El estilo Las Vegas de Gerardo Sofovich

"Hacete la América", programa de entretenimientos. Una creación de Gerardo Sofovich. Participación: Laura "Pan Am" Franco. Domingos, a las 20, por América. Nuestra opinión: Regular
(0)
21 de octubre de 2000  

"Hacete la América" fue un producto generado por Gerardo Sofovich a la manera de "La noche del domingo" pero sin su presencia. Para la conducción había elegido a Berugo Carámbula. Sin embargo, en los dos envíos que lo tuvieron como animador no pareció moverse con la soltura y el ritmo que el producto le demandaba.

"Hacete la América" es un ciclo hecho a la medida de su creador, Gerardo Sofovich, y no según la personalidad de cualquier otro conductor. Ya desde la apertura, una fantasía al estilo de Las Vegas marca un rumbo que se completa con una escenografía de luces, cartón pintado y cortinas drapeadas de color plateado. Los muchachos robustos y las lindas chicas -siempre con vestuario generoso para exhibir los cuerpos- son también parte del paisaje de los hoteles y sus alrededores en la ciudad internacional del juego. Entonces, esos chicos y chicas tampoco podían faltar en "Hacete la América".

Y cuanto más se sigue con los contenidos del ciclo, más se remite a la personalidad de Gerardo Sofovich. Amante de la ópera, incluye entre uno de los juegos de preguntas y respuestas la actuación de un dúo de tenores que interpretan un aria. Los participantes deben responder a qué obra pertenece, o cómo se titula, o quién es su compositor. Para un apostador confeso como él cualquier elemento puede ser motivo de una compulsa: cuántas latas se pueden tirar con una pelotita, qué tan exacto se puede ser al cortar una manzana por la mitad, cuánto pesa la ropa de una mujer que luego hará un streap-tease light para obtener el peso de sus prendas.

De sus ciclos anteriores Gerardo Sofovich incluye en "Hacete la América" interrogantes con animales -presentes en el estudio- y la típica rueda de preguntas y respuestas de cultura e información general. Sofovich es un hombre enterado. Por eso esa última sección es parte de su programa. Lo que sorprende de este segmento, no es ya de su responsabilidad. En una de las emisiones, según los participantes: De la Rúa tiene sólo dos hijos, Greta Garbo es alemana, la capital de Egipto es Damasco, Federico Storani fue designado secretario general de la Presidencia, el hipopótamo es carnívoro, Fidel Castro está en el poder desde 1969, Rodin es un novelista francés, el Támesis divide la ciudad de Roma e Hipólito Yrigoyen fue el fundador de la Unión Cívica Radical.

Para descartar cualquier intento de asociar la convocatoria del programa con un determinado grupo sociocultural es necesario aclarar que, entre los participantes, había una abogada. Hasta en Sofovich se notaba fastidio por la sucesión de respuestas erradas. Lo que esto pone de manifiesto es, tal vez, que los participantes que van a jugar a "Hacete la América" no consideran necesario tener ciertos conocimientos de cultura general. Tal como con la máquina tragamonedas, basta con girar una palanca para ganar -en la vida real, perder- algo de dinero.

Idas y venidas

Lo cierto es que a partir de la conducción de Gerardo Sofovich, el programa parece tomar forma en muchos sentidos. Un ejemplo: a partir de su intervención quedó claro para el espectador cuándo, cuántos y por qué se adjudican los puntos. Además, Sofovich en persona logra un ritmo que difícilmente podía inyectarle al programa siendo tan sólo una voz en off, como lo hizo en primeros envíos.

La participación de Pan Am, ahora con vestuario adecuado a su rol de coconductora, no deja de ser acertada. Sin embargo, otros adláteres del conductor le restan a la propuesta. No resulta ideal la tosquedad de la expresión -tampoco ayudan sus dichos poco felices- de Fátima, la locutora. Además, atenta contra el programa una dirección de cámaras perezosa, ajena a la acción del piso. Tampoco se encuentra efectividad ni sentido a las intervenciones de humoristas que interpretan a un canillita o a un dudoso dúo de flamenco. De la suma de un comienzo fallido, más unos decorados que pueden ser mejores, más colaboradores que restan en lugar de aportar, resulta un programa que no alcanza a ser el producto homogéneo que bien podría haber generado Gerardo Sofovich, una persona cuestionada política y judicialmente, pero también un hombre con varias décadas de experiencia y éxitos en la televisión argentina.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.