
Discurso artístico, familia, fútbol, relojes y Sánchez
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Hace 8 años, cuando su carrera de actor ascendió hasta un buen punto, Diego Peretti abandonó su profesión de médico psiquiatra. “No fue fácil ni algo abrupto. Los pacientes con los que yo trabajaba suelen ver al médico como alguien supremo, así que el período de despedida y derivación a otros colegas fue paulatino. Eran incompatibles la televisión y el consultorio. Además comprendí que me interesa mucho más el discurso artístico que el científico. Muchos me preguntan si alguna vez volveré a la psiquiatría. Y calculo que no. Tampoco lo haría si me fuera mal en la actuación. De ninguna manera”, dice convencido el actor.
La carrera de Peretti fue vertiginosa. En unos pocos años hizo éxitos televisivos como Poliladron, Los simuladores y Locas de amor; protagónicos en cine (No sos vos, soy yo y la recién estrenada ¿Quién dice que es fácil?), y teatro con Alfredo Alcón (Muerte de un viajante, actualmente en el teatro La Plaza).
Inquieto, apasionado, comprometido, ahora está trabajando en un guión sobre la temática de los años 70, y también comenzará a filmar La señal, película de Eduardo Mignona que, tras su muerte, dirigirá Ricardo Darín. “Es una novela hermosa. Con Ricardo y Eduardo nos habíamos juntado muchas veces. Eran charlas de cuatro horas, con anécdotas fabulosas, muy placenteras. Ahora sólo queda honrarlo desde la excelencia. Ricardo está muy comprometido con la película y hará un muy buen trabajo. Yo lo ayudo, claro. Se transformó en un proyecto muy grupal donde hay mucha adrenalina.”
Padre de Mora (de 5 años), marido de la diseñadora gráfica Natalia Milazzo, explica que la dirección de cine le sale naturalmente. “Me gusta, me sale, pero soy esencialmente actor. Sí reconozco que tengo una mirada más racional. Y aparentemente –según dicen algunos colegas– lo hago sin decir taradeces. Tengo una participación espontánea y la gente me escucha. Considero que el rol del director de cine es tremendo, muy duro. Calculo que en otra vida habrán sido capitanes de guerra o algo así”, comenta sonriente.
Vive entre Belgrano y Núñez, y se levanta a las 8.30 para llevar a su hija al jardín de infantes. “Ahora no hay clases, así que compartimos el ritual del café con leche y yo leo el diario. Después, el día varía según las actividades: ensayos, reuniones, ver una película en casa por trabajo... Siempre estoy leyendo algo, sobre todo temas vinculados con la política y los vaivenes de la Argentina.”
Le quedan algunos amigos médicos, pero dice que desde hace unos tres años se siente partícipe de la tribu de los actores. “Los simuladores son todos buenos amigos, también la gente con la que trabajé en Campeones. Por suerte tengo mucha gente que me aprecia, un matrimonio armonioso, una hija hermosa, y también lo tengo a Sánchez, que me da grandes satisfacciones.”
Sánchez es su perro batata, que ya cumplió 8 años y que elegido mejor compañero en su escuelita perruna. “Y sí, para qué negarlo. Lo mandaba a un lugar donde, además de potrear, le festejaban los cumpleaños y le entregaban boletín. Cosas que uno hace por su querida mascota, ¿no? Pero ahora no lo mando más. Es una raza delicada y a cierta edad prefieren quedarse echados mirando el horizonte.”
Peretti juega al fútbol, le gusta quedarse en su casa, cada tanto sorprende con un asado y colecciona relojes. “Nada sofisticado, sólo pido quedarme con los que usa cada uno de los personajes que interpreto. Es un hobby chiquito, que tiene que ver con lo emotivo. Hasta ahora nunca ligué nada espectacular.”
Peretti exprés
Actualidad: “Me parece bien e incluso natural que regresen temas y fantasmas del pasado político no resuelto. Aunque esto remueva y provoque altibajos políticos, hay que esclarecer”.
Colegas: “Trabajar con Carolina Peleritti (en ¿Quién dice que es fácil?) fue una linda sorpresa. Es una actriz que trabaja desde el alma; sentí que estábamos en la misma sintonía artística. Lo mismo Juan Taratuto, el director, con el que tengo una gran relación. Nos llevamos muy bien y creamos juntos”.
Un lujo: “Siento que estoy viviendo una etapa lujosa y exquisita en lo laboral. Hubo días en que me levantaba y pasaba horas reunido con Darín, luego me iba a ensayar con Alfredo Alcón. Todo de mucho nivel, todo placentero”.
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