
Del mito y el monte y de un violín santiagueño
Don Sixto según León Gieco y Peteco Carabajal
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El mito que se construye a partir de un ser humano suele empezar a edificarse desde la muerte de esa persona. Claro que esto no es regla. Puede suceder antes (de ahí lo de mito viviente) si hay ciertas condiciones dadas.
En su carácter de artista (compositor y modesto intérprete de violín), de nonagenario y de mecenas y protector nada menos que de una lengua americana ancestral, el quichua, don Sixto Palavecino fue mito viviente. Y ahora, tras las exequias realizadas en su provincia, su Santiago del Estero natal, pasa a ser mito, entendido esto desde la sencillez que se expresa en la tercera acepción del término que da la Real Academia Española: "Persona o cosa rodeada de extraordinaria estima".
Con otras palabras, del mito y del mito viviente hablaron, respectivamente, artistas como León Gieco y Peteco Carabajal.
Durante la cuarta edición del festival Músicas de Provincia -encuentro que se realizó hasta hace algunos años, organizado por el gobierno de la ciudad con el fin de traer la música del interior a Buenos Aires-, Gieco dijo acerca de Palavecino: "Nosotros somos realistas, él tiene los misterios".
El folklorista santiagueño Peteco Carabajal dijo luego de enterarse de la muerte del violinista de Salavina: "Don Sixto es considerado por todos nosotros el último maestro de linaje. El era el último que quedaba con vida. Con mi viejo [Carlos Carabajal] venían aguantando. Nos dejaron, de alguna forma, desprotegidos. Pero tendríamos que saber invocarlo cada vez que necesitemos ternura, sabiduría, criterio y conocimiento. Para saber sobre lo que hay que hacer artísticamente y lo que no hay que hacer. El, con su vida, ha entregado todo eso. En lo personal estoy triste, porque lo llegué a conocer íntimamente. Y él me reconoció con su amistad. Cuando falleció mi viejo, él estaba mal; no salía de la casa. Pero pidió que lo llevaran para tocar su violín junto al cajón. Y ahí dijo que no había que llevar velas, sino flores. Y si eran del monte mejor. Las flores hablan de ese hombre silvestre que se ha cultivado".






