De vuelta en los Rankings con un álbum de grandes éxitos, Yusuf Islam (conocido como Cat Stevens) habla sobre la música que hizo en los 70 y su conversión al islamismo.
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Mas de veinte años después de que rehusara las mieles del estrellato rockero para abrazar la fe islámica, Cat Stevens está de nuevo en el aire. Sus canciones forman parte de la banda de sonido de películas como Tres son multitud [Wes Anderson, 1998] y Almost Famous [Cameron Crowe, 2000], y su nombre se menciona como uno de "los cinco artistas más famosos de todos los tiempos" en Alta fidelidad [Stephen Frears, 2000]. Los álbumes clásicos que consagraron a Stevens como exótico trovador de los 70 –Tea for the Tillerman, Catch Bull at Four– han sido reeditados hace poco.
El hombre al que el mundo conoció como Cat Stevens nació como Steven Demetri Georgiou en Londres, el 21 de julio de 1947. En 1977 se declaró musulmán y adoptó un nuevo nombre: Yusuf Islam, en honor a su fe recién descubierta. Su transformación comenzó, explica, después de casi morir ahogado en Malibú, en 1975. Recuerda haber jurado que, si se salvaba, se dedicaría a servir a Dios; pero apenas una ola lo depositó sano y salvo en tierra, advirtió que no sabía qué servicio sería el apropiado. La respuesta llegó cuando su hermano, David, le regaló para su cumpleaños el Corán, el libro sagrado de los musulmanes.
En 1989, muchos pegaron un respingo al enterarse de que el poeta autor de "Peace Train" [Tren de paz] adhería a la condena [fatwa] impuesta por el Ayatollah, que llamaba a matar a Salman Rushdie por considerar blasfema su novela Los versos satánicos. Pero, a los 53 años, Yusuf Islam tiene más bien el aspecto de un profesor ligeramente chiflado, no el de un hombre rencoroso lleno de odio. Hablé con él en Londres; conversamos acerca de su infancia en el West End londinense y su crianza en el piso de arriba del café de sus padres, el Moulin Rouge; su éxito adolescente en la Inglaterra de los años 60, cuando grabó joyas como "Matthew and Son"; el estar al borde de la muerte, víctima de tuberculosis; sus años de superestrella, y su conversión religiosa.
–Para mencionar el pecado previo a la salvación: ¿llevabas una vida loca en tus años de estrella del pop, antes de contraer tuberculosis?
–Hay épocas, lo digo francamente, que quisiera olvidar. En especial los primeros tiempos, cuando yo era una especie de producto de los años 60: un jovencito vestido de terciopelo tratando de conseguir fama. El negocio del pop, aunque parece muy liberal, se maneja con límites estrictos que tenés que respetar. Y yo trataba de quitarme los grilletes. Empecé a tomar alcohol, y a hacer antes de un show lo que la mayoría hace después. A veces aprendía nuevos trucos de Engelbert Humperdinck. [En 1967, Stevens formó parte de una gira inverosímil que reunía, entre otros, a Humperdinck y a Jimi Hendrix.] El me enseñó a tomar oporto y brandy. Y las otras sustancias, creo, las aprendí de Hendrix. Fue una época muy, muy agotadora para mi salud, y a la larga terminó fundiéndome.
–Las canciones que compusiste tras recuperarte de la tuberculosis tenían un sonido y una actitud de búsqueda más profundos. Algunas, de hecho, parecían estar signadas por la muerte; como, "But I Might Die Tonight" [Pero podría morir esta noche].
–Esto tiene que ver con el período en el que estuve en el hospital y experimenté mi primer roce con la muerte. Estaba cerca de irme de este mundo y de viajar quién sabe adónde. Canciones como "But I Might Die Tonight" y "On the Road to Find Out" [En el camino de averiguar] reflejaban el interés de mi generación por encontrar más respuestas. Tal vez lo que nos habían dicho era lo que decía la Iglesia. Ahora nos dicen lo que dice la ciencia. Hemos escuchado lo que los gurúes tienen para decir. Buscábamos una nueva respuesta para algunas preguntas que no nos quedaban claras.
–¿Eras realmente el dulce trovador que sugería tu imagen?
–Siempre estaba ansioso por ser el mejor. Era un tipo un poco difícil, y no precisamente la clase de trovador pacifista que ustedes deben haberse pintado… y ésa fue la paradoja. No sabía a qué continente pertenecía, ni a qué mundo. Y ahí estaba mi yo interior, buscando seguridad en este universo loco, caótico y a veces misterioso.
–Por favor, aclaremos algunas malinterpretaciones acerca de tu conversión al islamismo.
–Yo estaba dispuesto a vender todos mis instrumentos y donar el dinero a obras de caridad. La gente comenzó a inventar historias, y de golpe yo había donado todo mi patrimonio, me había ido a Irán y mendigaba en las calles… La gente creó esas imágenes de mí. Yo había encontrado la paz, pero nadie pudo expresar esa paz a través de los medios de comunicación.
–¿Qué lecciones te dejó la controversia sobre "Los versos satánicos"?
–Como yo era famoso y me había hecho musulmán, ante cualquier cosa que sucediera en el mundo musulmán me pedían que hiciera algún comentario. Y yo soy sólo un novicio. Cuando apareció el asunto de Los versos satánicos, alguien me avisó que saldría ese libro y me preguntó si firmaría una solicitada en contra de la editorial. Eso fue lo que hicimos. De pronto, aparecieron las fatwas. Yo vivía en Londres y me preguntaron: "¿Esa es la posición del Islam con respecto a la blasfemia?". Yo había estudiado suficiente como para saber que podía citar textos religiosos del Corán de los cuales existen diferentes opiniones. Pero contesté: "Bueno, sí, eso es lo que dice". Al día siguiente, los diarios anunciaron: cat declara que hay que matar a rushdie. Me horroricé. Intenté aclarar las cosas, pero nadie quiso escucharme. No sabía cómo reaccionar. No tenía un agente de prensa que me protegiera. Creo que fui un tanto naïve. Debería haber pensado dos veces antes de contestar.
–¿Supiste de las protestas que sucedieron entonces? Gente que rompía tus discos, y los 10.000 Maniacs quitando de su álbum ["In My Tribe", 1987] su versión de "Peace Train" …
–Me contaron que había gente en Los Angeles pasando un rodillo de vapor sobre mis discos. Pensé: "Qué cosa más extraña".
–¿Qué opinás hoy acerca de los límites de la expresión artística?
–El problema en una sociedad que cree en la libertad absoluta es que vive en un sueño, porque no existe tal cosa. Nunca ha existido una época en la que la gente no se haya visto obligada a cumplir con ciertas reglas. Las personas olvidaron que junto con la libertad viene la responsabilidad, y que liberación y libertad son palabras diferentes. Vos podés liberarte de los errores, liberarte del crimen, pero debés imponer algunas reglas para estar allí. De otro modo, ¿por qué no abrir las prisiones y dejar que salgan fuera todos los criminales, si realmente creés en la libertad?
–Hoy, ¿cómo ve Yusuf Islam a Cat Stevens?
–Veo mi vida como una progresión. Es como mirar fotos que te avergüenzan, en las que tenés un corte de pelo ridículo, o algo así. Tendés a sentirte humillado… pero, en verdad, hoy no me siento tan así cuando observo mi pasado. Estoy relajado. Lo veo como un archivo abierto, para que la gente lo lea.



