Ilustrado por Max Aguirre, un juego de mesa independiente se proyecta como el nuevo vicio de los fanáticos de la música en castellano
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Demos vuelta el reloj de arena y saquemos una tarjeta. Lo primero que hay que hacer es cantar y completar las dos palabras que faltan en el fragmento de la canción. "Si a tu corazón yo llego igual, todo siempre se podrá elegir. No me (escribas) la pared, sólo quiero estar entre tu piel. Y si acaso no (brillara) el sol, y quedara yo atrapado aquí…" Bueno, bien, la sabíamos. Ahora, a contestar las cuatro preguntas. La primera es bastante fácil, por suerte. ¿Cómo se llama la canción? "Seguir viviendo sin tu amor" (¡Vamo’ arriba!). La segunda, más fácil todavía: ¿A qué artista pertenece? Luis Alberto Spinetta (¡Co-rrec-to!). La tercera, parece un chiste: ¿Con qué apodo es conocido el artista? Suena, casi, como si preguntaran: "¿Con qué apodo es conocido el «Flaco» Spinetta?" o "¿De qué color era el caballo blanco de San Martín?". La cuarta seguro es una papa: ¿En qué año nació el artista? Mmmm... ¿1950? ¡Correcto! Sumamos los primeros cinco puntos (uno por cada desafío) y nos ganamos nuestro primer Disco de Platino. ¡Señoras, señores, bienvenidos a El Melómano, el nuevo vicio de los amantes de la música en español!
Con espíritu D.I.Y. ("Si te gustó, recomendalo, que somos jóvenes y no tenemos plata para publicidad", sugieren al final del reglamento), y bajo la consigna "Que vuelvan los juegos de mesa", Maldón Entertainment (creadores de El Erudito, ilustrado por Liniers) inventó El Melómano, un juego para los amantes de la música en español. Con ilustraciones de Max Aguirre (creador de "Jim, Jam y el otro", la tira que publica La Nación) , la caja de El Melómano, que se consigue a 130 pesos haciendo un pedido en el sitio elmelomano.com, reproduce un Winco portátil e incluye 600 tarjetas que al dorso presentan distintas figuras del personaje que lo identifica, enfundado en diversos looks que se corresponden con los distintos estilos musicales que abarca el juego: desde el afro-look del funk y el jogging tuneado de la cumbia, hasta el traje a lo Elvis Presley y el sombrero, bombo y pañuelo del folclore. "La idea es jugarlo, por ejemplo, antes de ir a bailar. Por eso es un formato bastante simple de transportar. Mis amigos son muy histriónicos, y jugarlo con ellos es especialmente divertido", dice Aguirre. "Pero, además, como abarca distintos estilos, te muestra la capacidad que tenemos de almacenar información sin saberlo. Por ejemplo, yo que estoy todo el día escuchando a [John] Coltrane, me encontré cantando una canción de Cris Morena. ¡Insólito!"
Sin considerarse un melómano, Max Aguirre es hijo de músicos (folcloristas, tangueros) y la música ocupa un lugar muy importante en su vida. "Mientras dibujaba El Melómano escuché de todo: mucho Miles [Davis], [Thelonious] Monk, Raúl Carnota, viejas grabaciones de bossa-nova y también a los Red Hot Chili Peppers", enumera Aguirre, que también suele dibujar en vivo en los recitales de la banda platense Guatemala Camón.
Por Humphrey Inzillo
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