Gustavo Mollajoli: Buenos Aires despide con un tango clásico al maestro de baile

Constanza Bertolini
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14 de marzo de 2019  

Bailarín, maestro, director de importantes compañías, coreógrafo y referente de una época destacada para el ballet en la Argentina, Gustavo Mollajoli murió ayer en la ciudad a la que le dedicó la obra de su vida: A Buenos Aires. Verdadera carta de presentación de su arte en el país y en el mundo, no hubo figura argentina que no le pusiera el cuerpo a ese dúo tanguero que estrenó en el Bolshoi Julio Bocca para el mítico concurso de Moscú que catapultó su carrera. Montada sobre la Primavera porteña, de Ástor Piazzolla, gran caballito de batalla, creó con ella una forma de ver el tango -esa música que siempre tanto le gustó- estilizada, a la medida de los intérpretes clásicos.

"Recuerdo muy bien cuando con Raquel [Rosetti] le pedimos que hiciera un dúo para nosotros, ya que en la segunda ronda de la competencia de Moscú incluían algo contemporáneo. Y queríamos bailar un tango -recuerda Julio Bocca en comunicación con LA NACION, sorprendido por la triste noticia-. Fue maravilloso porque tan buena resultó la conexión entre los tres que lo montó en dos días. Quién iba a pensar que ese tango luego se convertiría en un clásico de varios bailarines argentinos", expresó, transmitiendo asimismo su agradecimiento a "Gustavo, por dar todo tu amor y arte, y por compartirlo con nosotros".

Mollajoli, que había nacido en 1935 y se había formado con Jorge Tomín, integró el Ballet Estable del Teatro Colón entre 1958 y 1980, en el que fue primer bailarín y partenaire de figuras como Norma Fontenla y Olga Ferri, y manejó un registro amplió que fue desde El lago de los cisnes hasta La consagración de la primavera, de Oscar Araiz . Tras un breve bautismo como director de la compañía -en 1973-1974-, se desempeñó al frente del Estable entre 1984 y 1989.

Con Norma Fontenla, en sus años del Colón
Con Norma Fontenla, en sus años del Colón

A comienzos de los años 80 Mollajoli condujo también el Ballet de Dallas, fue maestro en diversas compañías en Brasil (se destaca su paso por el Grupo Corpo y el Teatro Municipal de Río de Janeiro) y pasó una temporada en Francia antes de regresar al país para asumir la dirección del Ballet del Teatro Argentino de La Plata (2005-2006), el mismo lugar donde había dado sus primeros pasos como bailarín profesional.

A propósito de su trayectoria internacional, el productor Juan Lavanga recordaba ayer, tras conocerse la triste noticia de su fallecimiento, una anécdota grandilocuente de cuando el coreógrafo montó su versión de Las mil y una noches en el desierto, por encargo del Sha de Irán. Era 1971. "Las celebraciones de la festividad de Persépolis fueron cuantiosas y fastuosas, con mandatarios y reyes de todo el mundo. Hasta hoy se recuerdan en Teherán las carpas que parecían departamentos lujosos", contaba a LA NACION con referencia al suceso que significó esa fiesta en las ruinas arqueológicas para celebrar los 2500 años del Imperio Persia.

Más allá del tango, al que revisitó en otras obras, Mollajoli hizo su propia versión de diferentes clásicos, como Coppelia, Giselle y Souvenir de Florence, entre otros. El trabajo en estos títulos vienen a la mente del bailarín Alejandro Parente, que el año pasado se retiró del Ballet del Teatro Colón, al que había ingresado justamente cuando a los 16 años entró al Estable como contratado. "Luego, una obra de Mollajoli montada sobre la Primavera porteña de Piazzolla habitaría tantas veces y durante décadas en mi carrera, creciendo continuamente y viviendo los matices que me revelarían las reverberancias de su alma. Así se me dio llegar a conocer mucho más de cerca al maestro", se expresaba ayer Parente.

De esos años de infancia provienen también los recuerdos de Paloma Herrera . "A Gustavo no lo conocí mucho, pero para mí fue muy importante porque a fines de los años 80 él estaba al frente de la compañía cuando yo hice de cupido principal. Desde ese lugar le tenía de admiración. Y hace no tanto, ya como directora del Colón, lo traté para pedirle si podíamos hacer su pas de deux para el programa de gira con la compañía, y fue muy amable y generoso conmigo".

En 1985, había sido nombrado socio honorario del Consejo Argentino de la Danza dependiente del Consejo Internacional de la UNESCO y Miembro permanente de la Asociación Iberoamericana de Especialistas en Ballet.

Deportista incluso antes que reconocido bailarín, por una ironía del destino hace cerca de dos años había perdido una pierna a raíz de una afección circulatoria. Su salud, desde entonces, comenzó a desmejorar. Murió en la madrugada de anteayer en la misma clínica porteña donde había sido internado ese mismo día.

El mundo de la danza lo recordará con cariño y el buen humor que lo caracterizaba.

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