
Dos brujas muy lindas, sin suerte y sin magia
"Hechizo de amor" ("Practical Magic", Estados Unidos/1998). Presentada por Warner Bros. Dirección de fotografía: Andrew Dunn. Música: Alan Silvestri. Guión: Robin Swicord, Akiva Goldsman y Adam Brooks, basado en la novela de Alice Hoffman. Intérpretes: Sandra Bullock, Nicole Kidman, Dianne Wiest, Stockard Channing y Aidan Quinn. Dirección: Griffin Dunne. Duración: 105 minutos. Para mayores de 13 años. Nuestra opinión: regular.
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Con un poco más de audacia y sin tanta sumisión a los dictados del marketing hollywoodense, "Hechizo de amor" podría haber sido al menos una buena película. Y, con una dosis bastante mayor de talento, riesgo y desinhibición, hasta podría haber sido una gran obra. Pero los lugares comunes y los corsés, la autocomplacencia y los temores que provocan los altos presupuestos y la participación de dos grandes estrellas terminaron por acogotar hasta la asfixia a esta nueva incursión en el universo de la brujería femenina.
El interesante planteo inicial de "Hechizo..." permitía entusiasmarse en lo que aparecía como una historia arrasadora sobre dos heroínas a lo Thelma y Louise con dotes para la magia y dueñas de una poderosa fuerza interior como para sobrellevar desde maldiciones familiares originadas tres siglos atrás hasta los malos tratos de hombres brutales, pasando por la catarata de habituales prejuicios de los sectores más conservadores de la sociedad de New England.
Pero, como ocurrió también hace poco con la moderna "Jóvenes brujas" y con la más tradicional "Las brujas de Salem", "Hechizo de amor" falla en el tratamiento de un tema tan poderoso y complejo a la vez como es el surgimiento de mujeres con poderes especiales que rompen con las convenciones y los moldes socialmente aceptados.
Al igual que en su anterior incursión en la dirección con "Adictos al amor", Griffin Dunne (más conocido por su trabajo actoral) muestra algunas ideas e intenciones que parecen diferenciarlo de la legión de insulsos y previsibles cineastas que trabajan dentro de la maquinaria hollywoodense, pero vuelve a quedarse (a perderse) a mitad de camino.
Hermanas en desgracia
La película arranca con fuerza en la descripción de dos hermanas casi opuestas entre sí (la introvertida e inexpresiva Sally que interpreta Bullock, la osada y seductora Gillian que encarna Kidman) que, tras la muerte de sus padres, son criadas por dos tías solteronas (Dianne Wiest y Stockard Channing, en dos papeles que proporcionan la cuota humorística del film).
Pero, poco a poco, los personajes de Sally y Gillian se van acercando peligrosamente al estereotipo; las experiencias sobrenaturales se convierten en previsibles situaciones para el despliegue de efectos especiales; y cada una de las desventuras sentimentales de las heroínas, en meras excusas para matizar la trama con previsibles toques de acción, humor, drama, romance y, claro, una oportuna redención final.
Mientras Bullock hace más o menos el mismo papel de toda su carrera (en este caso, alarmantemente parecido al de la reciente "Vientos de esperanza"), es decir, la chica simple de pueblo con problemas de comunicación y de feeling con los hombres, esa gran actriz que es Nicole Kidman despliega todo su encanto y su talento para trascender los esquematismos, la vulgaridad y la falta de matices de su personaje, una mezcla por momentos ridícula entre femme-fatale y mujer dominada por las depresiones y los abusos de alcohol y pastillas.
Es ella, en definitiva, quien logra que su Gillian le imprima algo de fuerza, convicción y desmesura a una película que exige esos atributos con desesperación sin jamás alcanzarlos. El resultado es, inevitablemente, una película rutinaria.






