El Armenonville reabrió sus puertas
Refinamiento: con un show de tango y baile resucitó en el subsuelo del hotel Alvear el tradicional y lujoso cabaret porteño.
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Esa ciencia del bon vivant, tan del París de la Belle époque, se cultiva en el Armenonville de Buenos Aires; el otrora ubicado -se asegura- frente a la plaza Grand Bourg.
El lujoso cabaret porteño instalado luego en avenida Alvear y Tagle es de los primeros que funcionan a comienzos de siglo, emulando el modelo parisiense del chateau o cabaret restaurant, próximo a los parques o en la banlieu de la capital francesa.
En el salón decorado según la moda europea, aunque no a las afueras de la ciudad -donde el regente viste de smoking y habla francés- reina el tango, entre los números de varieté. Y sus parroquianos son noctámbulos pudientes o ex clientes del burdel.
Ese Armenonville acaba de ser resucitado ahora, a sólo pasos del fin de siglo, como un Lázaro convocado por el boom universal del tango.
Renace en el subsuelo -llamarlo sótano sería un insulto- del Alvear Palace Hotel, en plena Recoleta, con un "Show de tango y baile" (sic), una Academia de Tango y un Tango Tea.
El parco refinamiento de su arquitectura y decorado, las paquetas mesas con velas y un exquisito servicio de lunch conforman un ambiente acogedor para tangueros y no tanto.
¿Espectáculo turístico?
El gran dilema de los shows de tango arranca en el planteo: ¿para público argentino o para turistas? Porque muchos atropellos se han cometido en nombre del tango. Y tentados de vender tarjetas postales (léase mamarrachos) bajo la advocación de la música ciudadana de Buenos Aires, muchos empresarios desplegaron sin escrúpulos su vocación fenicia.
El talón de Aquiles del tango en toda propuesta turística se hace visible en la danza. Allí, entre muñecas histéricas y caballeros de plástico, se ha dado rienda suelta al espantoso "tango fantasía" (con perdón de la palabra fantasía).
El tango fantasía -no otro se practica hoy, salvo honrosas excepciones- es la verdadera peste del boom tanguero de la aldea global. Y este flamante Armenonville con dirección artística de Jorge Prieto no se ha salvado por completo de la epidemia de esta capoeira porteña, plagada de patadas violentas, flexiones y volteretas espasmódicas de damas que exhiben piernas de película junto a caballeros engominados y tiesos.
Uno se atrevería a sostener que los coreógrafos son ilustres sordos que dibujan pasos sin pensar ni en los versos ni en el ritmo ni en -sobre todo- las sugerencias eróticas nacidas con el tango y apenas plasmadas por Adriana Vasile y Pochi Luna en los pasos de alguna pareja individual.
El "Show de tango y baile", no obstante, cuenta con el aval de unos atrevidos arreglos de Oscar López Ruiz para los tangos de Piazzolla, y de cuidadosa instrumentación de José Ojivieki para tangos canónicos como "Responso", "Quejas de bandoneón", "Ojos negros", "Volver", etc.
También son una apetecible contrapartida las hermosas voces de María Graña y José Angel Trelles, aunque ella conserve algún viejo tic de las veteranas del tango y el estire inevitablemente todos los fraseos del repertorio tradicional y de Piazzolla.
El grupo de dos bandoneones, dos violines, guitarra, piano y contrabajo suena compacto y en ocasiones sabe regalar sutilezas y garra.
Un fascinante vestuario -sobre todo femenino-; un excelente sonido y una certera sincronización lumínica son otros tantos en favor.
Habrá que esperar que en el futuro haya más música de ese Piazzolla "que hoy reina en todo el mundo" como dice el tango.





