El fabricante de monstruos y caras
Hizo el diseño de maquillaje del monstruo de El joven Frankenstein , pero comenzó con Mamá Cora
1 minuto de lectura'
Desde hace 30 años desarrolla un trabajo sumamente artesanal. Pero lo suyo no tiene una pequeña divulgación sino que, por el contrario, puede apreciarse en la televisión, el cine y el teatro. Alex Mathews es un especialista en maquillaje, caracterización y efectos especiales. Su último trabajo forma parte de la producción de El joven Frankenstein . El es quien diseñó, precisamente, la máscara del monstruo que Omar Calicchio porta con gran soltura.
Pero la historia de Mathews -que él desanda con suma sencillez y de manera entrañable- comienza cuando era niño. Entonces, los lápices, las pinturas, los colores, le producían una profunda fascinación. Como creció en los años 60, en tiempo de los Beatles, con sus hermanos formó una banda -Los cables pelados- que produjo Lito Nebbia y con la que frecuentaban ciertos programas de televisión.
Ese mundo comenzó a inquietarlo. Adepto, además, a las series de Narciso Ibáñez Menta que se emitían por Canal 9 y a ciertas películas de Universal que aproximaban algunos clásicos del terror, comenzó a preguntarle a los creativos del canal cómo hacían para generar ese mundo de efectos especiales que tanto conmovía a los espectadores.
Al poco tiempo y de la mano del maquillador Horacio Pisani ingresó en ese campo. De chico había crecido en los Estados Unidos por lo que manejaba muy bien el inglés. Y en 1982 viajó a Nueva York, donde se especializó en la producción de caracterización y maquillaje prostético con Dick Smith, un reconocido efectista que, entre otros, participó de los films El exorcista, Estados alterados y El ansia .
De regreso a la Argentina, Mathew comenzó a desarrollar su tarea en el cine. Sus primeras películas: Misteriosa Buenos Aires y Tiempo de revancha . Desde entonces no ha parado de trabajar. Tanto, que se ha consolidado mucho como artesano y, además, ha creado toda una línea de productos que le han permitido desarrollarse con más creatividad en su campo.
"El inicio de mi trabajo está en la caracterización de Mamá Cora, en Esperando la carroza, que hizo Antonio Gasalla, dirigido por Alejandro Doria. Nunca se había intentado ese tipo de trabajo sobre el rostro de un varón. En esta profesión hay dos cosas que te llevan de la mano: el guión, la historia, es lo primero y luego la mirada que el director le impone a esa historia. Pero hay algo más, y es muy importante: el actor con el que trabajas. Es cierto que lo que ve el espectador es la imagen que vos creaste pero, si el actor no le pone un interior potente, no le encuentra la corporalidad que necesita, esa imagen no llegará a tener la trascendencia que merece".
-¿Por qué hacés tanto hincapié en que se trata de un trabajo muy artesanal? ¿No buscás, por ejemplo, imágenes en tu computadora o no construís en ese espacio?
-No lo hago, aunque podría. Lo bueno de este trabajo es que parece del 1700. Básicamente desarrollás una tarea manual, de escultor. Eso es lo que nos diferencia.
-¿Te divierte buscar el envejecimiento, la deformación, lo horrible en un rostro, por ejemplo?
-Soy hijo de cirujano y conozco un poquito eso de meterte en el cuerpo del otro. Lo que me gusta es el reto que me produce buscar el hiperrealismo. Replicar o imitar la naturaleza. En eso hay algo de jugar a ser Dios, de buscar la perfección. La creación está hecha e imitar eso y que otra persona no reconozca la diferencia, eso es muy importante y, a la vez, gratificante. Que además sea algo artístico y que esté en función de contar una historia, eso le da un complemento mayor. Me ha tocado hacer mucha violencia en cine, pero nunca busqué el golpe bajo y fijate que allí se podría hacer fácilmente. Pero prefiero la sorpresa, quiero que la gente se maraville".






