
El nuevo cine argentino se hace picado fino
En su ópera prima, que se conocerá en los próximos días, Esteban Sapir habla del derrumbe de la generación intermedia.
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"Estudié en el Centro de Realización Cinematográfica del Instituto de Cinematografía (CERC), me gradué en 1992 y, luego de muchos avatares, en ese año hice una suerte de coproducción en 16 mm, un corto, para el que el Instituto me dio equipos. Sirvió como tesis."
Esteban Sapir, joven realizador que tiene ya una fecunda carrera como camarógrafo y director de fotografía, cuenta su pasado reciente. Anuncia para dentro de poco el estreno su opera prima, "Picado fino", realizada en 1994, antes de hacer carrera como fotógrafo.
"Mientras estudiaba en el CERC, entré a trabajar como asistente de cámara en varias películas (Lo que vendrá, de Gustavo Mosquera, Alguien te está mirando, de Cova y Maldonado) y luego, como camarógrafo, hice La dama regresa, de Jorge Polaco, y, como director de fotografía, Un crisantemo estalla en Cincoesquinas, de Daniel Burman, La vida según Muriel, de Eduardo Milewicz, y Cohen versus Rossi, de Daniel Barone, que acabo de terminar." Sapir nació el 5 de junio de 1967; tiene 30 años. "Una edad crítica", según él.
-¿Cuál es la diferencia entre tu película y la que acabás de hacer como director de fotografía?
-Una cosa es hacer una obra de autor, la que uno escribe y con la que se sueña; otra, un film profesional, con productor y director. En el cine independiente uno escribe el guión, consigue el productor, busca el dinero y luego filma.
-Fue tu esquema de trabajo en "Picado fino".
-Sí y el de muchas películas independientes.
-¿Cuánto duró la filmación y la producción de "Picado fino"?
-Su concepción y realización fueron muy veloces. Había trabajado como camarógrafo en una serie de Milewicz, "Desde adentro", junté un dinero y con ese dinero en el banco pedí préstamos, escribí un guión sobre una idea que tenía desde tiempo atrás y filmamos la película en ocho semanas seguidas, en el invierno de 1994. No quedó terminada hasta 1996.
Convoqué a varios técnicos de cine que hoy son muy conocidos en el medio, justo en un período en que no se filmaba nada y todos mostraron gran entusiasmo. Conté con diez locos que me siguieron en este proyecto.
Trabajaron dos meses sin cobrar un centavo: Víctor González (fotografía), Paula Singerman (jefatura de producción), Jorge Zelasco (diseño visual), Gaby Kerpel (sonido), Cristina Tavano (arte), Sandra Gugliota (producción ejecutiva), Pablo Ramos (producción) y otros. Algunos estaban sólo una semana porque les aparecía otro trabajo.
-¿Pediste crédito del Instituto?
-No. Fue una iniciativa independiente y artesanal. La hice con mi dinero y gasté mucho menos de lo que se piensa, aunque hay que añadir el gasto que habrían significado el equipo técnico y los actores si hubieran cobrado.
Entre ellos, Belén Blanco no era aún tan conocida, y recibí la colaboración invalorable de Miguel Angel Solá, Ana María Giunta y Juan Leyrado, en pequeñas apariciones.
Una cuestión de miradas
-¿Por qué se llama "Picado fino"?
-El título apareció en el final del rodaje. Salió en una de las comidas del equipo en que habían traído un salamín "picado fino" y se me ocurrió que ése podía ser el título, porque narra el universo fragmentado de un adolescente que vive en un suburbio de la ciudad y que tiene muchos sueños. Esa introspección es el punto de vista del protagonista, que lleva toda la historia.
-¿Es el punto de vista de toda la película?
-Transcurre totalmente desde el PDV -punto de vista- del personaje y es clave en la narrativa del film. Fue una de las ideas primarias, antes de construir la estructura.
Tenía claro que la narración no iba a ser objetiva, sino una situación vista desde el personaje.
-¿Por qué se rodó en 16 mm?
-Por una cuestión presupuestaria, pues no tenía mucho dinero. Para mí, es más un ensayo y no la película que quise hacer para que se estrene en el cine tal. Es una especie de prueba que creció tanto que hoy se estrena. Nunca lo preví.
-¿Y en blanco y negro?
-Recibo influencias de las películas en blanco y negro de Wim Wenders, donde se dice que el color representa siempre la realidad pero que el blanco y negro es más realista. Como "Picado fino" es una película de personajes, pensé que el blanco y negro iba a estilizar más esa idea.
-¿No se contradice un blanco y negro "realista" con un punto de vista subjetivo?
-También es realismo. Un realismo propio. El realismo no es sólo la aproximación al documental, sino el acercamiento a lo que a uno realmente le ocurre y siente.
Aunque no se pueda componer un sentimiento con algo de la realidad, no deja de ser real. Ver lo que otro ve lo vuelve real. El blanco y negro te lleva a la esencia misma de la imagen.
-El mundo judío tiene mucho peso en "Picado fino".
-Tiene que ver conmigo. Lo que le ocurre a mi personaje no me pasó literalmente a mí, pero tiene que ver con recuerdos de la infancia...
-¿Qué va a encontrar el público, además de una película extraña?
-El entorno judío está representado por la abuela, el último baluarte de una familia que se torna inexistente, frágil. La familia de la película es débil, se derrumba.
-Es una imagen rara de familia en la comunidad judía, que suele ser tan firme.
-Es extraña. La única que sigue con las tradiciones judías, con su libro en hebreo, susurrando en idish, es la abuela. La generación intermedia, la de la madre y el padre, jamás se comunica con el universo de la abuela, pero sí Tomás, el nieto.
En mi historia personal, en mi generación, los nietos son quienes más se estrecharon con los abuelos, los auténticos inmigrantes. Hay una generación en el medio, desconectada.
-¿Hay una síntesis del mundo judío de los inmigrantes en este juego de abuelos, padres y nietos?
-Sí, pero no es algo inmanente al mundo judío; es algo del presente: los adolescentes acompañan a los jubilados en sus protestas y los abuelos van al McDonald´s con los nietos.
-¿Es una mirada social?
-"Picado fino" habla también sobre la muerte de las ideologías. El personaje no tiene ideología.
-Eso te preocupa.
-Es lo que ocurre. Los únicos que hoy pelean por algo son los jóvenes y los viejos. La generación intermedia, a la que ya pertenezco, es una generación que no reacciona y está estancada. No sé si es algo generacional.
La difícil salida
-¿Se inscribe tu película en alguna línea del cine argentino?
-No es una película política: tiene un personaje sin ideología y sin ninguna salida, aunque todo, siempre, es político. Es probable que tenga alguna similitud con los films de la Generación del Sesenta. Más que nada en la actitud: querer romper con un lenguaje convencional.
Si hay algo político, es la forma en que está narrada. Son seres sin ideología y su único hecho terminal es la muerte de la abuela.
-¿Es un estallido para los personajes?
-Es un golpe para el protagonista. La abuela muere y él se queda solo, sin ningún referente.
El muchacho se pierde en su propia utopía, la de buscar una salida.
-¿Opinás sobre la utopía lo mismo que tus personajes?
-Sí. Pensar en una salida, hoy, es utópico. Las ideologías también son utópicas.
-Si no hay salida, ¿vivimos en un encierro?
-De algún modo, sí. El encierro es una suerte de destino sin final. La única salida real es la muerte, lo único concreto en este mundo.
-Qué pesimismo.
-Mi personaje es pesimista. La época en que hice la película era muy pesimista, por eso no es un film común: fue concebido con cierta desesperación. Me cuesta referirme a ese tiempo.
La única salida es disfrutar de lo que tenemos alrededor. Lo único perdurable es el momento en que uno vive.
-¿No es un mensaje sin optimismo para un lector que desee ver tu película?
-"Picado fino" puede tener varias lecturas. Puede ser interpretada de muchas formas porque es muy abierta. Pero es una película pesimista. No tengo miedo de decirlo. A cada paso, uno sabe que existe esa visión de la fatalidad ante el futuro.
-Hablemos de la forma, en la película.
-Ya dijimos que el protagonista lleva el punto de vista subjetivo. Se llama Tomás Caminos, aunque en ninguna parte se le dice ese nombre. Me pareció interesante, para el trabajo, indicar que alguien camina o transita. Sólo estaba en el guión.
La forma tuvo que ver con mis posibilidades de producción, entonces. La narración total está en planos fijos, porque no tenía para alquilar un carro de travelling; en planos cortos, porque no tenía cómo conseguir escenarios interesantes.
Todo, sujeto a la idea preconcebida de un personaje que vive encerrado en su propio mundo.
-¿Quién interpretó a Tomás?
-Facundo Luengo. Costó mucho conseguir el actor. Necesitaba uno muy particular, por la escasez de diálogos y por los gestos y actitudes del personaje. Lo busqué entre más de 50 chicos, hasta que apareció Facundo. Se presentó en mi casa, y apenas lo vi, decidí que era él.
Así como apareció, murió; justo al terminar el rodaje, en un accidente de bicicleta en la Panamericana. Le dedicamos la película.
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