
"El juego de la banca"
Mañana se estrenará un film australiano sobre la relación entre los bancos y sus clientes, que guarda asombrosa similitud con la situación que se vive en la Argentina
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"Hemos entrado en la era del feudalismo corporativo, y nosotros somos los nuevos señores", dice Simon O´Reilly, máximo ejecutivo del poderoso CentaBank, mientras bebe champagne en los vastos jardines de su mansión australiana. Simon refleja la faceta más rutilante del negocio financiero. Inteligente y amoral, nadie como él para acumular dinero y poder, aniquilando en el trámite a la competencia. Un magnífico predador de sangre fría en la plenitud de su potencia.
Wayne Davis, en cambio, está en las antípodas: es un hombre simple, a punto de perder el modesto negocio familiar por una deuda contraida con el CentaBank imposible de saldar. Entre ambos, Jim Doyle, joven talento de la matemática que asegura haber descubierto el método para predecir con exactitud los movimientos del mercado de valores.
A partir de esos tres personajes bien definidos el realizador australiano Robert Connolly, de 34 años, pone en marcha la historia de "The Bank" (titulada aquí, con menos contundencia, "El juego de la banca"), su primer largometraje como guionista y director, que se estrenará en la Argentina mañana, después de que fue exhibido en el último festival de cine independiente. La visión de la película será, sin duda, una experiencia catártica para los sufridos ahorristas argentinos, inesperadamente hermanados por la desventura con sus pares australianos.
"Odio a los bancos -dice serenamete Connolly, en diálogo telefónico con LA NACION, desde Australia-. `The Bank´ es un film sobre el mundo de las corporaciones y el modo en que éstas se comportan, sin ningún marco de acción moral y ético que las contenga. En Australia, los bancos encarnan ese mundo dominado por la falta de valores. También me interesaba contar una historia acerca de lo que un ciudadano puede hacer individualmente porque creo que, en la actualidad, los individuos se sienten desalentados por los gobiernos y el dominio de las corporaciones".
La película fue un éxito en Australia, donde estuvo en cartel durante casi un año. "Ocurre que los australianos también odian a sus bancos -se ríe Connolly-. En el cine, la gente festejaba las escenas que muestran al CentaBank en problemas. Más allá de algunas situaciones dramáticas, el film tiene humor. Quería hacer una película con un punto de vista fuertemente político, pero que al mismo tiempo narrara una anécdota entretenida".
"El poder en la sombra"
El problema político que enuncia "The Bank" coincide con lo que plantea la economista Noreena Hertz en su libro "El poder en la sombra" (editado en la Argentina por Planeta). El título original del ensayo es más elocuente: "The silent Takeover" ("La silenciosa toma del poder") y abona la tesis de que, actualmente, las decisiones vitales sobre los ciudadanos, en todo el mundo, están cada vez más en manos de las grandes corporaciones y no de los gobiernos nacionales. Según Hertz, la certeza que la gente tiene de que los funcionarios (incluido el presidente de una nación) no pueden modificar esta situación habría provocado en diversos países, durante la década de los años 90, la brusca caída del interés por participar en los procesos electorales y la disminución del número de afiliaciones a los partidos políticos. Según este razonamiento, el desplazamiento del poder real desde los Estados nacionales hacia los grandes grupos económicos debilita la legitimidad de las instituciones republicanas y constituye uno de los principales problemas que tendrá que afrontar la democracia, como sistema de gobierno, en los comienzos del siglo XXI.
El film de Connolly sigue esa línea de pensamiento. "El poder pasó de los gobiernos a las grandes corporaciones, y se tergiversó el concepto de la responsabilidad que esos grupos tienen con la sociedad -reflexiona el director-. Simon O´Reilly, el personaje que interpreta Anthony Lapaglia, lo dice claramente: "Nuestra gente, nuestra sociedad son nuestros accionistas; el público puede cuidarse solo". Los Estados se han desentendido de una serie de cuestiones y las compañías privadas tomaron el control. Pero las responsabilidades sociales y éticas de estas compañías están totalmente descuidadas y si sólo se sienten obligadas hacia sus accionistas, bueno, está claro que lo que los accionistas siempre querrán será ganar dinero".
Si bien lo que muestra "The Bank" es ficción, Connelly dice que se inspiró en casos reales para escribir el guión. "En las décadas del 80 y 90 los bancos australianos alentaban a la gente a que tomara préstamos y, en muchos casos, las personas que se endeudaron ignoraban cuáles eran los riesgos que estaban asumiendo, porque los bancos no se lo explicaban con claridad. Una enorme cantidad de gente perdió todo cuando el dólar australiano cayó. Quienes habían pedido préstamos se encontraron debiendo sumas imposibles de pagar. Hubo depresión y varios intentos de suicidio".
Estupendo Lapaglia
Uno de los hallazgos del film es Anthony Lapaglia, caracterizado como el implacable Simon O´Reilly. "Anthony es australiano -dice Connolly-, aunque ha vivido muchos años en los Estados Unidos (donde trabajó con directores como Woody Allen -"Dulce y melancólico"-, Spike Lee y John Landis, entre otros). Cuando vio el guión de "The Bank" se entusiasmó mucho con el personaje de Simon y discutimos cantidad de detalles acerca de cómo lo interpretaría. Anthony consideró importante que este ejecutivo de elite fuera estadounidense, porque en los años 80, en Australia, muchas corporaciones estaban dirigidas por norteamericanos formados en Harvard que creían fervientemente en la globalización. En ese momento eran compañías muy fuertes, muchas de las cuales luego colapsaron. Algo parecido a lo que pasó con Enron en los Estados Unidos".
Lapaglia también quiso que el personaje de Simon aludiera al magnate Gordon Gekko, interpretado por Michael Douglas en "Wall Street", de Oliver Stone. "En los años 80, Gekko decía: Greed is good (la codicia es buena). Anthony consideró que este concepto estaba pasado de moda para el personaje de Simon y que a los hombres de negocios como él hoy les importan más el poder y la dominación global".
La situación argentina
Connolly se interesa por la Argentina; hace preguntas sobre la situación del cine independiente y sobre los problemas económicos de nuestro país. "Creo que "The Bank" es un film muy relevante para la Argentina en este momento. Entiendo que en su país ha sido muy afectada la clase media y eso es preocupante, porque habitualmente se trata de la gente más educada, la que tiene los mejores empleos y la que tiende a sentirse más segura dentro del sistema. Cuando uno se da cuenta de que una crisis económica puede golpear tan fuertemente a esa gente, el panorama que se abre es aterrador".
Hay en "The Bank" una escena tragicómica -sobre la que no conviene adelantar aquí mayores detalles- que, pese a lo inverosímil del asunto, seguramente será festejada por la platea local, como lo fue por el público australiano, ya que hace realidad la fantasía de todo ahorrista que se sienta estafado (o acorralado) por su banco. "Sí -reconoce Connolly entre carcajadas-, con esa intención incluimos esa escena, y nos divertimos mucho filmándola. Sólo puedo decir que cualquiera que haya pasado un mal momento por culpa de algún banco, la va a disfrutar".
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