
“Futuriados”: una palabra inventada para nombrar a las promesas de la danza que se forman en el mundo
Talentosos bailarines argentinos vuelven a encontrarse en la gala “Repatriados”, que en su tercera edición le dedica un segmento a los más jóvenes, que se forman en prestigiosas escuelas de ballet de Europa y Estados Unidos
10 minutos de lectura'

Tienen menos de 18 años, son argentinos y están en el país apenas por unas semanas, mientras las vacaciones en sus escuelas de ballet les permite librarse del caluroso verano en el hemisferio norte. En Londres, Hamburgo, Mónaco, Nápoles y Nueva York, todavía se están formando; llegaron lejos detrás de un sueño que vienen persiguiendo desde muy pequeños en sus provincias. Y aunque hasta hace solo unos días muchos no se conocían entre sí, coincidirán los siete este fin de semana en el escenario del Auditorio Nacional del Palacio Libertad, reunidos bajo un solo nombre, el de “Futuriados”, dentro de un espectáculo mayor, Repatriados, que supo instalarse en el calendario cultural y ya va por su tercer año consecutivo, con dirección de Patricio Di Stabile. Leonel, Delfina, Mia, Jeremías, Elena, Jazmín y Santino son verdaderas promesas de la danza argentina. De alguna forma, para ellos –como decía un poeta del rock nacional- el futuro ya llegó.
Sentados en el piso de la Cúpula vidriada, que deja entrar una privilegiada vista panorámica del centro porteño, la chispa de la risa de uno enciende la del otro y, así, por un largo rato, se contagian el entusiasmo y conversan sobre cómo llegaron hasta acá (o hasta allá). Un mapamundi imaginario no para de dar vueltas mientras hablan de los certámenes internacionales en los que se probaron y que les fueron abriendo las puertas. En casi una hora de charla, no mencionan la palabra sacrificio ni ponen la lupa en la exigencia de sus rutinas, evitan esos lugares comunes; en cambio, comparten sus anhelos y se muestran abiertos a lo que la experiencia les vaya dictando. El primer objetivo de sus carreras, formarse en el exterior, ya pueden tildarlo de sus wish lists. Tienen muchas cosas en común, además del talento y la vocación temprana; una muy importante: el apoyo y la confianza de sus familias, pilares fundamentales para independizarse de tan chicos, a miles de kilómetros.
Con 14 años, Leonel “León” Galeppi López es el menor de la troupe, una promesa de la danza que después de probarse en consecutivos veranos en la Ópera de París dejará su casa de Quilmes (donde vive y estudia) para instalarse en Londres: la centenaria Royal Ballet School lo becó tras su desempeño, en mayo, en un concurso internacional, el Youth America Grand Prix. Si le preguntan por qué baila, él dirá que “es pura pasión”. Feliz con el nuevo rumbo, seguirá los pasos que ya transitaron Santino Herrera y Jazmín Arrieta, ambos de 18 y en la etapa final de su recorrido en Convent Garden, donde un simbólico puente une los edificios donde asisten los estudiantes de los profesionales. A propósito, ella –nacida en Pergamino y formada en Rosario, en septiembre comenzará el último año de formación– acaba de debutar en el cuerpo de baile del Royal Ballet, nada menos que durante una gira a Japón, adonde llevaron Giselle. En su primera obra con la “selección mayor”, Jazmín hizo una de las Willis del segundo acto. “Fue una experiencia increíble, estar todo el día con la compañía, tomar clase con ellos, y a la noche bailar. Súper único”, cuenta menos sorprendida por la intensidad de un trabajo y respeto por el arte que bien conoce que por descubrir la vida cotidiana en Tokio. “Todo es muy prolijo allá, tan distinto; los colectivos llegan puntuales, no hay tachos de basuras en las calles. Y los japoneses son muy fans de las bailarinas, así que ni bien te ven con el rodete ya se acercan, aman todo esto”. Santino –que cuando regrese a Londres cursará el penúltimo año del upper school– sigue el relato de su compañera con atención y aporta el testimonio de su propio recorrido, que lo llevó de Salta a Carolina del Norte, a través de una beca en el Cary Ballet Conservatory, y mediante ese gran trampolín de oportunidades que es el Prix de Lausanne, luego consiguió la beca que le permitió ingresar en la Royal Ballet School.
En la conversación se da un intercambio poco habitual: sin proponérselo, los mayores le están mostrando a “Leoncito” un poco de lo que vendrá para él cuando llegue a Londres. “¡Esto es excepcional –se suma espontáneamente Elena Barbieri–, con lo difícil que es encontrar a alguien que te pueda guiar un poco! En general, pasa que aparecés en una ciudad nueva y estás un poco como perdido, tus papás quedaron lejos, se habla otro idioma, es otra cultura. Lo comentábamos en estos días, entre nosotros, que ojalá hubiéramos tenido una oportunidad como ahora le toca a él, alguien que nos dijera con qué íbamos a encontrarnos”. Formada en el mítico estudio de Olga Ferri, con Marisa Ferri, y en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISA), Elena alcanzó también la mayoría de edad y cuando regrese el mes próximo al Teatro San Carlos de Nápoles estará en el umbral de su vida profesional.
En cambio, con solo 15, Delfina Martín Reinas está en el kilómetro cero de su recorrido internacional: es parte del grupo de estudiantes del ISA al que recientemente Julio Bocca presentó en sociedad, justamente por el reconocimiento y el privilegio de haber obtenido becas en el exterior. ¿Su destino? A fin de mes vuela a Nueva York para sumarse a la escuela del American Ballet Theatre (ABT). Será su primera vez en la Gran Manzana, tiene todo por descubrir.
En ese mismo video, grabado en el marco del Salón Dorado y compartido en las redes sociales del Teatro Colón, aparecía también Jeremías Azvalinsky, de 17 años, que ya hizo toda una primera temporada en la academia de danzas Princess Grace de Mónaco. La sonrisa, fresca y grande, no lo abandona en ningún momento cuando reseña su historia: a los dos o tres años caminaba en puntitas de pie, pero a los siete –orientado por una maestra de acrobacia en tela– comenzó a estudiar “oficialmente” ballet en su provincia, Santa Fe. En la familia todos lo alentaron desde el principio, pero especialmente hubo alguien que apostó fuerte por su futuro en la cultura: un abuelo tanguero que le ponía el “Vals de las flores”, de Tchaikovsky, y Jeremías, entonces, no paraba de bailar.
A Mia Parmigiano –que como León y Elena, ya estuvo entre los “Futuriados” de Repatriados 2025-, el destino la llevó hasta Alemania. “De chica ya soñaba con Europa”, confiesa. Después de cuatro años en el Instituto del Colón, ahora se forma en la escuela del Ballet de Hamburgo, el mismo semillero donde recientemente se graduaron Azul Ardizzone y, este año, Guillermo Rolutti (quien partirá pronto a Rusia a hacer un perfeccionamiento en la Academia Vaganova). Una gran carrera profesional en la compañía de Hamburgo lleva hecha el primer bailarín argentino Matías Oberlin, que al mismo tiempo que los chicos hacen esta entrevista con LA NACION ensaya con Emiliano Torres en una sala vecina un dúo del gran John Neumeier, con música de Leonard Bernstein, que interpretarán en la gala del viernes.
¿Tiene esta generación un referente, alguien que con su trayectoria los guía e inspire para su futuro? “¿Lo decimos todos a la cuenta de tres?”, propone Elena al grupo y responden a coro los siete: “¡Marianela Núñez!” Entonces la conversación se llena de admiración y de observaciones sobre cómo la gran artista argentina, que lleva 28 años en el Royal Ballet, es capaz de expresarse con emoción en cada una de sus interpretaciones. “¡Eso es de nacimiento!”, “se ve natural”, arriesgan, y uno a uno van asintiendo. “No sé qué le corre por el cuerpo”, “¿Cómo hace? ¿No piensa en la técnica?”, “Supongo que todos acá diríamos sin dudar: ‘Quiero algún día ser como ella’”. Por supuesto, son conscientes de la disciplina y la dedicación real que conlleva alcanzar un nivel semejante: “Es muy trabajadora –puntualiza Jazmín Arrieta–; Marianela sale de un ensayo y entra en otro y otro y otro más, todo el día”. Y vuelven también a aparecer los nombres de Bocca (“La primera vez que vi ballet fue a Julio, en un video de YouTube, y dije que quería ser como él”, confiesa Jeremías), Paloma Herrera (como Elena, Delfina reconoce en ella una inspiración desde los comienzos) y también artistas de nuevas generaciones, por ejemplo, la rusa Maria Khoreva, cuyo nombre Mia aporta a la charla como ejemplo de una bailarina muy joven a quien admira. Quienes la hayan visto por aquí actuar en Caravaggio, con Roberto Bolle, seguro le darán la razón.
Tal vez estén en lo cierto cuando dicen que “un hilo invisible” los conecta. Di Stabile, quien los convocó para esta edición de Repatriados, creó la pieza “Futuriados” imaginándolos, antes que nada, como “destellos” de esa luz que ve reflejada en cada uno. “Son demasiado inspiradores, son hermosos, me llenan de alegría, tienen un potencial increíble y una pasión fuerte”, se explaya el bailarín y coreógrafo, también muy joven a sus 26 años y cada vez más volcado en su carrera a la coreografía, la producción y la dirección. Pensó: “si ellos son futuriados, esto sucede en una nave espacial”, y así se lo transmitió al compositor de la música, su amigo Luke Villemur, que empezó a mandarle tracks desde Los Ángeles. “Al irnos de nuestro país, nos sentimos a veces como de otro planeta”, se ríe y se sincera a la vez.
Más allá de las “promesas”, la gala Repatriados reencuentra como siempre a consagrados bailarines argentinos que representan al país en importantes compañías del mundo: detrás de la idea del proyecto, junto con Di Stabile, trabaja Lucas Erni, bailarín principal del Ballet Am Rhein de Düsseldorf, que con la invitada italiana Elisabeth Vincenti hará el segundo movimiento de Atmosphéres, obra contemporánea de Martin Chaix, y el clasiquísimo pas de deux La esmeralda, de Marius Petipa. Además del dúo antes mencionado, Matías Oberlin interpretará el adagio del segundo acto de El Corsario con Arielle Miralles, del Ballet Nacional de Canadá, en la que será su primera actuación en el país desde que se fue hace 24 años, a pocos meses de nacer (también mostrará un solo propio, The waiting room). Regresa de Lisboa para la ocasión también este año Bárbara Brigatti (Ballet Nacional de Portugal) con dos participaciones en el programa: Freedom unbound, de Edvin Revazov, con Emiliano Torres, y el pas de deux de La bella durmiente, con el bailarín del Teatro Colón Valentín Batista. Finalmente, desde Nueva York, Luciana París (ABT) y Jonathan Luján (artista independiente, actualmente invitado del Ballet de Vancouver) traerán un poco más de Christopher Wheeldon para esta Buenos Aires que recientemente quedó fascinada con su versión de Alicia en el país de las maravillas: el dúo This Bitter Earth.
Para agendar
Repatriados. Viernes 14 y sábado 15, a las 20, en el Palacio Libertad. Las entradas son gratuitas, con reserva previa desde 48 horas antes de cada función, en la web y de forma presencial en los mostradores de la planta baja, con ingreso por Sarmiento y Leandro N. Alem.


