
El fin de la seducción
Brigitte Bardot, Jane Fonda y Catherine Deneuve fueron sus mujeres y, al mismo tiempo, los mejores descubrimientos de este cineasta francés, que falleció en París, a los 72 años.
1 minuto de lectura'
PARIS (AFP).- El cineasta francés Roger Vadim falleció ayer en esta ciudad, a los 72 años. Las informaciones no dan cuenta de las causas del deceso del realizador, que lanzó al estrellato a figuras de tanto renombre internacional como Brigitte Bardot, Catherine Deneuve y Jane Fonda, entre otras.
* * *
La temática de Roger Vadim, registrada en una filmografía que abarca aproximadamente veinticinco títulos, transitó por un mundo de pequeñas bestias sexuales cuya mayor finalidad era la agresión contra las costumbres pequeñoburguesas. Sus historias rondaban una dominante erótica y amoral -no inmoral, según acotaron varios críticos franceses- y mostraban, a veces con cierta elementalidad, el escaso valor de la justicia en un mundo cada vez más mercantilizado y sujeto a represiones y conflictos.
Roger Vadim Plemiannikov, tal su nombre completo, había nacido el 26 de enero de 1928 en París, de padre diplomático y madre con una vocación de actriz no realizada. Siendo casi un adolescente, y ya atraído por el mundo del teatro, se presentó a los cursos de Charles Dullin junto a otros cincuenta candidatos, de los que sólo dos se recibieron: Vadim y el futuro mimo Marcel Marceau.
En 1947 debutó como actor teatral, luego se desempeñó como asistente del director Marc Allégret, y de 1953 a 1955 trabajó como periodista para la revista París-Match. Sin embargo, el cine ya era un imperativo en su existencia y en 1952, entre algunos proyectos por rodar y muchos deseos de éxito, se casó con Brigitte Bardot, una estrella en ascenso que él, cuatro años después, la convirtió en refulgente estrella internacional en su película "Y Dios creó a la mujer". El film escandalizó a la crítica y al público y, al mismo tiempo, catapultó el nombre de Roger Vadim y el de su muy joven esposa y estrella.
Exitos y fracasos
Desde ese momento la carrera de Roger Vadim tuvo sus ascensos y descensos. En la década del sesenta algunos críticos despistados lo consideraron un representante del "nuevo cine" francés. Sin embargo, pronto prevaleció la idea de que en él coincidían las dotes definitorias de un excelente empresario, un productor capaz de edificar prestigios mitológicos de tan intenso poder como Brigitte Bardot y, de concretar empresas tan inteligentemente publicitadas como sus films "Las relaciones peligrosas" o "El reposo del guerrero", que poco tuvieron de excelencia.
Acaso su personalidad haya sido una de las más complejas de la cinematografía francesa, ya que aquel fino instinto comercial fue unido en él a un indiscutido dominio de ciertos resortes del lenguaje cinematográfico, y sobre todo, a un curioso sentido estético en la composición de sus encuadres, al amparo del cual solía infundir a sus películas una belleza visual honda y envolvente.
En 1958, y ya con un andamiaje publicitario volcado a su favor, Roger Vadim dirigió "Las relaciones peligrosas", con Gerard Philippe, que logró más escándalos que aplausos y por la cual la crítica le reprochó nuevamente que atentara contra las buenas costumbres. El cineasta respondía que tenía su derecho de criticar la moral de una sociedad que rechaza los tabúes.
Su trayectoria, por la que recorrieron títulos venerados por algunos y denostados por otros -entre ellos "La ronda", "A rienda suelta", "Si Don Juan fuese mujer", "Rosa de sangre", "El vicio y la virtud", "Un castillo en Suecia", "El engaño"- fue caótica y tuvo no pocos fracasos. A menudo se le reprochó su dispersión, su trabajo superficial o mal terminado y, en última instancia, su talento desperdiciado.
A mediados de la década del sesenta, Vadim conoció a Jane Fonda, una actriz que ya estaba consolidada como inteligente y popular en los Estados Unidos, y en Francia rodaron el film, "Barbarella", un relato de ciencia-ficción que sirvió, a su vez, para comenzar entre ambos un promocionado romance que duró tres años.
Vadim intentaba en cada emprendimiento cinematográfico una nueva variedad en torno de sus permanentes obsesiones: el sexo, la infidelidad, las pasiones desatadas y la furia de los celos. Pero sus guiones carecían de verdad y de vigor. Así, su cine fue cayendo cada vez más en lo rutinario y, para algunos espectadores, en una audacia que los tiempos modernos fueron transformando en simple candidez.
Ellas, siempre ellas
Más que por sus películas, la fama internacional de Roger Vadim se dio a través de sus resonantes romances. Brigitte Bardot, a la que lanzó al estrellato; Catherine Deneuve, que conoció siendo ella ya una actriz consagrada, y Jane Fonda, a la que Vadim también le dio el espaldarazo para que pudiese acceder a la pantalla grande, lo convirtieron en un seductor internacional.
Nada modesto, por cierto, el cineasta solía decir que ninguna de las tres habrían podido acceder a la fama si él no hubiese formado parte de sus vidas. Otra de sus grandes conquistas fue la actriz norteamericana Angie Dickinson.
En su biografía titulada "De una estrella a la otra", Vadim trazó un retrato unidimensional de sus ex compañeras, a las que describe como débiles e inseguras hasta que él se molestó en conducirlas a la celebridad. Al publicarse este libro, un escándalo -otro más en la vida de Vadim- conmocionó a la prensa mundial.
Su camino como director se fue apagando. En 1988 dirigió una versión años ochenta de "Y Dios creó a la mujer", que pasó casi inadvertida para el gran público.
Posteriormente realizó algunas puestas en escena de obras teatrales de autores clásicos y contemporáneos, y se dedicó a realizar varios telefilms con la actriz Marie-Christine Barrault, su esposa desde 1990. El último de ellos, "Un toque de varita mágica" (1997), era una comedia sobre las familias divididas, un tema que, a esas alturas de su vida, él convertiría en canto de cisne. Roger Vadim tuvo cuatro hijos, todos ellos de uniones diferentes.




