la coreografía no le permite ir de la desesperación y el peso del destino que le confiere el maleficio que la encerró en el cuerpo de un ave al inevitable costado pícaro y coqueto del Cisne Negro impostor. Sin embargo, la bailarina continúa fascinando con su gracilidad en el aleteo.
La coreografía de Raúl Candal, creada en 2007 en ocasión de la despedida de Julio Bocca en el Luna Park (que también integra el repertorio el Ballet del Sodre, Uruguay) contiene un prólogo donde una joven es hechizada por el brujo Von Rothbart que la convierte en la reina de los cisnes. A diferencia de otras versiones donde la reina protege a su bandada con un instinto maternal aquí parecen convivir en la orilla del lado más por geografía, que por un destino trágico.
Uno de los momentos más celebrados por el público, por la saludable combinación de exactitud y gracia, fue la danza de los Cuatro cisnes, interpretada por Yoshino Horita, Caterina Stutz, Stephanie Kessel y Magdalena Cortés. Los actos blancos cumplen la expectativa de la audiencia que busca en el ballet una representación etérea e imponente, porque los cisnes deslumbran con su multitud sincrónica y el realismo zoomórfico de su aleteo. Esto demuestra cuánto ha crecido el Ballet Estable del Teatro Colón en su trabajo como cuerpo de baile. Lo mismo sucede con las danzas sociales del segundo acto: el conjunto se luce en la mazurka, las czardas, danzas españolas y napolitanas.
Un párrafo aparte merece David Juárez como el brujo Von Rothbart. Su majestuosidad y villanía se refuerzan con un sólido manejo de las capas diseñadas por Aníbal Lápiz. No se trata de un detalle del vestuario, es una real extensión del personaje.
El estreno se convirtió en un inicio auspicioso de la temporada 2026, que comenzó agotando las localidades para sus once funciones. También es el inicio de una nueva modalidad, la venta del programa de mano físico. El reparto impreso no coincidía anoche con el que actuaba en el escenario y el código QR de la tarjeta que recibe el público de manera gratuita, para escanear, conducía a la misma información errónea. Aunque en la página web del Teatro Colón la descripción era la correcta, la imprecisión podría haberse resuelto con la habitual locución para aclarar el cambio de artistas, sobre todo en roles protagónicos.
Raúl Candal, que fue un bailarín estrella de esta compañía y respetado maestro de muchas generaciones, ha creado un Lago de los Cisnes que es una carta de amor al ballet, a los cuerpos estables, a los roles secundarios. La elección de su creación para para esta temporada ha sido una apuesta acertada.
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