
Divididos, en fallo unánime
Recital de Divididos, el viernes y el sábado últimos, en el Luna Park. Músicos: Ricardo Mollo, voz y guitarra; Diego Arnedo, bajo; Jorge Araujo, batería. Músicos invitados: Miguel Botafogo, Gustavo Santaolalla, Tito Fargo, Alambre y DJ Zucker entre otros. Nuestra opinión: Muy bueno .
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Desde que "Narigón del siglo" aterrizó en las disquerías, ya se sabía que Divididos iba a salir a romper cabezas en el momento de montar los conciertos presentación. Salir a asustar, como dijeron alguna vez. Y anteanoche, en el Luna Park, lo del trío más poderoso de la escena local fue simplemente demoledor. Al igual que el álbum de cajita fluorescente, estos shows significaron un paso adelante para Mollo, Arnedo y Araujo. Y ellos lo saben.
De allí la visible alegría y emoción de Mollo ante cada gesto de su público que, entre tema y tema, sentenciaba frases para justificar la reacción especial por parte de la banda: "Es la revancha", "regresaron a su punto más alto", "es la vuelta de Divididos". Pero, ¿cuándo se fueron?, si, en rigor de verdad, siempre estuvieron llegando.
Lo que sí es cierto es que, así como lo hizo "Narigón de siglo" en la discografía de la banda, los shows ofrecidos anoche y anteanoche en el estadio de Bouchard y Corrientes marcaron una etapa en este trío con más de diez años en la ruta. Desde el comienzo con espíritu y alma hindú, hasta el furioso punk con coreografía de rayos láser del final. Tres devastadoras horas de música fueron, una vez más, la fórmula elegida por Divididos. Una seguidilla de treinta y ocho canciones disparadas con justeza y celeridad. Rock poderoso, en plan de renovación.
Por eso la presencia de DJ Zucker en lo alto del escenario para acompañarlos en buena parte del recital. Por eso los asombrosos arreglos para viejos y nuevos temas. Por eso la delicadeza del octeto de cuerdas dirigido por Alejandro Terán. Por eso la alegría y la emoción del público.
Partido ganado de antemano
Una introducción con sítares a cargo de Miguel Botafogo y su hija Layla Villanova montó el clima ideal para que, en esta oportunidad, los músicos subieran al escenario caminando muy lentamente. Nada de adrenalínicas corridas con los instrumentos a cuestas. Mollo, Arnedo y Araujo caminaron despacio hasta ubicarse en el centro de la escena. Allí, sabiendo que la música estaba de su lado, se inclinaron y saludaron a su gente, dejando que los aplausos los envolvieran. Y es que de antemano, con la confianza que producen las cosas bien hechas, Divididos se sabía amplio ganador del partido aún por disputar.
Entonces sí, las nuevas composiciones ("Casi estatua", "Elefantes en Europa") se cruzaron con las más viejas ("Haciendo cosas raras") de su álbum debut y con las no tanto "Tomando mate en La Paz". Un estridente comienzo denunció los acostumbrados desperfectos sonoros del Luna, pero sirvió para descargar la energía acumulada.
"Voy a invitar a un amigo, Gustavo Santaolalla", dijo Mollo. Y el músico y productor del álbum más exitoso de la banda, "La era de la b...", se acercó con charango en mano para dejar grabado a fuego en los oídos desprevenidos uno de los instantes musicales inolvidables del concierto: "¿Qué ves?" Sí, aquel hit del que el grupo llegó a renegar, cansado de escucharlo por la radio y la televisión. Allí estaba otra vez, con su deforme ritmo reggae. Ahora con un solo de charango casi psicodélico y aire folklórico. "¿Qué tal?", preguntó orgulloso Mollo después del último acorde del tema y cuando el hipnotizado público intentaba salir de su asombro.
Los discos pinchados por DJ Zucker volvieron a sonar en el funk de "Qué pasa conmigo", y se hicieron centro de la escena al término de "Qué tal". El estadio se vistió de disco a puro beat sincopado y neuróticos rayos láser: "Los hombres huecos" y "Azulejo" -con Arnedo descosiendo su bajo- completaron el enganchado de rock a mil.
Las más recientes "Vida de topo" y "Tanto anteojo" dejaron a Mollo riendo. "Estoy muy emocionado y muy feliz", dijo por si hiciera falta, y se largó con "El arriero".
Como si nada, llegaron las cuerdas para "15 y 5", "Spaghetti del rock" -dedicada "a los que están en el cielo", en referencia a Luca Prodan- y "La ñapi de mamá". Pasaron Tito Fargo y Alambre para apoyar en las guitarras. Y Mollo justificó su sonrisa permanente asegurando que "hace 25 años que no tocaba en este lugar, fue en 1975 con MAM -la banda que compartía con su hermano Omar-, en un festival que se llamaba "Cinco horas de rock"".
En cada nota, el tándem Mollo/Arnedo/Araujo deja la vida y confirma que son muy pocos en la escena local los que se les arriman en la interpretación. Con más de dos horas de concierto, el final llegó con una batería sin desperdicio: "El 38", "Sobrio a las piñas", "Cielito lindo" -qué pena esa cuerda que se cortó e interrumpió en el clímax de la canción- y "Ala delta".
Podría haber terminado allí, pero los Divididos tenían más. Los bises fueron versiones de "La gente se divierte" y "El burrito", la deliciosa melodía de "Par mil" y el cierre definitivo con el popurrí punk de canciones de Sumo. Justo en el momento en que los rumores de reunión del grupo que lideró Luca Prodan crecen a pasos veloces.






