Asomarse a un universo fascinante
David Lynch: The Art Life / (Estados Unidos-Dinamarca/2016) / Dirección: Jon Nguyen, Rick Barnes y Olivia Neergaard-Holm / Fotografia: Jason S. / Edición: Olivia Neergaard-Holm / Duración: 90' / Calificación: Apta para mayores de 13 años / En BAMA Cine Arte / Nuestra opinión: muy buena

Primero, una advertencia: David Lynch: The Art Life no es el típico documental en el que un director repasa su carrera, cuenta anécdotas y se exhiben fragmentos de sus películas. Quienes esperen un “grandes éxitos” del creador de Terciopelo azul saldrán decepcionados.
A pesar de eso (o quizá por eso), el film dirigido por los debutantes Jon Nguyen, Rick Barnes y Olivia Neergaard-Holm resulta un notable retrato de un artista tan multifacético (ha incursionado en cine y televisión, pero también en música, pintura y escultura) como enigmático.
La película se desarrolla principalmente en el taller personal de Lynch en Los Ángeles, donde lo vemos dibujar, pintar y esculpir sus obras, muchas veces acompañado por su pequeña y encantadora hija Lula Bogina. Está claro que el realizador de Corazón salvaje –único narrador del film– apoyó con todo este proyecto, ya que pocas veces se lo ha escuchado reconstruir con tanta sensibilidad su vida, haciendo gala además de una envidiable capacidad para recordar detalles insólitos de su primera infancia y admitir traumas de su adolescencia.
Lynch repasa su familia católica, el terror de su padre antes sus creaciones artísticas (“nunca tengas hijos”, le decía), su odio hacia todo tipo de escolarización, su bohemia, su amistad con el diseñador Jack Fisk y su pasión por el cómic, la música y lo fantástico. Esa memoria prodigiosa y su talento a la hora de contar historias nos permite sumergirnos en la intimidad y el genio creativo de uno de los artistas más influyentes de las últimas décadas. El septuagenario cineasta –que este año regresará con la nueva versión de Twin Peaks– puso a disposición de los directores buena parte de su archivo personal, que incluye homemovies, fotos familiares y películas de su época juvenil. En el terreno cinematográfico, la película –rodada durante tres años– llega hasta su debut con Cabeza borradora en 1977. Pero en la forma en que el artista abre su hogar y su corazón queda expuesto el oscuro universo personal que luego desarrollaría en sus largometrajes.
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