
El cuento del tío hecho film
Santiago Carlos Oves anticipa "Gallito ciego", que se presentará próximamente
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Santiago Carlos Oves repasa fechas mentalmente y estima que en sesenta días tendrá la copia definitiva de "Gallito ciego". Luego de dos meses de filmación en Buenos Aires y Colonia (Uruguay) empezó la posproducción de su cuarta película. Como la meta es estrenar después de las vacaciones de invierno, las reuniones con productores y gente del equipo técnico ocupan casi toda su agenda cotidiana.
Enfrascado en esos compromisos, las horas se le escurren más rápido que el agua entre las manos. Pero está claro que prefiere este ritmo antes que la incertidumbre que vivió hasta definir cuándo comenzaba el rodaje. "Lo fuimos posponiendo porque teníamos otorgado un crédito del Instituto de Cine, pero no salía el dinero. Así pasaron dieciocho meses, o sea que tuve dos embarazos", ironiza el guionista y director, que hasta el momento recibió 260 mil pesos de crédito de los 450 mil que le asignó el Incaa.
Renovado "cuento del tío"
Un artículo periodístico que alertaba sobre nuevas modalidades del famoso "cuento del tío" fue el disparador de esta comedia dramática. El título del film remite a una expresión de la jerga policial referida a la persona que inocentemente cae en una trampa delictiva. En este caso el "gallito ciego" queda ligado a una estafa.
Oves resume la historia en estos términos: "Publican un aviso en el diario, buscan gente joven y prometen una remuneración tentadora. Entre los muchos aspirantes al supuesto empleo, eligen al «candidato». Lo citan en un bar (porque según le dicen están pintando la oficina) y le comunican que el puesto de cadete es suyo. Al pibe le encomiendan el cobro de un cheque al portador, así que tiene que dejar sus datos en el banco. Entrega el dinero cobrado y al día siguiente, cuando vuelve al trabajo, se encuentra con que no queda nada de la supuesta oficina. Y por ese «gallito ciego» queda enganchado con un cheque robado".
El engañado en cuestión es Facundo (Rodrigo de la Serna, en su primer protagónico para el cine), un chico que sale a buscar trabajo por primera vez. Según anticipa Oves, la estafa no es la única trampa a la buena fe del personaje. "El problema es mayor -explica- porque entre el estafador y un policía corrupto que abasteció el cheque -robado en un procedimiento del que participó- hay un cortocircuito: el estafador quiere hacer una «mexicaneada» y dice que el pibe no le entregó el dinero, lo cual complica aún más su situación."
Los artilugios "para enganchar a un «gil» se fueron perfeccionando con el paso del tiempo", analiza Oves, quien además considera que los mecanismos hoy son mucho más crueles. "Antes se especulaba con la ambición de una persona -señala-. Pero ahora es más terrible, porque juegan con la necesidad de trabajo de la gente."
"Gallito ciego" no es "un film de denuncia", pero plantea hechos bien reconocibles, según aclara el realizador. "La película habla sobre un segmento de la juventud que no se droga ni compra o vende «falopa». Facundo es el prototipo del pibe que terminó la secundaria y se da cuenta de que no le queda más remedio que salir a laburar", cuenta el director, que convocó para otros personajes del relato a Gustavo Garzón, Aída Luz, Erika Rivas y Héctor Bidonde.
Otro enfoque
En su descripción del protagonista, Oves acentúa el hecho de que no consume drogas. ¿A qué obedece el subrayado? "Parecería ser que todo film que hable de la juventud tiene que referirse a chicos que fuman porro o aspiran cocaína -responde-. No digo que esa visión no sea válida o esté mal. Películas como «Pizza, birra, faso» son muy reales. Pero me pregunté por qué no hablar de los que no se drogan. Porque la sociedad no sólo excluye al que es marginal: también a quien tiene condiciones de no serlo. Al pibe que termina la secundaria y hace bien las cosas lo joroban igual que al otro."
Si esta historia está dirigida a espectadores jóvenes es una incógnita que su director y guionista no puede despejar. "Lo determinará el mercado", dice. "Que habla sobre ellos, sin duda -agrega-, porque la idea de esta película también se alimenta de lo que veo cuando mi hija sale a buscar trabajo. Mi generación no pasó por situaciones como las que refleja «Gallito ciego» porque teníamos laburo. Pero hoy los pibes no consiguen empleo ni pueden laburar de lo que quieren ser."
Oves se pregunta cuántos jóvenes verán diluirse a diario sus ilusiones de tener un empleo, cobrar un sueldo y poder llevar unos pesos a sus hogares. Y se responde a sí mismo con un suspiro y un silencio más elocuente que cualquier palabra. Después dirá que en ese contexto se mueven las criaturas de su nuevo largometraje, y que ninguna de ellas "baja línea sobre nada". Pero cuenta que todas, de alguna forma y a su manera, quieren huir del país.
Final con esperanza
De todos modos, el coguionista de "Sol de otoño" (de Eduardo Mignogna) asegura que "algo de esperanzador hay" en el final de "Gallito ciego", cuando el protagonista y su compañera ya están en Colonia. "Aunque no creo que como salida colectiva haya una esperanza clara en una generación -concluye-, considero que uno debe propender a que la gente pueda rescatar algunas cosas que aún existen. Facundo quiere a una chica y eso es importante. Mi generación, que hablaba de la revolución de todos, ahora se conforma con que por lo menos alguien quiera a alguien. Por otro lado, es importante mantener la nobleza, ser digno y querer componer las cosas. En ese sentido, Facundo coloca a ciertos personajes en determinado lugar y él también se coloca en un lugar. Después de todo, crece; eso también es esperanzador."
Todo por un millón
"Gallito ciego" demandará un presupuesto aproximado de un millón doscientos mil pesos. "No hay películas más baratas. En nuestro país el costo real de una producción ronda esa cifra. Hay films más caros, pero el costo promedio es ese", afirma Santiago Carlos Oves.
Para este cineasta, que ingresó hace cuatro décadas en la industria como pizarrero y filmó su primer largometraje -"Revancha de un amigo"- a mediados de los 80, la cuestión pasa por la forma de plantear una producción. "A veces algunos colegas se van de boca y dicen «hice la película con cien mil dólares». Pero resulta que filman con quince amigos que los ayudan y cinco actores; les pagan a algunos y el resto trabaja «de onda». Eso implica un costo. Cuando se empieza a sumar todo lo que se dio a esa película, uno se va a encontrar con un presupuesto de setecientos u ochocientos mil dólares, así que las cosas no son como dicen esos colegas", concluye el director de "El verso" y "Asesinato a distancia".
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