El padrino de Freud
En "Analízame", que se estrenará pasado mañana, el cómico interpreta al vapuleado psicólogo de Robert De Niro, un gángster con ataques de pánico
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NUEVA YORK.- Entra a la habitación con el rostro apenas descubierto, envuelto en una bufanda y con una gorra de lana gris, guantes y abrigo. Se excusa de haber llegado recién de una caminata por el Central Park, que está tapizado de blanco después de la primera nevada del invierno en esta ciudad, y cuenta que está resfriado hace dos días mientras comienza, lentamente, a despojarse de todo su atuendo invernal. Y todo es una chanza; se quita los guantes y bromea sobre el tamaño de sus manos, y vuelve con una nueva ocurrencia, y ahora el sobretodo mojado por la nieve, y sigue hablando, estornudando bromas hasta que se sienta y deja descansar su ingenio por unos segundos, hasta que vuelve al ataque con una nueva gracia.
Es el mismo Billy Crystal que conquistó al público en "Cuando Harry conoció a Sally", junto a Meg Ryan, y el mismo que durante seis años consecutivos fue elegido para conducir la ceremonia de los Oscar. Pero ahora tiene todavía fresco a Ben Sobol, el terapeuta al que recrea en la comedia "Analízame" y que tiene la poco sencilla tarea de psicoanalizar a un temido capo de la mafia italiana en Nueva York, Paul Vitti, interpretado por Robert de Niro.
-Después de tantas comedias exitosas, ¿cómo hace para reinventarte a sí mismo ante un nuevo personaje?
-Hum... No sé si tomar esa pregunta como un elogio o como un insulto ¿Qué me querés decir: a quién le robo todos mis chistes...? -pregunta, con un exagerado y fingido rostro de preocupación que remarca que está, nuevamente, haciendo otra broma-. A decir verdad, creo que la mayoría de las películas en las que he trabajado han sido muy buenas historias, y cuando eso sucede es bastante fácil para los actores meternos en nuestros personajes. Esa es la mejor inspiración, saber que uno está trabajando en un buen proyecto, algo que uno puede reconocer intuitivamente desde que el guión llega a sus manos...
-¿Cómo fue trabajar por primera vez con De Niro?
-Aún mejor de lo que cualquiera puede imaginarse. Me acuerdo que los primeros contactos que tuvimos fueron para leer el guión juntos, discutirlo, ver si hacían falta algunas modificacionesÉ Y la química que hubo en cada una de esas reuniones fue tan buena que me hacía sentir que no importaba lo que estuviéramos leyendo. Todo estaba bien porque disfrutábamos la compañía del otro, y eso hacía sonar la historia como aún más interesante y divertida.
El hilo de la charla actúa como un disparador de recuerdos para Crystal, que comienza a relatar incansablemente momentos, bromas compartidas con su compañero de trabajo, el anecdotario de "Analízame".
"Me acuerdo del primer día que trabajamos juntos con Bob (De Niro) -cuenta-. Habíamos convenido que iniciaríamos la primera parte de las lecturas juntos en Los Angeles, si bien la película fue rodada en Nueva York. Cuando llega el día del primer gran encuentro -recuerda con gracia- ahí estoy yo, sentadito, esperando a este tipo que ha sido uno de los más grandes de la actuación. Yo he trabajado con excelentes actores, pero De Niro hay uno solo, y esa situación me ponía increíblemente ansiosoÉ A las siete de la mañana llega De Niro, totalmente despeinado, aún muy dormido, con unos ridículos anteojos y una taza de café en la mano, y nos pide que le demos dos horas. Efectivamente, a las dos horas vuelve, enfundado en un traje beige, una camisa blanca con un cuello de puntas largas e impecables, con el cabello prolijamente engominado. Y así, súbitamente, este hombre no es más De Niro, ahora es Paul Vitti, este mafioso que va a visitar a su psicoanalista por primera vez... No habla más como De Niro sino con ese cerrado acento italiano. Entonces se escucha "¡acción!" y este mafioso que tengo enfrente comienza a gritarme: "¿No sabés quién soy? ¿Cómo que no sabés quién soy? ¿No leés los diarios?", y yo me quedo petrificado, sin poder comenzar mi línea, porque mi mente no puede dejar de pensar: "Dios mío, estoy haciendo una película con Robert De Niro..."
-Algo similar sucedió después de trabajar con Woody Allen...
-Sí, cuando estábamos filmando "Los secretos de Harry". Cuando nos conocimos, Woody, tan delgado, tan corto de estatura, tan callado, comenzó a hablarme así, muy despacio y me dijo -ahora imitando a Allen-: "Esta escena es muy divertida, ¿a vos qué te parece?", y yo ni siquiera sabía lo que me parecía, porque si lo dice Woody Allen ¡debe ser así!" -dice, gesticulando y entre risas-. Y Woody escucha "¡Acción!"; ya no es más tímido, es grande y tiene esa misma voz dulce pero grita, y se enoja chillonamente, y es el Allen que todos conocemos en la pantalla. Y cuando se grita "Corten", viene y te pregunta, suavemente: "¿Estuve bien?", y vos no lo podés creer...
-¿Por qué un tema que se supone difícil, como la psicoterapia, puede ser la base para una comedia?
-Todo tiene su lado oscuro y su lado cómicoÉ Es lo mismo que la gente que cuenta chistes en los funerales, ¿cómo se explica que en medio de ese clima pueda filtrarse el humor...? En esta película, la premisa de que un capo de la mafia neoyorquina le hable a un psicólogo ya es prometedora, por las diferencias básicas que que habrá entre ambos... El mejor ejemplo es esa escena en la que yo le hago referencia a la relación con su madre, y menciono el complejo de Edipo, y él no lo entiende, así que este psicoanalista empieza a explicarle que es cuando de chicos nos "enamoramos" de nuestra madre, y él reacciona malinterpretando el concepto por completo, y me grita si yo creo que él va a hacerle cosas a su madre con la misma boca con la que les da a sus hijos el beso de las buenas noches.
-Es extraño que hayas estado tan involucrado con este film y aun así no lo hayas dirigido...
-Bueno, Harold (Ramis) dice que en los créditos deberían aparecer tres directores: él, De Niro y yo, porque realmente tuvimos mucha participación en las decisiones. Yo me siento muy atraído hacia la dirección, sobre todo después de la genial experiencia que tuve al dirigir "Olvídate de París". En realidad, la primera idea que surgió entre Bob y yo era la de dirigir esta película entre ambos, pero después lo pensamos seriamente y acordamos que preferíamos seguir siendo amigos...
-¿Siente la presión de tener que ser gracioso todo el tiempo?
-No. Hay que saber controlar internamente esas supuestas "demandas"... Yo soy de esos tipos a los que que les encanta salir, disfrutar del día, ir al mercado, saludar a la gente por la calleÉ Y nunca falta el tipo que, cuando lo saludás y te reconoce, te dice con tono de sospecha "Ah... ¿llevás anteojos negros, eh? Te estás escondiendo..." Y no, vos no te estás escondiendo, sino que el día está soleado y vos te pusiste anteojos oscuros. Antes solía importarme mucho eso. Ahora me río mucho, nada más". Tal vez sea cierto, entonces, que este Billy Crystal se ría de todo y de todos, y que esa risa sea realmente natural, espontánea.
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