La clarinetista Carla Branchini, que en Las Taradas tocaba bajo el alias de Cheetarah Rodríguez, falleció el martes pasado; aquí, el recuerdo de sus compañeras
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La clarinetista, saxofonista y cantante Carla Branchini acompañaba al cantautor Alvy Singer en su Big Band, tocaba ska y funk con el grupo callejero Pollera Pantalón, prog-jazz con Nimbo, y swing y canciones de los 50 con Las Taradas, el ascendente grupo fundado por Paula Maffia y Lucy Patané, donde personificaba a Cheetarah Rodríguez. Víctima de un cáncer, falleció el martes pasado. Tenía 32 años.
Con este texto emotivo, la recuerdan sus compañeras de Las Taradas:
"Se anunciaba lluvia para toda la semana. Cuando las primeras gotas y las ráfagas de viento empezaron a azotar sonaron nuestros teléfonos. Era martes 9 a.m. No necesitamos atender para comprender la noticia.
Carlita venía luchando desde hace un año y medio contra un cáncer insistente y reiterativo. Perdió el pelito, perdió apetito, algo de fuerza para soplar su saxofón, su clarinete, perdió muchas cosas, pero nunca perdió la fuerza ni a su aliada número uno: la alegría. Una alegría que arrastraba a los que estábamos cerca y que luchamos junto con ella, a su lado, para mantenerla con nosotros.
Carlita era una usina, un faro, un buque navegando a todo vapor con una corneta chillante, era un bosque lleno de pájaros, era una orquesta haciendo toda junta un staccato. Bastaba tenerla cerca para sentirte confortada. Algo en sus ojazos color de cielo, en su sonrisa, en su humor de cachorro, en sus ganas de jugar todo el tiempo, que provocaba ternura y despertaba al niño de todos y cada uno de los que la conocimos... Aunque también era una abuela, cómplice, pícara. Una madre protectora, que nutre y cuida. Una gran compañera. Alguien a quien querés siempre cerca, en tu equipo. Una amiga en la que podes apoyarte, confesarte, dejarte llevar. Una gran amiga, sin pelos en la lengua, con el corazón suelto, la mente abierta, toda ella rienda suelta. Carlita era energía, calor y luz. Pero por sobre todo, era alguien muy libre.
«Soy una flecha que no sabe adónde disparar pero dispara» nos contó una vez. Y así se fue, rauda. Y se hizo luz, dejándonos a todos muy encandilados y agradecidos de haber sido parte de su vida, de haber compartido grandes momentos, su música, su espíritu salvaje y bello.
El martes a la tarde, contra todo pronóstico, volvió a salir el sol y se llevó una semana de lluvia. ¿Cómo vamos a hacer para orientarnos ahora que tu luz se fue? Ese es el desafío que nos dejaste junto con una montaña de recuerdos bellos como tu sonrisa.
Chau amiga. Buen viaje.¡Hasta que nos volvamos a encontrar!”
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