Con Leonardo DiCaprio y Jennifer Connelly.
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Mal guión para un gran DiCaprio
Hay algo incómodo en las peliculas que se proponen el doble imperativo de predicar acerca de lo mal que está el mundo y, al mismo tiempo, vender entradas de cine. Los conflictos del mundo real son mucho más complejos, más borrosos, menos mecánicos que los que necesita un guión cinematográfico. En consecuencia, los problemas reales suelen ser trivializados y se convierten en un "mal" genérico o en ruido de fondo para una historia de amor. Aunque esta película intenta evitar conscientemente esas alteraciones (no hay "villanos" cuya muerte arregle todo y la historia de amor se mantiene en segundo plano), igual la realidad se le escapa. En parte porque la situación que denuncia (el financiamiento de la guerra civil en Sierra Leona por la venta de diamantes al Primer Mundo) tiene muchas más aristas de las que se atreve a explicar el confuso guión (en principio: la ventade diamantes es también un recursodel que las naciones africanas no pueden prescindir). Pero sobre todo porque no puede sostener la moral que predica ni siquiera ante las convenciones del cine (en la ficción, la muerte de decenas de africanos anónimos es un precio que la película paga gustosa por la redención del protagonista).Sus contradicciones quedan expresadas inconscientemente en la periodista interpretada por la anodina pero preciosa Jennifer Connelly, que le reprocha al mercenario interpretado por Leonardo DiCaprio (en otra gran actuación) que use a los pobres africanos para sus propios fines, al tiempo que busca la escena más miserable de Africa sólo para sacarle una foto.
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