El amor barroco en la intimidad de un café concert
El régisseur estrenará mañana "una especie de ópera imaginaria"
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Apenas se cruza el umbral de lo que era el antiguo depósito de una editorial -hoy transformado en un espacio teatral-, música barroca y voces sublimes brindan una mágica bienvenida. En el bar del lugar y caminando entre las mesas, Marcelo Lombardero, antiguo director artístico del Teatro Colón y del Argentino de La Plata, da instrucciones al barman, quien canta de manera magistral mientras prepara un trago. Un ensamble con instrumentos antiguos interpreta música, y varios cantantes repartidos por el lugar completan la escena.
Están ensayando Bromas y lamentos , un espectáculo con otras canciones de amor , que presentará en Hasta Trilce el Teatro Musical Contemporáneo, proyecto dirigido por Lombardero y que tiene a Miguel Galperín como productor ejecutivo. LA NACION presenció los preparativos de lo que será este espectáculo de café concert mediante el cual se fusionarán propuestas teatrales de vanguardia con canciones de amor del barroco, y dialogó con su creador, quien explicó los motivos por los cuales decidió encarar esta propuesta.
¿Cómo nació Bromas y lamentos?
Este proyecto era algo que quería hacer hace muchos años. Es una música y una poesía que me fascina. Pensé que había que darle una oportunidad, porque tiene una vigencia poética y musical como pocas. Los compositores que tomamos intentaban reflejar los sentimientos, provocando una unidad entre música y palabra. Esa obsesión de encontrar un sonido único que nos remita a un sentimiento, uniendo poesía y música, pocas veces ha sido tan eficaz como en este período de la música. Más que en mi cabeza, lo tenía planificado en mi corazón, estamos hablando de amor.
¿Teatro Musical Contemporáneo nació para llevar a cabo este tipo de proyectos?
Nació con el fin de presentar espectáculos contemporáneos, pero donde la música y el texto no tienen por qué ser necesariamente actuales, sino que justamente lo contemporáneo de esto es la búsqueda en un material arcaico y cómo lo resolvemos en la modernidad. Como nos resuena hoy; indudablemente a finales del 1600 esto tenía una significación y un entorno totalmente distinto.
Es curioso un café concert con música barroca, ¿cómo te planteas este espectáculo?
La idea es que los intérpretes cuenten pequeñas historias saliendo desde el público. La gente no va a saber ni siquiera quiénes son los cantantes. Quiero situaciones absolutamente coloquiales y cotidianas. En pocas oportunidades una persona del público va a tener la posibilidad de sentir tan de cerca a un cantante, diciendo este texto y tratando de interpretar estos sentimientos. Escogimos el bar de Hasta Trilce, porque es un lugar muy sugerente, tan barroco en algún punto que, a manera de experimento, nos servía para contar esta especie de espectáculo de cabaret con música del siglo XVII.
¿Cómo fue la selección de las canciones del repertorio?
En principio, nos basamos en unos scherzis tardíos de Monteverdi sacados de un libro que él hizo al final de su vida. Estas pequeñas piezas que hablaban del amor, del desengaño se llamaban scherzis [bromas] y, por otro lado, le juntamos algunos fragmentos de óperas de Cavalli y Monteverde, además de unos madrigales, que son lamentos, por eso el título. Porque en el amor uno bromea, se pone feliz y también se lamenta.
¿Podría decirse que al traerlas a la actualidad sigue vigente lo que cuentan?
Los problemas del desengaño y del amor son problemáticas que nos han acompañado siempre. Pero esta significación, este afecto, este sentimiento, esta búsqueda de unidad entre música y palabra, entre poesía y palabra, este sonido único para cada afecto nos sirve hoy para comprender esa música desde nosotros, no pretendemos hacer arqueología.
¿Hay un hilo conductor?
Son seleccionadas por su belleza, por sus tonalidades; hay una búsqueda armónica. Aunque no hay una hilación, está tomado como una especie de ópera imaginaria, en el sentido de que hay una obertura, hay un comienzo, hay solos, hay dúos, tríos y conjuntos.
El elenco lo integran Oriana Favaro, Cecilia Pastawski, Santiago Burgi, Pablo Travaglino y Mariano Fernández Bustinza. ¿Por qué los seleccionaste a ellos?
Son jóvenes cantantes muy talentosos que, de alguna manera u otra, tienen experiencia en este repertorio. Yo he trabajado con ellos en distintas instancias. A algunos los conozco desde que aparecieron, son producto de la ópera estudio del Teatro Argentino de La Plata; con otros he trabajado en otros espectáculos.
¿Quiénes integran el ensamble musical que los acompaña?
Convoqué a Jorge Lavista, un reconocido clavecinista, quien también es el director musical del espectáculo. Es un músico al que admiro, conoce a fondo este repertorio y se encargó de reunir al conjunto instrumental, el cual quedó integrado por Joelle Perdaens, violín; Eugenia Montalto, flautas; Pablo Angiletta, viola da gamba, y Miguel de Olaso, archilaúd y guitarra barroca.
¿Por qué solo cinco funciones?
Al principio nos planteamos sólo cinco, después veremos. Dicen que la música es el arte de combinar los horarios y estos chicos están comprometidos, entonces, no es tan sencillo. Esto es como una vuelta a mis orígenes: mi primera puesta en escena fue una pequeña Mahagonny Songspiel en la Scala de San Telmo, también hice Canciones de c abaret , dirigido por Alejandro Ullúa, que fue un éxito. Era música de cabaret de los años veinte, en el foyer de un teatro. No tiene que ver con este espectáculo, pero se unen en algún lugar porque yo vengo de ahí. Entonces Hasta Trilce y el Teatro Musical Contemporáneo me dan una posibilidad en mi país, ahora que no tengo trabajo aquí y estoy haciendo más cosas fuera. Se me da esta oportunidad de explorar y tener una boca expresiva, y me parecía que estaba bien empezar por mis orígenes. Ya veremos qué ocurre luego.
¿Hacía mucho tiempo que no trabajabas en un espectáculo tan íntimo?
Después de trabajar en grandes teatros, esto me encanta, me da una gran libertad. Cuando se hace un espectáculo y ya está puesto, deja de ser de uno. La dirección es un poco ingrata, todo el proceso creativo es cuando el director disfruta y goza, en el momento de la función, ya uno no tiene nada que hacer, es como cuando los hijos se casan y se van de la casa.
¿Siguen más proyectos con Teatro Musical Contemporáneo?
Para fin de año vamos a estrenar una ópera que yo había encargado cuando estuve en el Colón, se llama Ultramarina, con texto de Edgardo Cosarinsky y música de Pablo Mainetti, una historia sobre los Zwi Migdal, que fue una empresa de trata de blancas. Este proyecto quedó trunco y ahora lo vamos a estrenar.
¿Qué esperas de Bromas y lamentos ?
Yo no espero nada, la idea es regalarle a la gente esta música maravillosa como si se la estuvieran dedicando a cada uno. Que la gente se relaje y disfrute.
Bromas y lamentos
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