Dos divas de pura clase
Con la guía segura del director Agustín Alezzo se estrenó en el Maipo esta pieza de Terrence McNally en la que aparecen la gran cantante y su duro humor detrás del cual se esconde una vida trágica.
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Fue una gran voz de breve duración. Pero ¡qué voz! Apenas trece años de permanencia canora bastaron para colocarla en el nivel de los elegidos. Es "La Callas" más allá de los fanáticos y de los detractores que ahora no tienen importancia.
A casi 20 años de su desaparición la muerte parece haberle dado una mayor dimensión. Lejos quedaron sus recelos en contra de otras sopranos y su inquina con los tenores su afán de celebridad sus pasiones sus escándalos y sus odios. Fue esa publicidad desarrollada en torno de los conflictos de su vida personal la que acercó a esta controvertida figura de la lírica al público común.
Genio para desafiar las convenciones; talento para extraer la emoción de las vísceras de sus personajes y temperamento para encender la hoguera de sus sentimientos.
Para no agregar más de lo conocido a los cientos de artículos que se volcaron a la imprenta el autor Terrence McNally prefiere rescatar una etapa puntual en la vida artística de María Callas la menos conocida la menos explotada: la docencia y la vuelca en "Master Class" ganadora del premio Tony.
No es casual que la soprano haya elegido Juilliard la escuela de música de Nueva York. Era su ciudad natal. Y allí decidió enfrentar a un público diferente con otros intereses porque esperaba recibir ese secreto que la diva conocía tan bien: la fuerza del sentimiento aplicado al canto.
Para los primeros 300 cantantes seleccionados en 1971 aquella habrá sido sin lugar a dudas una clase magistral y obviamente inolvidable.
Para los espectadores de esta versión porteña de "Master Class" también es una clase magistral pero por otros motivos.
La vida y el canto
La pieza no tiene una estructura teatral. Es lo que se denomina un docudrama planteado a partir de un instante del presente concreto y palpable con interpolaciones del pasado desarrolladas por la propia protagonista.
Y en esto reside su atractivo a falta de un esquema dramático. Claro se trata de María Callas.
Ella está ahí para dar una clase magistral. Ya no canta. Su voz forzada y exigida en aras de un ambicioso pero comprensible perfeccionismo se encontraba quebrada. Fatal destino para una grande del canto. En consecuencia esta clase no apunta a una lección de canto sino a la forma de interpretar emotivamente la ópera.
Allí está soberbia magnífica con un duro manejo de la ironía y la mordacidad aprendido en el duro batallar de su vida. Sí. Ella emprendía con cada personaje una batalla personal para extraer ese instante fugaz ese minúsculo gesto que le permitían volcar todo su caudal expresivo en la emoción de su público.
La misma fórmula intenta aplicar con sus alumnos sin importarle esa coraza inhumana que ostenta casi con orgullo y que provoca un doloroso alejamiento de su persona.
Para imprimirle una natural dimensión humana el autor recurre a dos monólogos que remiten al pasado especialmente amoroso de la diva donde anidan los fantasmas de Meneghini y Onassis. No faltan sus relaciones familiares su complejo por la gordura su malogrado embarazo el abandono y la soledad. Ahí está la mujer sufrida y carenciada de toda ternura. Fortalecida por la necesidad con un temperamento desarrollado por exigencias del sobrevivir y con un hambre de afecto que aumenta su urgencia de expresar los sentimientos a través del canto.
Esta es la esencia de la obra condimentada con unos sabrosos y agudos comentarios sobre el arte y el mundo de la lírica donde son pocas las figuras de ese medio que se salvan. A pesar de la dureza de los contenidos estos bocadillos no dejan de exponer mucho humor.
En busca de la perfección
Afortunadamente el productor tuvo el acierto de convocar a cantantes que actúan y no a actores que cantan. Y en esta decisión salieron beneficiados la obra y el público; fundamentalmente este último que premió con cálidos y sinceros aplausos las actuaciones de las sopranos Lucila Gandolfo y Myriam Toker de mayor lucimiento y el tenor Gustavo López Manzitti sin dejar de mencionar la brillante participación del pianista Darío Pangrazi . Un rubro aparte merece Norma Aleandro vestida por Gino Bogani. Sería fácil decir no es una novedad que tuvo una brillante actuación o una interpretación inmejorable. Pero no sería la mejor definición a su trabajo por el rigor la minuciosidad y el preciosismo conque encaró a este personaje sin omitir detalles.
Fue una excelente y sorprendente por el parecido personificación de María Callas que elude cualquier tipo de imitación y delata un riguroso estudio físico sobre la soprano. Y en esto también tuvo mucho que ver la labor vocal de Susana Naidich cuya presencia se nota en los fraseos nasales y en las modulaciones cadenciosas de la actriz.
Finalmente hay que destacar la sutil y acertada mano de Agustín Alezzo para conjugar a todos estos elementos y sobreponerse a la endeblez dramática del texto para sostener la atención durante casi dos horas.
Lo demás fue la música de Bellini ("La sonámbula") y de Verdi ("Macbeth") y la voz magnífica y siempre conmovedora de María Callas.
Después de esto sólo cabe un respetuoso silencio.
Perón el sombrero rojo y un nuevo bar
La convocatoria no pudo ser más exitosa a juzgar por la asistencia casi perfecta de famosos al estreno de "Master Class".
Con una anticipación desusada el periodismo fue citado a las 19.30 pero la función comenzaría sólo dos horas después. Ocurrió que buena parte de los hombres de prensa no habían sido avisados de que estaban programadas otras actividades previas al momento de levantar el telón y así muchos colegas estaban visiblemente molestos.
De todos modos por esa irresistible atracción que ejerce el mundo del espectáculo sobre los artistas y el público los unos y los otros se mezclaron animadamente alrededor del "Bar de Dringue". A la inauguración de esa pequeña barra se sumaría la de una araña espectacular en la sala propiamente dicha.
Hubo quienes como las actrices Silvia Pérez y Marta Albertini (esta última franqueada por dos caballeros) llegaron muy tarde cuando la sala ya estaba a oscuras.
La hija de Dringue Farías avaló con su asistencia el acontecimiento. La canilla libre hizo sus efectos en muchos de los asistentes que probablemente tendrán que volver a ver la obra en condiciones más despejadas...
Exultante el empresario Lino Patalano contaba por qué eligieron el nombre de Dringue para denominar el espacio de tragos. "Según Alberto Campana un personaje con más de 50 años en el Maipo Dringue tomaba de lo lindo y después orinaba las columnas para que le trajera suerte." Uno de los más generosos a la hora de conceder entrevistas en el hall fue Víctor Laplace que estrenó un look Juan Domingo Perón ad hoc anticipando su caracterización del ex presidente en el film sobre Eva Perón que dirigirá Juan Carlos Desanzo.
Oscar Colombo corbata con Medusa de Versace incluida le contaba a quien tuviera a tiro que la creación de los postizos de la Callas de ficción le insumió tres meses mientras Gino Bogani exhibía su piel tostada tan ajena al frío vernáculo.
Fauna multicolor
Una de sorpresas de los estrenos es la fusión multicolor que producen. Graciela Fernández Meijide con un sombrero rojo muy sentador que fue la comidilla de la noche se estrechaba en abrazos con famosos de otra cepa.
Una cronista radial le pasaba letra a Eleonora Cassano a punto de dar a luz sobre lo que pretendía que la artista respondiera acerca de su embarazo mientras a su lado Elsa Serrano Graciela Borges Alejandra Da Pasano y Alfredo Alcón no dejaban de transpirar bajo las inclementes luces de las cámaras de TV.
Marcela López Rey con atuendo al estilo de "Cantando bajo la lluvia" compartió saludos con Lidia Catalano Emilia Mazer y otras damas de la pantalla. Diana María Jorge Martínez y Alejandra Gavilanes el político Aníbal Ibarra Guido Parisier Marikena Monti Pablo Codevila y María Rosa Gallo también fueron de la partida.
A último momento llegaron a las corridas Fito Páez y Cecilia Roth y dificultosamente entraron en la sala precedidos por una nube de cámaras. Al cabo del intervalo Oscar Ferrigno respiraba algo más calmado en el hall. "Estaba muy nervioso -dijo el hijo de Norma Aleandro- aunque a mamá la vi muy tranquila. Encontró el personaje hace veinte días lo demás es handicap".
La ovación del final así lo confirmó.






