La bailarina habla del budismo, el camino que la hace feliz
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Actualizado el 9 de junio de 2020
Ana Frenkel, bailarina, coreógrafa, directora y maestra de baile, se acercó al budismo por primera vez a los 19 años. "Entré en una crisis vocacional después de terminar el colegio. Me sentía muy perdida. Entré en ese sufrimiento existencial del que participa todo lo que uno debería ser: para qué se es útil, cuál es el sentido de la propia existencia, en una etapa muy intensa como es la adolescencia –se sincera–. Llegué al budismo porque mi mamá ya lo practicaba, y a través de él empecé a dejar de sufrir, para encontrar una estabilidad anímica. Me atrajo la idea de que el deseo vital es el camino. La práctica está orientada a poder encontrar los propios deseos, que son esencia, la personalidad y los rasgos propios. Me permitió entender cómo podía dedicar mis días a ese deseo profundo. Y empecé a bailar, a crear obras, a componer. Me dio mucha seguridad acerca de mi decisión, que era compleja."
Si bien todas las religiones budistas tienen su origen en la India, el que ella practica es japonés y nació en el siglo XIII, de la mano de Nichiren Daishonin. "En medio de la guerra y la crisis que vivía Japón, que en ese momento estaba bajo una dinastía dictatorial, él toma el budismo y dice que Buda está en toda la gente y que todos tienen la posibilidad de ser Buda –explica–. Nichiren fue muy revolucionario en su época. En un gobierno dictatorial él proclamaba la igualdad. Por eso fue perseguido. Sus seguidores fueron divulgando este budismo, pero recién en 1930 se fundó una organización para la creación de valores, Soka Gakkai, cuyo actual presidente y maestro es Daisaku Ikeda."
Frenkel es parte de esta organización donde se reúne con otros budistas para estudiar y contar sus experiencias. Su símbolo es la flor del loto. "Las plantas de loto nacen y crecen en agua fangosa, pero sus flores son puras y de una gran belleza. La flor de loto significa fertilidad, prosperidad y larga vida. Ilustra la belleza que puede surgir incluso de las cosas desagradables", indica.
"El budismo me da herramientas para comprender la vida desde otro punto de vista y encontrar más sentido a la existencia. Poder crecer como persona y ayudar a que haya un mundo mejor. Pero la búsqueda es dentro de uno. Una gota de agua contiene la esencia de todo el océano y cada uno de nosotros contiene la esencia del universo. El budismo es parte de mi vida y en mi búsqueda creativa es esencial", cuenta.
En su casa, Frenkel atesora objetos que le gustan, como un bonsái, varias imágenes de la flor de loto y fotos de Japón. Todos los días, desde los 19 años realiza sus dos prácticas diarias, una por la mañana y otra por la tarde, que consisten en repetir un mantra, es decir, una frase, varias veces durante un tiempo. Ella repite el mantra del loto: Nam Myoho Renge Kyo. Según explica, estas palabras significan muchas cosas, pero básicamente "devocionarse a la ley mística, que es la comprensión absoluta de todos los fenómenos y al mismo tiempo la naturaleza del Buda inherente a todos los seres". También lee una liturgia que es parte del sutra del loto y recita fragmentos de este mismo texto. "A través de la práctica uno se va conectando con el cosmos", sintetiza.
Frenkel habla apasionadamente: "Creo que el budismo no es algo privado para algunos, sino para que la gente sea más feliz, más libre y más responsable de su propio destino. Porque el budismo enseña que uno va decidiendo y armando su propia vida. A partir del hecho de conocerse y aceptarse, uno tiene la libertad de decidir cómo quiere vivir. Uno tiene la posibilidad de elegir cómo enfrentar sus propias circunstancias. Por eso trabajamos para abolir la queja, para dejar de ser víctimas y volvernos felizmente responsables. Las circunstancias uno las puede sobrellevar y cambiar." Qué bueno.