
El Lynch, alto en el cielo
El refugio en la cumbre del Cerro Catedral cumple 60 años
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SAN CARLOS DE BARILOCHE (Especial).- Sentado junto a una de las ventanas del Refugio Lynch, el más alto y más antiguo en el Cerro Catedral, construido hace 60 años a 2000 metros sobre el nivel del mar, Ernesto Schilling mira el cielo que tiene enfrente (no arriba, enfrente) y reconoce: "Y... Yo no puedo decir que esto sea un trabajo..."
Ya hace un rato que no toca su copa de frambuesas, de tan metido en la charla sobre esto que hace, que no está seguro de considerar trabajo y que consiste nada menos que en manejar con su mujer, Cristina, el Lynch, cuya concesión tiene desde 1987.
Si se sabe que le dicen el Yeti, es fácil reconocer a Schilling entre los esquiadores y peatones que llegan regularmente a la construcción en hormigón y madera de 1943: es un hombre de altura y espaldas considerables, usualmente vestido de leñador (jeans, camisa a cuadros, chaleco térmico). Resulta más difícil imaginarlo veinte años atrás, como empresario náutico en su astillero de Rincón de Milberg, Tigre.
"Vine de Buenos Aires porque había votado a Alfonsín; le había creído que iba a acabar con la patria financiera, que iba a levantar las persianas de las fábricas cerradas. Cuando se entró a caer todo, decidí buscar calidad de vida antes que seguir sosteniendo lo que tenía, que me estaba costando demasiado", cuenta su historia, muy parecida a la de tantos otros llegados a Bariloche. Sin ir más lejos, como la de su vecino, el arquitecto de San Isidro Hernán Hermida, ahora al frente de Punta Nevada, el restaurante en la estación superior del cable carril.
Para llegar al Lynch, justamente, hay que subir a 1800 metros, donde está Hermida, por cable carril; seguir 200 más por la silla Lynch y caminar unos pocos metros entre la nieve y el cielo. Una ubicación privilegiada, pero tan ideal para la contemplación del paisaje como inconveniente para el funcionamiento de un restaurante con dos salones, una terraza, dos cocinas, capacidad para 300 cubiertos... y un notable goulasch con puré.
Viento y nieve
"Acá tenés los problemas más insólitos", dice Schilling. Claro, no es lo mismo quedarse sin cambio en un local de Santa Fe y Callao que correr similar suerte en el filo del Cerro Catedral. Subir desde el mobiliario más pesado hasta los insumos básicos del día implica todo un operativo tanto en invierno como en verano. También están la calefacción, la ventilación, el suministro de agua, gas y electricidad. Sacar la basura ya es todo un tema. Y el viento, que cuando llega a cierta velocidad obliga a suspender los medios de elevación y alguna vez no sólo le impidió bajar, sino que hizo que Schilling tuviera que dormir detrás de la barra, "por si se rompía algún vidrio de las ventanas, que tiene un centímetro de espesor".
Peor, hace memoria, era el panorama en 1987. "Lo único que funcionaba era un comedor mucho más chico que el actual de abajo -explica-. Y las habitaciones no se usaban desde hacía quince años. Desde entonces, cada año invertimos un porcentaje de las ventas, no de las ganancias, en mejoras."
De cualquier modo, al concesionario le sigue costando pensar en términos de trabajo. Esquiador ("un vicio que me inculcó mi padre de chico. Yo sé lo que es subir esta montaña con piel de foca el famoso lunes de mantenimiento, cuando no había cable carril..."), se enorgullece de que la historia del Lynch corra paralela a la historia de las tablas en Bariloche. "Se inauguró en 1943, gracias a la iniciativa de Antonio M. Lynch, entonces director de Parques Nacionales, para que Catedral sea centro de esquí -indica-. En esa época, cuando lo manejaba el Club Argentino de Ski, había que subir en un ski lift. Después lo tomó el hotel Plaza. Había tres dormitorios con cuchetas, dos para hombres y uno para mujeres. Algún memorioso todavía recuerda cuando se atendía con guantes blancos. Hubo también una gran leñera. Todavía tengo algunas tejas de alerce que reciclé: con cada una de esas hago cuatro de las de ahora..."
¿Cuánta gente pasa por acá al año? "Es difícil de calcular, porque varía según la temporada. Obviamente el invierno te ayuda a equilibrar el resto del año. Aunque ahora hay un fenómeno: han vuelto los mieleros, que antes de la devaluación se iban al Caribe", detalla Schilling, tranquilo, sin ningún apuro por bajar al ruido de la base del Catedral.
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