
El intocable de la música
Es un instrumento que se llama theremin, creado en 1919
1 minuto de lectura'

Por definición, resultaría casi perfecto para una adivinanza. Es el instrumento musical electrónico que suena, pero que no se toca. Sin embargo, falla en el golpe de efecto que todo acertijo debe tener por un pequeño detalle: casi nadie lo conoce.
La historia misma del theremin es tan curiosa como su naturaleza: inventado en 1919 por el científico ruso Lev Termen (más tarde se cambiaría el nombre por el de Leon Theremin), nació como un símbolo futurista sonoro, subsistió como herramienta para efectos especiales del cine y terminó como objeto de culto para una pequeña cofradía inconexa de músicos experimentales alrededor del mundo. Y algo más raro todavía: acabó protagonizando (subliminalmente, eso sí) la intrigante película de una directora salteña llamada Lucrecia Martel, La niña santa.
Sí, el theremin es extraño por naturaleza. Básicamente consiste en una caja con dos antenas: una controla el volumen y la otra el tono. A partir de un principio de ondas similar al de una radio, se ejecuta moviendo las manos alrededor de esas antenas, sin tocarlas, sistema que confiere al músico thereminista una postura y unos movimientos casi teatrales, solemnes. Al no haber clavijas ni trastes donde marcar cada nota con precisión, resulta bastante difícil mantener una escala afinada.
Hoy, cualquier abonado al cable que mire de vez en cuando la MTV está acostumbrado a cosas extravagantes. Pero para imaginar el impacto que este misterioso cajón con antenas pudo haber causado en aquel comienzo de siglo, basta recordar que la música electrónica se afirmó recientemente (no sin cierta resistencia) en la cultura popular. Ochenta años atrás, el theremin habrá parecido de otro planeta.
El cine, un aliado
Y justamente esa impresión fue la que determinó su posterior uso. Mientras Theremin soñaba a su invento electrónico como el futuro de la música, al público le costó verlo como algo más que una curiosidad. El aparato nunca se estableció como un instrumento más entre cuerdas, vientos, teclas y percusiones, pero sí tuvo su época de gloria en Hollywood, donde se lo utilizó para representar el sonido de platos voladores y ambientar escenas de suspenso.
Sólo en los años 60 y 70 bandas de rock como Led Zeppelin y los Beach Boys rescataron al theremin del olvido y se lo presentaron a nuevas generaciones de oídos abiertos a la música experimental. Sin embargo, lo concreto es que desde los años 50 el instrumento no dejó de fabricarse gracias a uno de sus mayores difusores globales: el genio de los sintetizadores Robert Moog. Precisamente un modelo con la firma de Moog es el de Manuel Schaller, músico argentino de 35 años que lo ejecuta desde hace un lustro y que es su referente más visible en el país. Sobre todo desde que se estrenó La niña santa, mencionado film de Martel, donde se lo observa en varios momentos con su peculiar instrumento.
"Parece que Lucrecia conoció el theremin en Francia y tuvo la idea de incluirlo en una de sus películas. Me llamaron para grabar la banda de sonido y me filmaron para que el actor imitara los movimientos al tocarlo. Pero cuando Lucrecia me vio, prefirió que actuara yo", cuenta Schaller, que realmente dio muy bien para el papel del misterioso hombre del cajón con antenas.
De formación académica en canto, guitarra, piano y otras cuestiones, este sucesor de Leon Theremin (que falleció en la década pasada, cerca de cumplir 100 años) no sólo se dejó ver en la pantalla grande. Además de participar como invitado de distintas bandas desde el rock hasta la música electrónica y de tocar en el Colón, integra el Sexteto Irreal, una especie de superbanda alternativa con artistas como Christian Basso, Fernando Samalea y Axel Krygier, en la que el theremin convive armónicamente con teclados, batería, saxo, viola y hasta bandoneón. Los interesados en saber realmente a qué suena este instrumento no tienen entonces más que ver al Sexteto Irreal mañana, en el último concierto de una serie en el Club del Vino, de Palermo Viejo.
Mientras tanto, Schaller ensaya y se prepara también para hacer una pequeña gira por Holanda. "Es bastante portátil y práctico. Lo llevo en un bolsito", explica el thereminista, que admite que éste es "su" instrumento, y no un simple juguete, aunque el propio (traído de los Estados Unidos) sea el primero que haya visto en su vida. De hecho, tras la película y los conciertos, admite que ya tiene una lista de alumnos interesados en tomar clases.
"Para mí tocar el theremin es como cantar –dice–, es el modo de expresión que elegí, mi forma de comunicarme."
1
2Cómo vivió Mirtha Legrand las horas previas a su cumpleaños: un reencuentro, un detalle en la vajilla y un premio
- 3
Inés Estévez: su deseo de escapar del estereotipo y por qué siente que, aunque “no encaja” en este mundo, el trabajo la salva
4Robbie Williams regresa a la Argentina después de 20 años con un show en el Movistar Arena: cómo conseguir las entradas



