
Disparen contra los críticos
Los críticos son una plaga que nunca pude entender, dice Juan Pablo Castel en "El túnel", de Ernesto Sabato. Su argumento parece irrefutable. Y lo dice Castel, el pintor, en la obra.
"Si yo fuera un gran cirujano y un señor que jamás ha manejado un bisturí, ni es médico ni ha entablillado la pata de un gato, viniera a explicarme los errores de mi operación, ¿qué se pensaría? Lo mismo pasa con la pintura. Lo singular es que la gente no advierte que es lo mismo y aunque se ría de las pretensiones del crítico de cirugía, escucha con increíble respeto a esos charlatanes. Se podrían escuchar con cierto respeto los juicios de un crítico que alguna vez haya pintado, aunque más no fuera telas mediocres. Pero aun en ese caso sería absurdo, pues, ¿cómo puede encontrarse razonable que un pintor mediocre dé consejos a uno bueno?
Quizá por eso Juan Pablo Castel "nunca iba a salones de pintura". La experiencia le había demostrado que lo que a él le parecía claro y evidente casi nunca lo era para el resto de sus semejantes.
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Aplicado a la música, la plaga de Sabato crece. Porque el argumento, por extensión, es plenamente aplicable a quienes ejercemos el oficio.
¿Cómo entender que ejerzan la crítica de música -clásica o popular- quienes jamás han acumulado vivencias musicales? ¿Cómo opinar sobre un pianista si no se está capacitado para desentrañar los fraseos, si no se identifica los estilos? ¿Como analizar la tarea de un guitarrista si no se conocen los secretos de las seis cuerdas?
La respuesta es harto difícil.
Se sostiene, por un lado, que los críticos son músicos fracasados. Por otro lado -se refuta-, que la música es un lenguaje universal y que basta una lúcida percepción para captar su belleza o advertir su carencia.
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La historia da cuenta de las diatribas que esgrimieron, en su tiempo, muchos conspicuos críticos a quienes un talento impar sorprendió con desafíos de futuro, mientras ellos permanecían en su horizonte quieto y anquilosado.
Beethoven, Debussy, Stravinsky, como Salgán, Piazzolla, Waldo de los Ríos, Mederos, Eduardo Rovira. En general todos quienes alteraron el rumbo consuetudinario, todos cuantos desafiaron el orden estético establecido, aquellos que la emprendieron contra las ortodoxias fueron denostados por los críticos.
Y la posteridad se encargó de dar a cada cual su lugar. El genio en el pináculo. El mediocre en el olvido. Cuando un músico demuestra un talento fuera de lo común, se dice que tiene buena formación cultural y excelente información musical.
Quien leyó "El túnel" pudo extraer una lección. Al menos habrá puesto las barbas en remojo. Porque todo ser humano es perfectible. Cada día se aprende más. Hasta en la vejez. Y esto permite elevar el nivel cultural. El propio y el ajeno.





