El productor Gustavo Santaolalla mostró en vivo, en el Máximo Coliseo porteño, el proyecto tanguero más ambicioso de la historia.
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Con un delay de casi un año, generado por un conflicto gremial que obligó a posponer la presentación prevista para finales de 2005, el jueves pasado el Café de los Maestros llegó al escenario más bello de la Argentina. El Teatro Colón de Buenos Aires probablemente sea el único marco acorde a un concierto de estas características. Acaso por única vez, los productores Gustavo Santaolalla y Gustavo Mozzi, lograron llevar al vivo el proyecto más ambicioso que haya tenido la música ciudadana de Buenos Aires, que se propone demostrar la vigencia de las viejas glorias del tango. Café de los Maestros encierra un disco doble, un libro (con textos de Irene Amuchástegui y fotos de Nora Lezano y Sebastián Arpesella), y una película-documental, producida por el brasileño Walter Salles, que se terminó de filmar en esa histórica velada.
Con localidades agotadas, y varios músicos en las butacas (León Gieco, Andrés Calamaro, Vicentico, Daniel Melingo, Lito Vitale, el Zorrito Von Quintiero, Cristóbal Repetto, Tilín Orozco y Fernando Barrientos, entre otros), el Colón presentaba un aspecto imponente. Como si fuera una declaración de principios, la aguardentosa voz del maestro de ceremonias Tom Lupo, anunció –resumió, acaso, en una frase- el espíritu del proyecto: "a contracara del fraude turístico…". Y allí salió al ruedo la Orquesta Típica Los Maestros, en este caso con dirección de Osvaldo Requena, para interpretar una pieza de Carlos García "Al maestro con nostalgia". Fue un momento de alta emotividad, ya que García, quien fuera director de la Orquesta Nacional del Tango e integrante del combo, falleció tres semanas antes del concierto.
Por el escenario se sucedieron los expertos: Oscar Ferrari; Anibal Arias; Atilio Stampone; el nonagenario bandoneonista "Chula" Clausi -quien tocó, hace un par de años, con Los Piojos en el estadio de River Plate-; Alberto Podestá, con una interpretación brillante de "Percal" y Emilio de la Peña.
"La llamo silbando" y "A fuego lento", composiciones de Horacio Salgán, fueron interpretadas por la Orquesta Típica Los Maestros, que para la ocasión reunió al guitarrista Ubaldo De Lío y al bandoneonista Leopoldo Federico luego de algo así como más de… ¡Medio siglo! Salgán estuvo presente en el Colón pero no tocó, apenas se asomó a saludar.
Virginia Luque, una verdadera diva, interpretó "La canción de Buenos Aires", y el cierre de la primera parte llegó con "La Cumparsita". La versión del clásico del uruguayo Gerardo Matos Rodriguez estuvo arreglada y dirigida por el bandoneonísta Carlos Lazzari, e incluyó la participación de algunas parejas de baile, seleccionadas en diversas milongas porteñas.
El arranque de la segunda parte comenzó con "Sueño de tango" y "Retrato de Julio Ahumada", en manos del académico Leopoldo Federico. Llegó, luego, uno de los momentos más intimistas de la velada: la guitarra de Aníbal Arias y el bandoneón del "Marinero" Montes recrearon los viejos patios porteños con una versión exquisita del valsesito criollo "Pedacito de cielo". Ernesto Baffa, con la destacada guitarra de Ubaldo De Lío y el violín exquisito del joven Javier Casalla, mostró su versión de "Chiqué". Juan Carlos Godoy cantó, evocando las épocas del Glostora TangoClub, "La mariposa" y Emilio Balcarce dirigió una versión inolvidable de "Si sos brujo", que trajo de nuevo a las parejas (algunas de ellas bien entradas en años). La selección de los bailarines y la producción artística del área danza estuvo a cargo de Gustavo Ameri.
Virginia Luque volvió a escena con una pluma de boas para interpretar "El patio de la morocha", y Osvaldo Berlingieri se despachó con "A mis viejos" y "Tiempo imaginado". Para el cierre, Mariano Mores interpretó dos de sus más grandes éxitos: "Uno" (compuesto junto a Enrique Santos Discépolo) y "Taquito militar". Y, como bis, sonó "Tanguera".
La imagen del final, inolvidable e irrepetible, reunió a todos los participantes del Café de los Maestros: una punta de años, talento y sabiduría. Ahí estaban Santaolalla y Mozzi, chochos, abrazados a Salgán, al "Chula" Clausi, a Virginia Luque, a Leopoldo Federico, a Mariano Mores… Y todo el Colón, entre aplausos y llanto, rendido a sus pies.
Notas relacionadas
Crítica de El Café de los Maestros, por Fernando D´Addario





