León Gieco
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En el camino
El legendario viaje de Gieco a través de la Argentina llega a formato "box set", con imágenes y material inédito.
Este documento sobre la música popular argentina (principalmente de raíz folclórica), tan valioso como irrepetible, es a la vez la historia de una epopeya quijotesca que, con el tiempo, ha adquirido proporciones casi míticas. De Ushuaia a La Quiaca (nombre que se convertiría en un símbolo) cumple 20 años, y el aniversario se conmemora con una reedición que hace justicia a la dimensión de la obra.
El trabajo que hizo León Gieco junto con músicos de diversos orígenes y un equipo de veinte personas, su recorrido por distintos pueblos y lugares de la Argentina con un estudio móvil de grabación, bajo la dirección y producción de Gustavo Santaolalla, se edita por primera vez en forma de box set. Cuatro cds que incluyen todas las grabaciones realizadas en aquel viaje, con dos bonus tracks inéditos hasta ahora: “Maturana”, interpretado por León en el campo de Cañada Rosquín –donde nació–, y “Brazo de guitarra”, cantada en un bosque de Tierra del Fuego. También se incluyen pistas multimedia con los videos de los dos temas mencionados, además de letras, fotos y testimonios.
El primer disco de De Ushuaia a La Quiaca fue registrado en estudio, con canciones de León que reconocen las influencias de los músicos folclóricos con los que venía trabajando, junto con un uso pionero de samplers y máquinas de ritmo (prefigurando lo que –por ejemplo– haría Moby quince años más tarde). Contiene temas que luego se convertirían en clásicos, como “Carito”, “Cola de amor” y “Don Sixto Palavecino”.
El trabajo musicológico de investigación y búsqueda, registrado en distintas locaciones del interior del país, abarca los cds 2, 3 y 4. Participan artistas que recorren un amplio marco estilístico: renovadores de la música folclórica (Leda Valladares, Gustavo “Cuchi” Leguizamón), leyendas regionales (Sixto Palavecino, Isaaco Abitbol, Cuarteto Leo), compositores contemporáneos (Isabel Parra, Peteco Carabajal), bagualeros del Norte (Gerónima Sequeida, Tomás Vázquez), bandas de sikuris (los Beteranos de Tilcara) y de instrumentos de viento (Banda de Monteros), entre otros. El singular método de grabación utilizado permite una integración única entre canto y paisaje, y algunos momentos alcanzan dimensión trascendente.
Son eventos que van desde lo estremecedor, como Sequeida y su “Baguala para mi muerte” (en las Ruinas de los indios Quilmes) o Leguizamón y su única versión conocida de “Maturana” (zamba de la que es autor), hasta lo festivo. En esta vertiente cuadran temas grabados junto al Cuarteto Leo en una “matiné bailable” en Oncativo (el rescate de la música de cuarteto como auténticamente representativa tuvo un carácter visionario), chacareras interpretadas en el monte de Atamisqui con Sixto y un supergrupo de músicos santiagueños, o los himnos del chamamé –otra música cuya revalorización tuvo a Gieco como pionero– “Kilómetro 11” y “La calandria”, con el virtuoso bandoneonista Abitbol.
La obra también tiene pasajes que lindan con lo experimental, con propuestas instigadas por Leda Valladares, que unen musicología y vanguardia. Es el caso del “Canto colectivo”, con 1.500 niños y cuarenta maestras de escuelas tucumanas que cantan bagualas y vidalas anónimas en el Anfiteatro de El Cadillal, y la “Baguala centrífuga”, que consiste en cuatro bagualas diferentes entonadas en forma simultánea, que reproducen el efecto que se genera naturalmente en las enramadas de los carnavales del Norte.
Y esto es sólo la punta del iceberg. También conmociona el impacto de Isabel Parra cuando canta con Gieco frente al Canal Beagle una canción de Violeta –madre de Isabel– que hacía referencia a los conflictos limítrofes entre Chile y la Argentina; el sonido profundo de los Beteranos de Tilcara soplando sus sikuris; o los bellísimos temas interpretados a dúo por León y Gustavo, entre ellos una vidala que este último había compuesto en épocas de Arco Iris, “El cardón”.
Gracias al minucioso trabajo de Santaolalla y a su obsesiva atención al detalle, la grabación –que incluye también los sonidos de la naturaleza y emplea conjuntamente el sistema estéreo y la holofonía– entrega un registro tan vívido y fiel que tiene la propiedad de transportar al oyente al momento y lugar de los hechos. Es un panorama tan complejo como apasionante de la riqueza, variedad y profundidad que conforman el mapa musical argentino, desconocido en muchos casos por sus propios habitantes (es decir, nosotros).
El vigésimo aniversario de De Ushuaia a La Quiaca es celebrado también con la reciente edición del libro homónimo por parte de Retina Editores, con fotografías de Alejandra Palacios y textos de Gieco y Santaolalla junto a este cronista.
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