
El Pájaro Gómez: "Siempre pensé que Vilma Palma era para toda la vida"
A 20 años de "La Pachanga", el cantante de la banda habló de la hostilidad del paso del tiempo y de la vigencia del grupo tras el furor de los ´90
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"Pasame más tinto se vino la pachanga. Dale pelado, no parés nunca más". La cantidad de años entre un hit y su resignificación. El cambio de paradigma, los años que separan al Pájaro Gómez de sus primeras canciones. La vida, el éxito de los ´90, el olvido del principio del 2000. La vuelta, que en realidad no es una vuelta, porque nunca dejaron de tocar. La historia de una banda que tuvo una cantidad de picos y caídas como tantas otras, pero que de alguna manera y sin entender bien el porqué de este fenómeno, nunca desapareció. Vilma y Palma e Vampiros, el auto rojo y los coros entonando el "auaaaa" son parte del imaginario popular. La fiesta. La hostilidad del tiempo.
Mario "El Pájaro" Gómez está sentado en una cama de hotel. El acolchado es bordo, con motivos blancos. Viene de hacer tantos shows como el cuerpo le permite hacer. Tiene anteojos de sol puestos y un corte Teto Medina, con la cabellera impecable. Su actualidad está llena de presentaciones, no para. Desde las fiestas Bizarren al ND Ateneo, no hay tiempo para nada. Aunque no es lo mismo. "En el ´92, cuando venía a tocar a Buenos Aires, salía todas las noches y las chicas del club de fans me perseguían. Hoy me voy a dormir solo y tomo el té con una de las del club de fans y su marido", cuenta a LA NACION. La hostilidad del tiempo, de nuevo.
El recital. Son las 12 de la noche de un sábado y una pantalla con colores fosforescentes se apodera del fondo, hay un cartel que los presenta: "Vilma Palma e Vampiros". Arrancan mezclando temas del nuevo disco Agarrate fuerte con los clásicos. No tarda en aparecer el "Déjame, déjame, que te toque la piel" de "Bye Bye". El rosarino hace coreografías, pide que lo imiten. Hay tres más de la formación original: Karina (que está embarazada), el bajista y el baterista. El resto se sumaron en 2007.
Con el boom de Graduados (Gómez participó de unos de los capítulos como el dueño del Ital Park), con el nostálgico y siempre gratificante regreso a los tiempos pasados, El Pájaro hace saltar, transpirar, cantar, degastar cuerdas vocales en un teatro lleno de melancólicos, fans de esos tiempos y jóvenes que encontraron en esos temas himnos para imitar.
El fenómeno Vilma

Volvamos al cuarto de hotel demodé. "Esto parece un telo", dice. Apoyado sobre un brazo empieza a contar qué fue de su vida desde el 90 a hoy: "Es un fenómeno medio raro. Yo no sé qué pasó, puede ser que a los chicos de hoy les gusta todo lo que sea la música de los ´90. Les llama un poco la atención. Nosotros tuvimos del ´92 al ´96 unos cuatro años muy buenos, sonamos mucho y de repente desaparecimos del mapa".
Aunque en realidad nunca dejaron de tocar. Vilma Palma tiene, contando Agarrate fuerte, un total de 11 discos. "Es difícil de explicar. Nos podría volver a pasar otra vez que no laburemos. Yo creo que ahora estamos bastante bien. Hay una cosa en la que siempre hago hincapié, la banda nunca dejó de tocar. Si bien nos separamos los originales en el 2000, nunca dejamos de ser Vilma Palma. Nos fuimos a Estados Unidos con el bajista, estuvimos años allá, volvimos y seguimos tocando. A lo mejor hacíamos un show por mes o ni tocábamos"; sintetiza. "Fue una época dura, estuvimos como borrados del ambiente".
Pero la desaparición tenía fecha de caducidad. Por el 2006 como por arte de magia, El Pájaro y su banda (que tiene mucho pero mucho éxito en México) reaparecen y se instalan en un circuito concreto: las fiestas bizarras, los casamientos, los bares y eventos privados. Mario Gómez se pregunta todavía qué pasó, cómo fue que volvieron: "En el 2006 se empezó a dar vuelta un poco la tortuga y empezamos a tocar otra vez. No es ni revanchismo, ni venganza, ni nada; es que siempre pensé que ésta banda iba a ser para toda la vida. Me deja un poco perplejo porque acá nadie forzó, o fue a poner plata; esto se dio solo o sea, no sé si es porque hubo que tomar un tiempo para que la gente madure y se dé cuenta de que le gustaba la banda o porque se alinearon los planetas. Ojo, soy consciente de que nosotros no podríamos hacer un River ahora, o un estadio más grande, sé la realidad… "
Agarrate fuerte man

Ahora, además de las fiestas están presentando nuevo disco. El corte lleva el nombre del álbum. "Agarrate fuerte es como una invitación a un viaje musical que te puede disparar hacia cualquier lado, se va a salvar el que se dé cuenta de que todo esto es una broma" describe El Pájaro. Y habla, además, de una madurez de la banda: "El disco está bárbaro. A mí me gusta mucho porque pudimos rescatar un poquito el sonido del grupo en vivo. Tocamos juntos desde el 2007, estamos viejos y nuevos. 2010, el otro disco, no fue así. En éste se plasmó un poquito más el tema de tocar juntos. Suena más cojudo, con más huevo".
La fiesta popular
A pesar de la hostilidad del tiempo, El Pájaro a sus cincuenta se posiciona en el escenario y toca durante más de dos horas sin intervalo. El público enloquece, baila, salta y canta las canciones con la misma pasión que en los ´90. "A mí me sorprende la gente, eso es lo que te da fuerzas. Cuando vos ves a la gente cómo se pone con "Auto Rojo", o cuando hacemos "Fernet con coca", "La pachanga"… se vuelve loca. Es muy raro vivirlo a esta altura del partido, después de tantos años. Está bueno. ¡Se prenden fuego mal! sobre todo los pibes más jóvenes", relata anonadado.
El ND Ateneo está lleno. Después de casi dos horas, del momento romántico de la noche donde El Pájaro cantó sus baladas, y sus clásicos, el telón se cierra. Falta "La Pachanga" , los chicos de Voxpop tocan la primera parte haciendo todo desde las voces, sin instrumentos. Vuelve Vilma Palma y la fiesta se hace completa. Como si se tratase de la parte más divertida de un casamiento, hay saltos, hay baile, hay rondas. El bajista se ata el pelo para atrás. El Pájaro mueve las manos y revolea su cabeza, casi que la figura animal que lo apoda se hace presente.
Unos días antes, sentado sobre el acolchado bordo El Pájaro se acuerda de los tiempos que pasaron. Se pone nostálgico. Ya no tiene más treinta, y la pachanga para él es otra cosa, la hostilidad del tiempo, otra vez .Aunque cuando está sobre el escenario su caballera se mueve igual.




