
A finales de enero comenzó un juicio a Vladimiro Montesinos en el que se le acusa de haber enviado diez mil fusiles AKM jordanos a la guerrilla colombiana de las Farc. Se cree que la CIA está involucrada.
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Con seguridad este sera el juicio del año en Perú. Quizá en Colombia también, falta ver qué ocurre con Simón Trinidad, pero por ahora la prensa de ambos países está concentrada de nuevo en Vladimiro Montesinos, el ex jefe del servicio de inteligencia peruano durante 1990 y 2000, durante el gobierno de Alberto Fujimori.
Los juicios a Montesinos [que enfrenta la módica suma de setenta procesos] se han convertido en el pan de cada día de los peruanos, sin embargo este es diferente. Ahora se le acusa de haberle entregado 10.000 fusiles AKM jordanos a la guerrilla colombiana de las Farc. Las armas, que fueron lanzadas en paracaídas sobre una zona de la amazonia colombiana, cayeron en tres cargamentos durante el primer semestre de 1999.
Este es, de lejos, el proceso más grave en contra de Montesinos. De ser hallado culpable recibiría una condena de veinte años de cárcel, la más drástica de las cinco que han recaído sobre él hasta ahora.
Según los jordanos, el negocio parecía legal, ya que de acuerdo con los contratos suscritos entre fines de 1998 y julio de 1999, las armas serían destinadas al ejército peruano. Al fin y al cabo, no era un secreto en esa época que Perú se quería rearmar tras su derrota en el conflicto con Ecuador de 1995.
Sin embargo Montesinos, según se cree, había enviado a dos hermanos, José Luis y Frank Aybar Cancho a negociar con Tomás Medina, alias "El Negro Acacio", comandante del frente 16 de las Farc, la entrega de las armas. La compra –según el testimonio que dio a la DEA el guerrillero desertor Jair González Loaiza– la habrían financiado con dinero proveniente de tres narcotraficantes brasileños, quienes entregaron ocho millones de dólares a las Farc a cambio de 20 toneladas de cocaína. Sin embargo, esto es apenas la punta del iceberg. Las hipótesis que maneja la procuraduría peruana apuntan a que quizá no fue una treta del oscuro jefe de inteligencia peruano para ganar un dinero extra, sino que estuvo amparado por la CIA.
¿Y de la CIA qué?
Ronald Gamarra, un esmirriado abogado del estado peruano, que no supera los 45 años, se convirtió en un protagonista de la lucha contra la corrupción que se libra en Perú desde la caída de Fujimori a fines de 2000. Según él, luego de dos años de estudiar el caso, está seguro de que la CIA posee la clave para desentrañar el misterio de las armas. "Montesinos no hubiera corrido el riesgo de ser descubierto, a menos que se hubiera sentido protegido por un organismo extranjero importante, al que se sabe estaba vinculado desde cuando era militar", declaró Gamarra al diario El Comercio de Lima la víspera del juicio.
La intención del ex hombre fuerte de Perú era, según Gamarra, "congraciarse una vez más con la CIA", y según declaraciones del procurador especial Luis Vargas a la cadena RCN de Colombia, la intención de la CIA era demostrar que las Farc seguían armándose en forma paralela al proceso de paz y así "endurecer la posición de Estados Unidos para favorecer la aprobación del Plan Colombia", la estrategia antidrogas que le ha permitido a este país recibir de Washington una ayuda de 2,6 millones de dólares.
Nuestro hombre en Perú
La vinculación del ex espía Vladimiro Montesinos con la CIA se remonta a la década del 70 cuando, siendo capitán del ejército, fue acusado de traición a la patria y estuvo detenido por vender información militar sobre el armamento soviético que Perú adquiría.
Todo ese pasado se borró cuando Montesinos se convirtió en la mano derecha de Fujimori y pasó a controlar a las fuerzas armadas y que con cuya cúpula organizó una red de corrupción.
La dimensión de su poder real era tal, que la embajada de Estados Unidos en Lima sabía que si quería solucionar cualquier impase había que pasar por las oficinas de Montesinos.
Pero a medida que creció su poder se acrecentaron las disputas en Washington entre el departamento de Estado y las CIA y la DEA sobre la conveniencia de tener como enlace a un personaje tan controversial sobre quien llovían sospechas de corrupción.
Perú es, junto a Bolivia y Colombia, uno de los tres principales productores mundiales de hoja de coca, materia prima de la cocaína. Durante la década del 90 la producción cayó notablemente en Perú, reduciéndose a menos de la mitad [50.000 hectáreas]. Los logros se atribuyeron a Fujimori y su mano derecha.
Al final primó el oportunismo en una muestra más de la doble moral estadounidense: si Montesinos contribuía a los esfuerzos de Estados Unidos por reducir el narcotráfico y el terrorismo en Perú, Washington no le pondría luz roja a sus actividades al margen de la ley, que ya eran denunciadas por la prensa desde mediados de los 90.
¿Dónde están los gringos?
Según Gamarra, el proceso contra Montesinos no se ve fácil. No sólo porque podría durar unos cinco meses, a un ritmo de dos audiencias por semana, sino porque la ayuda de parte de las autoridades jordanas y estadounidenses ha sido casi nula.
Sin embargo el juicio podría dar un giro inesperado si Estados Unidos solicita extraditar a Montesinos bajo el pretexto de que se trata de un caso de terrorismo internacional en el que además están envueltos narcotraficantes y vendedores de armas afincados en norteamérica. El rumor circuló profusamente luego de que el tribunal que lo juzga aprobara el pedido de la defensa de Montesinos para que el jefe de la CIA, George Tenet, compareciera como testigo.
Finalmente, en Miami el FBI había investigado el caso a raíz de la participación en la operación de dos vendedores de armas con residencia en suelo americano: Sarkis Soghanalian, el mundialmente famoso "mercader de la muerte", de origen libanés, y el francés Charles Acelor, que tiene en Miami su centro de operaciones.
Soghanalian está libre en Estados Unidos y se dice que habría llegado a un acuerdo con las autoridades norteamericanas, que no lo capturan a pesar de los pedidos de la justicia peruana a Interpol. Acelor tuvo menos suerte y lleva preso en Lima más de un año tras ser extraditado de Alemania en 2002. El gobierno peruano, a través del propio presidente Alejandro Toledo, evocó la posibilidad de una extradición durante una visita a Estados Unidos.
La CIA en el estrado
Dos días después que el tribunal aceptara el pedido de Montesinos para escuchar a Tenet, la embajada de Estados Unidos en Lima desmintió la participación de esa institución en el tráfico de armas. "Cualquier afirmación o insinuación de la implicación de una agencia del gobierno de Estados Unidos en este tráfico de armas o de drogas al cual hace referencia este proceso, carece de fundamento", indicó un escueto comunicado de la representación diplomática.
El tribunal también citó a Robert Gorelick y Thomas Sánchez, quienes se desempeñaron en la época de los hechos como responsable de la CIA en Lima y primer secretario de la embajada norteamericana respectivamente, y cuyos testimonios –de llegar– podrían ser enviados por escrito o vía teleconferencia.
El juicio se desarrolla en un recinto acondicionado para la ocasión, en la base naval del puerto del Callao, vecino a Lima, donde Montesinos está recluido desde junio de 2001. Un enorme vidrio separa el gran salón donde están los magistrados, abogados y reos, del tropel de periodistas que cubre las incidencias del juicio. Es verano y la temperatura bordea los 30 grados centígrados.
Un par de ventiladores aportan un poco de aire fresco en medio del tedio, el bochorno y la modorra que se instalan en el ambiente. Cada audiencia dura al menos seis horas. La fatiga y la deshidratación, frecuentes en este lugar, son las mejores armas extrajudiciales de Montesinos que, en el verano de 2003 se desmayó en plena audiencia [en un proceso por tráfico de influencias] y frente a las cámaras de televisión. Su desvanecimiento obligó a suspender la sesión por varios días. Desde entonces un par de médicos lo examina previamente, midiendo su presión arterial.
De acusador a acusado
Como en los otros juicios, Montesinos viste camisa de seda Christian Dior, y un ligero tinte disimula su cabello canoso. Su estrategia sigue siendo la misma: permanece en silencio alegando que no se le respeta el debido proceso.
Han pasado 40 meses desde que el 21 de agosto de 2000, un poderoso Vladimiro Montesinos flanqueado por el presidente Alberto Fujimori, denunció el tráfico de armas a favor de las Farc.
Sería el principio del fin del tercer gobierno de Fujimori. Ese día anunciaron que los servicios de inteligencia locales desmantelaron una banda internacional comandada por peruanos que había arrojado armas a las Farc desde un avión.
Lo que parecía un éxito en Lima despertó la cólera inmediata en Bogotá. En el palacio de Nariño, el mandatario Andrés Pastrana y su canciller Guillermo Fernández de Soto no daban crédito a lo que oían. Su indignación tenía sólidas bases.
No sólo Perú no les advirtió con antelación, sino que ellos tenían pruebas de que habían sido militares colombianos quienes descubrieron el tráfico antes que los peruanos. Incluso avisaron a la CIA para dar con la punta de la madeja. El hilo los llevó a Lima a principios de agosto de 2000. Una delegación encabezada por Robert Gorelick visitó a Montesinos para darle la [mala] nueva mostrándole copia de los contratos suscritos en Jordania por supuestos militares peruanos.
Sin embargo el caso se volvió contra Montesinos cuando los hermanos Aybar dijeron que él estaba al tanto de todo. Tras la caída del Fujimori, las nuevas autoridades revelaron que habían encontrado pruebas de la culpabilidad del ex jefe de inteligencia en el tráfico de armas.
La conexión francesa
Uno de los acusados, el francés Charles Acelor, 54 años, quien ofició de nexo entre los emisarios peruanos y Soghanalian –y clama ser ajeno a la triangulación–, elaboró su propia teoría desde la cárcel. El negocio, según él, era legal, pues fue aprobado por el representante de la CIA en Amman. Ninguna venta de armas en medio oriente, un país que mantiene buenas relaciones con Estados Unidos, se realiza a sus espaldas, asevera. "Así como los servicios secretos franceses están al tanto de cualquier venta de armas que efectúan los países africanos que fueron sus colonias, porque es su zona de influencia política, los servicios secretos americanos conocen quién y qué se compra en América Latina".
Su hipótesis es que Washington aprovechó el escándalo para darle una patada en el trasero a Fujimori-Montesinos y quitarles su apoyo, en un momento en que se acercaba la segunda reelección del peruano. Tres semanas después, la difusión de un video donde se ve a Montesinos comprando congresistas precipitó el derrumbe del régimen. En noviembre, Fujimori huyó a Tokio, desde donde dimitió por fax. De ser cierta la teoría de Acelor, eso significaría una vez más que Estados Unidos se salió con la suya.
Por Luis Jaime Cisneros






