
El nuevo Club del Clan Ortega
El senador arma una empresa artística, junto a sus hijos, y producirá el Festival de Cosquín con Julio Mahárbiz
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El edificio está reciclado a nuevo. Igual que el traje que vuelve a ponerse Ramón "Palito" Ortega. En algún lugar de la planta baja todavía quedan sin abrir algunos de los baúles que él mismo cerró cuando se fue a vivir a Miami. Dos pisos más arriba, en cambio, ya hay algunos recuerdos recuperados que hoy vuelven a servir. Al menos como decoración: cientos de entradas no vendidas para aquel show que dio Frank Sinatra en el Luna Park, en 1981; antiguos pocillos de café que llevan la gastada inscripción Chango Producciones y afiches de algunas de las 27 películas que protagonizó o produjo el ex candidato a vicepresidente por el justicialismo.
Sólo que ahora todos aquellos trastos viejos cobran otro sentido. El senador, que abrirá un paréntesis en su carrera política a fin de año, piensa reciclar su pasado artístico en Dinamic, la productora que comparte con su hijo Sebastián. Como si fuera poco, acaba de aterrizar en tierra cordobesa para producir, junto a Julio Mahárbiz, nada menos que el festival de Cosquín.
Desde que cerró aquellos baúles, hubo varios cambios de rumbo en su vida. En el medio, Ortega derrotó a Antonio Bussi y fue gobernador de Tucumán, ocupó la Secretaría de Desarrollo Social, hizo campaña entre los inundados y se tentó con la presidencia de la Nación. Pero ese camino quedó trunco, aunque no cerrado. Desde sus nuevas oficinas y su reestrenado papel de productor, el hombre al que alguna vez llamaron El Rey, o que tarareaba "yo tengo fe" durante la dictadura militar de 1976, piensa que podría "salir a caminar el país" en 2003 para suceder a De la Rúa.
Mientras tanto, camina otro terreno que le resulta muy conocido. Y se nota. Mientras su hijo, Sebastián, corre de una sala a otra, ultimando detalles de la flamante empresa familiar, Ortega padre habla con la tranquilidad que sólo trae la experiencia. Con esa calma, pasa de un tema a otro: de Cosquín a la política, de su pasado de "cabecita en Retiro" a su presente de productor.
-¿Cómo surgió la idea de unirse a Mahárbiz para participar en Cosquín?
-Viene de muy lejos. En 1968, en la época en que yo cantaba, pasé por Cosquín. Y me pareció impresionante ese movimiento que había en las peñas, en las calles, en la plaza. Era casi como un concierto de guitarras y de melodías permanente. Esa imagen me quedó siempre. Entonces llamé a un amigo a Córdoba, le pregunté y me dijo que el que está ligado con esto, desde siempre era Julio Mahárbiz. Lo llamé y empezamos a hablar y hablar, hasta elaborar una propuesta. Ahora se la hicimos conocer a las autoridades. Y creo que está todo bien, porque el hecho de que el gobierno provincial quiera participar también, le va a hacer muy bien a Cosquín.
-¿Usted y Mahárbiz van a decidir la programación?
-Nosotros queremos ser parte de todo. Aunque la responsabilidad de algunas cosas no será directamente nuestra, queremos que todo esté aunado. Lo bueno es que la comisión acepta esta propuesta. Nosotros no vamos a imponerles nada. Vamos con una propuesta, y la premisa es acordar las ideas para mejorar Cosquín. Obviamente, todo no se va a mejorar en un año. Queremos hacer una inversión que se proyecte por lo menos a los próximos cuatro años.
-¿Esa fue una condición para hacer la inversión de un millón y medio de pesos?
-Todavía no firmamos el contrato. Por ahora sólo firmamos una carta de intención. Pero creo que va ser posible firmar un contrato que nos ligue por cuatro años. Es que este año hay cosas por las que no vamos a poder hacer nada, como el Pre-Cosquín. No sabemos quiénes tienen las licencias para organizar esos festivales. Pero creo que es importante que participen la secretaría de cultura de cada municipio o provincia para que venga lo mejor de cada lugar.
-¿Cuál es el proyecto?
-El criterio es que si Chile puede tener un festival que ya es una institución, como Viña del mar, ¿por qué nosotros no tenemos un festival internacional? Cosquín, además del festival folklórico, puede ser un centro para que vengan artistas internacionales. Queremos proyectar el festival en el nivel de América latina Queremos que tome vuelo internacional.
-¿A quiénes quieren en el escenario?
-Uno no imagina un festival de esta envergadura sin Soledad, sin Nocheros, sin Mercedes Sosa, sin Chalchaleros, Guaraní o Falú...
-¿De qué se siente más parte: de la política o de la música?
-Las dos cosas tiene una fuerte relación con la gente. El artista que no puede llegar a la gente no es un artista que se pueda proyectar. A un político que no le llega a la gente le pasa lo mismo. Pero en el fondo creo que están hechas de químicas distintas: el mayor porcentaje de las cosas, para el político, pasan por la cabeza, y para el artista, por el corazón.
-¿Le ayudó el hecho de ser artista para la carrera política?
-De Gaulle reconocía que un político debe tener mucho de artista. Si uno ve a los grandes políticos, es fácil imaginarlos representando una obra de teatro. No digo el Fidel Castro de hoy, porque los años lo muestran un poco caricaturesco. Pero en un momento determinado, sus pausas y cómo manejaba su cuerpo y sus manos le daban a uno la sensación de estar ante una representación estupenda. Por eso, muchos políticos nuestros han tomado clases de interpretación.
-¿Usted no lo necesitó?
-A mí no me costó porque, por haber caminado tantos escenarios, ya tengo los tiempos. Uno sabe cómo llevar el mensaje, cuándo viene el aplauso. Pero confieso que eso en mí no fue premeditado. Yo ya tenía formación.
-¿Por qué deja la política?
-No la dejo. Hago un paréntesis...
-¿Hasta el año 2003?
-Manejar los tiempos es una cosa muy importante. Si le va bien a De la Rúa -y deseo que le vaya bien, porque si le va mal a él, nos va mal a todos-, él va camino a una reelección. Si ocurre lo contrario, habrá espacio para una propuesta. Entonces habrá que pensar en esa propuesta y en salir a caminar el país otra vez.
-¿Quiere tomarse esa revancha?
-Si hay espacio, sí. Lo que no me gusta es buscar un espacio político simplemente por estar. Hay que estar si uno es útil.
-¿Abre el paréntesis porque no se siente útil?
-Mi caso es particular, porque no vivo de la política. Gracias a Dios, he hecho lo suficiente como autor como para tener hoy, todavía, un rédito importante de mis obras. En gran medida, de lo que cobro anualmente como autor, vivo. Y en gran medida también, de lo que cobro con mis películas, vivo. Entonces, a mí me significa demasiado quedarme en el Senado si no puedo salvar la actividad azucarera. Como senador, tengo un límite. Si no puedo salvar la actividad azucarera, siento que ocupo un lugar sólo para salir a la calle y que la gente diga: "Ahí va el senador". ¡A mí me dicen: "Ahí va Palito"! Yo tengo una trayectoria que va más allá. Esto no quiere decir que no respeto al político al que le gusta la labor parlamentaria. Pero en mi caso personal, si soy útil, me gusta; si no, no.
-Y con el espectáculo, ¿se siente útil?
-Ese es mi espíritu. Eso es lo que explica que haya empezado de chico en un pueblo y me las rebuscara vendiendo diarios o lustrando zapatos. Que del pueblo me haya ido a Tucumán, y que a los 16 años me tomara un tren para venirme a la Capital. Que empezara aquí a vender café y a ver cómo hacía para estudiar música... Siempre tuve ese espíritu. Para mí, la vida es un desafío. Y cuando me podía quedar tranquilo, sabía que tenía que insistir y buscar otra cosa.
-¿Qué cosas busca?
-Sentirme vivo, útil. Muchas veces pensé: ¿no será tiempo de bajar el ritmo? Pero a mí no me gusta quedarme quieto. Creo que la vida -y cuando digo vida me refiero a la gente y a Dios- ha sido muy generosa conmigo. Porque no puedo dejar de pensar en la cantidad de gente que ha llegado como yo, con su valijita llena de ilusiones, a Retiro. En esos años, 56, 57, nosotros éramos los cabecitas, que nos reuníamos en Retiro. Y yo me pregunto: ¿qué me llevó a subirme a un tren y venirme? O ¿cómo fui a parar a la vieja Radio Belgrano a deslumbrarme con Brizuela Méndez, con Pinky, con las grandes orquestas? Yo creo mucho en el destino. Así que más allá de mi espíritu, no puedo dejar de pensar que muchos han llegado, pero que yo tengo que agradecerle a Dios el haber podido salir adelante. Y hoy, evidentemente, esa llama está muy encendida, porque no pienso en parar.
-Usted conoce los éxitos del espectáculo, pero también las derrotas, como fue el caso de Frank Sinatra. ¿Qué lo lleva a apostar por Cosquín cuando, hasta ahora, siempre dio déficit?
-Creo que si este año no es rentable, no importa. Nosotros queremos hacer las cosas bien.Obviamente, no vamos con la idea de perder. Pero hay que esperar.Uno gana cuando se hacen las cosas bien. Para que sea un buen negocio hay que hacer inversiones. Sería una pésima idea intentar ir un año para sacar unos pesos e irse. Ese no fue nunca mi modo de trabajar. Y lo demostré. Cuando preparábamos el Luna Park para Sinatra, y la inflación ya nos había hecho perder una millonada, todos me decían: "Y bueno, esto dejalo así". Pero a mí no me gusta. Si ya estábamos metidos, Sinatra tenía que ser el acontecimiento que se recordara de por vida. Y el Luna Park tenía que escucharse como el Colón. Hay que hacer las cosas bien.Lo otro es un mal negocio.
-¿De cada una de las cosas que hizo puede decir que la hizo bien?
-Lo importante, más que sentir, es querer hacerlo bien. Yo siempre sentí que lo quise hacer bien. Si lo logré plenamente, mejor. Pero si no ocurrió así, tengo la conciencia tranquila de que siempre me propuse hacerlo bien.
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