
Divididos, por la vuelta
Tras el accidentado recital de marzo, tocarán hoy en Obras
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Cargada la salamandra, Mollo se sienta a cambiar las cuerdas de una de las guitarras que quiere tener listas para el show de esta noche. Corta las viejas con un alicate y Diego Arnedo, el Cóndor, aclara que "con las personas usa un hacha". Jorge Araujo, Magoo, festeja la broma.
Tal el clima en la quinta-sala de ensayo de Divididos. "Acabamos de terminar la lista de temas, ¿qué te parece?", anuncia Mollo y señala un gran cartel con una impresionante cantidad de nombres de canciones.
Esta vez el trío no tiene que presentar un disco. El último, "Gol de mujer" ya lleva un año en las calles y acaba de salir un compilado doble, "Diez", que es un recorrido por la música dividida de estos diez años. "Está bueno porque no está solamente la punta que siempre se ve sino que se incluyó el tango, la chacarera, cosas que por ahí quedaban más ocultas." Son, simplemente, las ganas de tocar las que los mueven. Y de volver a Obras, el lugar en el que hicieron trece shows en 1994 y en el que no tocaban desde hace cuatro años. "Obras es bueno porque, aunque es grande, se ve bien y suena bien. Parque Sarmiento lo odiamos todos, músicos y público. Nunca suena bien".
"Y cuando salís es una depresión. Parece una historia de Ray Bradbury, después de tanta cosa ahí dentro, salís a la nada", comenta Arnedo, en su habitual tono bajo.
Está en circulación el mate mientras cuentan que habrá en el escenario una puesta en escena que definen como sensación de bar. "Pero no en el cuerpo sino en la visual", aclaran y, se sabe, se refiere al cambio de hábitos de la banda. "Ahora estamos a mate y amate", dicen con su gusto por el juego de palabras que incluye un "cinco" que sintetiza el sin copetines elegido.
En esta búsqueda de la "sensación de bar" tocarán bastante juntos y con la tarima de la batería bien baja. "Más o menos como acá", explican. Tampoco habrá grandes luces pero sí una pantalla, sobre el fondo del escenario, en la que proyectarán imágenes del show y otras sugeridas por ellos. "Va a ser un audiovisual", dice Arnedo. "Como ir a ver diapositivas a lo de un amigo", agrega Mollo, y empiezan a fantasear con que, finalmente, salga todo mal. "Te imaginás que comiencen a equivocarse de imágenes, que se vea mal y nosotros, preocupados por eso, nos olvidamos de tocar o nos equivocamos de tema."
Será, también, su primera presentación en Buenos Aires, tras aquel fatídico 1º de marzo, cuando en el recital para el ciclo Buenos Aires Vivo murieron dos chicos electrocutados. Ahora, "a pocas horas de lo que pasó", la banda siente que no volvería a participar en algo de este tipo. "O, por lo menos, no lo haríamos en época electoral. Hay cosas que, durante cuatro años, no vimos porque estuvo todo bien, pese a gobiernos radicales o seudoperonistas o peronistas. Tendría que estar mejor encarado, desde la publicidad del evento. La idea era la de música para la gente, pero a medida que fueron pasando los años el nombre del ciclo tuvo más tamaño que el del grupo que tocaba".
Tampoco les pareció bien el lugar elegido este año. "Los anteriores fueron en parques abiertos; si alguien se quería ir, empezaba a caminar y se iba. Este era más encerrado y la presión que genera un alambre tejido y un puentecito son elementos condicionantes para que ya no estés tan relajado porque en un punto todos tenemos un poco de claustrofobia".
Para los músicos de Divididos hubo dos hechos separados. Por un lado, personas ajenas a los organizadores y a la música que fueron allí a hacer un trabajo y que crearon inconvenientes entre la gente para que se comente que hubo violencia en el show. Por otro, un desgraciado accidente en el que dos chicos murieron. "Parece como que la necesidad de la convocatoria superó la conciencia de la prevención y pasó esto fatal", reflexiona Arnedo.
"Este evento y el Buenos Aires No Duerme fueron tomados como estandartes seudoculturales de este gobierno, y armados en la búsqueda de rédito político. La idea es juntar cien mil personas y no importa cuánto cueste. Por eso siempre eligen las mismas bandas y no llaman a grupos nuevos que necesitan ser conocidos, para que cuando nosotros no hagamos esto, haya otros -polemiza Mollo-. En síntesis, a nadie le importa el rédito cultural, el dejar algo en la gente, sino quién hizo estos megaeventos."
El dolor, se nota, aún está presente. El dolor de esa mañana siguiente, cuando se enteraron, Araujo por la radio, Mollo y Arnedo por los llamados del primero, que la fiesta se había convertido en pesadilla. "Si hubiéramos sabido lo que pasaba no hubiéramos seguido adelante."
Show en armonía
Ahora están aquí, preparando un show para un lugar "de un tamaño acorde a la paciencia de la gente. Tiene un límite de tolerancia justo, ahí adentro sabés que todo puede estar en armonía, no controlado, sino en armonía, que es mucho más lindo".
Y comienzan a preparar algo del que será su próximo disco. A su estilo:en pedacitos registrados en cassettes. "Ya tenemos como cuarenta pedacitos ahí en el piso", dice Mollo, bromeando nuevamente, jugando con el nombre de su primer disco.
Otra vez a su tiempo, el de las ganas. Ante la pregunta de si existe alguna presión de su compañía discográfica, Arnedo retruca: "¿Cómo tenés la alta?". Mollo, más serio, responde que "si la hay no nos enteramos, y de haberla no haríamos nada bajo presión. No somos empleados de una hamburguesería que tenemos que sacar tantas papas fritas por hora. Esto es música, y todavía creemos en los hechos artísticos".
Enojo
El dolor se volvió enojo cuando se enteraron que Azul TV transmitiría el recital del Buenos Aires Vivo. "Nos parecía tremendo y hablamos con el canal, con el Gobierno de la Ciudad y con la producción para frenarlo. Pero lo pasaron igual". Divididos entonces llevó el tema a la Justicia. "Pero da bronca, porque esas cosas te ocupan el tiempo que tenés que dedicarle a crear."
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