
El perro verde sigue sin ponerse colorado
Jesús Quinteros, tras el mítico "El perro verde", se dedica a los presos
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Hace algunos años, para dar ejemplo de su amor entrañable por nuestra geografía, recordó en la voz de Soledad Bravo, estos versos: "Entre tu pueblo y el mío, hay un punto y una raya, pero esas cosas no existen, sino que fueron trazadas, para que tu hambre y la mía estén siempre separadas". Se llama Jesús Quintero, un hijo de Andalucía, y hace casi una década supo conmovernos con una propuesta impactante de excelente factura: "El perro verde".
La leyenda le adjudica un padre electricista que responde al nombre de José, y una madre sencilla llamada María. Dueño de un estilo intimista, confesional, de silencios que alcanzaron la dimensión de mensajes, Quintero revolucionó el lenguaje de la televisión desde un espacio sin vedettismos ni golpes bajos ni amarillismo pretendidamente periodístico, como mucho del que sobreabunda en estos días.
En esta ocasión llegó a la Argentina de incógnito y se reencontró con viejos amigos. Entre ellos, las Madres de Plaza de Mayo. Se entrevistó con productores y empresarios de TV para mostrar en qué caminos quedó enredado el año último. Un ciclo de televisión de quince capítulos, titulado "Cuerda de presos", que es una pintura de la cárcel, una recorrida por toda la galería de delitos, a través de 120 entrevistas con presos de 40 cárceles españolas.
Si Su Señoría la TV lo decide, el público volverá a disfrutar de las andanzas mediáticas de este trashumante imaginativo que supo decir: "En el caso de la TV, yo sabía que no cuenta la vida. Buscaba un espacio donde estuviera el hombre, desde el silencio y la reflexión, sin pensar en vender o en tener éxito. No llevo a los entrevistados para entretener o divertir, sino para que hablen desde lo sentido y lo vivido".
Cuando se le pregunta por qué canal lo veremos, se ríe de buena gana y responde: "No por el que mejor me pague, sino por el que mejor me trate". El tiempo de la entrevista en un café de Puerto Madero se vuelve escaso, mientras transcurre en un clima de complicidades.Quizá su estupendo sentido del humor haya jaqueado a esa dolencia cardíaca que el año último le atravesó la marcha.
Habla de su flamante programa con vehemencia. "Había cosas que en la televisión no podía contar. Por eso estoy terminando de escribir el libro sobre las experiencias recogidas durante el programa. Se llamará "Una jaula busca un pájaro" y espero que salga también en la Argentina".
Sin morbido ni moralina
Define:"Es un programa no carcelario, sino de seres humanos, de periodismo desnudo, sin morbo ni moralina ni sociología. Es un encuentro con un ser humano en una celda, en el patio o en el comedor de una cárcel. Durante diez años pedí el permiso oficial hasta que el último ministro de Justicia del gobierno socialista me lo dio".
Hombre de medios por antonomasia, a pesar de su efímera vocación de actor, así retrata a la TV: "Siempre busca gente simpática, con frases ocurrentes, especialistas en la nada.
Mira, si alguien está confesando que su hijo se suicidó por desaprobar sus exámenes y el presentador le interrumpe para ir a la tanda comercial, eso es delincuencia si queremos llamar a las cosas por su nombre".
Sobre el papel de los medios en este agitado fin de siglo, subraya que "deben cumplir una función social; no podemos tratarlos como un producto más, por lo menos en forma exclusiva. Con esta clase de TV que tenemos creo que acabaremos viendo las ejecuciones en directo. Eso sí, la televisión dirá además qué día de la semana y a qué hora para tener más rating".
De inemdiato reflexiona: "Yo no sirvo para vender dolor ni para hacer un espectáculo sobre la actualidad morbosa. Me gusta hacer una TV útil y bella".
Desde el abismo
Confiesa luego que desde hacía un tiempo nadaba a oscuras entre preguntas como éstas: "¿Por qué un hombre mata? ¿Por qué, a diario, se trafica, se asesina, se estafa, se viola? ¿En qué momento lítime surge la bestia negra que todos llevamos dentro?" Fue cuando surgió de la bruma la idea de "Cuerda de presos".
Ese interés suyo por la vida de la gente común, sin nombres ilustres ni cargos rimbombantes, lo condujo durante cuatro meses, junto con un equipo de producción de 30 personas, a ese submundo del que extrae un dibujo también hallable en la vida, más allá de las rejas.
"Fue la experiencia más apasionante de mi carrera -recuerda-, tras la cual soy otra persona, con nuevos puntos de vista. Como Truman Capote, luego de escribir "A sangre fría". La mayoría de los presos llegaron a la cárcel empujados por el destino, por la mala suerte, por alguien que se les cruzó en la vida. Luego están los hijos del hambre, de la necesidad, sobre todo, en el mundo de la droga. Es una suerte que estemos en la calle. La sociedad esconde la cárcel como si fuera un estercolero. Creo que en democracia, los asesinos son nuestros asesinos, y los locos son nuestros locos."
Narrador incansable, Quintero teje la charla como al descuido, pero enhebra cada reflexión sobre la trama de su último trabajo y desde allí se trepa luego a la literatura y la televisión, a la que define como "el medio más fascinante de nuestro tiempo, utilizado de una manera horrible".
Su libro, "Una jaula busca un pájaro", está a punto de finalizar su cocción. Empero, Jesús aún está atrapado por el lenguaje audiovisual. "Un buen periodista puede crear una entrevista magistral con el aroma de las cosas, con lo que percibe y absorbe. En la imagen todo queda en su justa dimensión, lo que se ve y lo que se escucha. En el libro, los personajes hablan según tu estilo literario. Borges hablaba maravillosamente sobre que la palabra en un medio de comunicación es viva y efímera, y que la escritura es perdurable y muerta."
Lo esencial, la vida
De inmediato, mientras disfruta una Pepsi light, en un tono irónico dice: "La TV es también un electrodoméstico que se ve en medio de la felicidad frigorífica. Cuando crees que has encontrado un buen momento, alguien te levanta por una empanadilla. En ella nadie reflexiona, ni pregunta o escucha como quien contempla una película o lee un libro. Constantemente se hacen programas donde van cambiando los muñecos. Creo que la gente más interesante de los países no suele ver la TV".
Cuando se le pregunta por ese recurso que le ganó varios imitadores -los silencios extensos y cargados de voces mudas- se excusa entre carcajadas: "En realidad soy muy perezoso y me gusta descansar entre palabra y palabra. Luego, soy muy andaluz. Los andaluces tenemos un sentido del tiempo muy distinto a los japoneses. El tiempo es todo y es nada. Para los japoneses, es plata. Hay quienes suponen que si el personaje hace silencio, el público va a cambiar de emisora pensando que hubo una avería".
¿Se escucha poco en la televisión?
"Casi siempre se pasa a la siguiente pregunta (carcajadas). Hay periodistas que parecen policías. La verdadera comunicación se produce entre dos seres humanos sin utilizar el micrófono o la cámara como una picana. Yo metabolizo a los personajes".
Al cabo de la charla distendida, con cierto escepticismo e idéntica velocidad de reflejos, dirá: "Nos pasamos la vida preguntando y no tenemos ni una sola respuesta. Uno le dedica 20 años de su vida a algo y luego te vas sin enterarte de nada. Por eso admiro a los ignorantes con tono dogmático. Siempre he buscado lo bello, lo sencillo y lo sabio. Pero no he hallado casi nada. Tal vez la vida sea apenas captar los momentos, el aroma de las cosas. Sólo hay dos certezas: la duda y la muerte. Lo demás es todo opinable".
Con un estilo que marcó un hito en la pantalla argentina
Con su fama de "El loco de la colina" a cuestas, del que tuvimos referencia por los amigos que recalaron en la fascinante tierra sevillana, Jesús Quintero marcó su huella indeleble en nuestro país, a fines de los ochenta, con "El perro verde", un ciclo estupendo de entrevistas por donde transcurrieron nombres como el de la inolvidable bailaora Lola Flores o el estupendo escritor Antonio Gala.
El título aludía, desde el propio conductor, a esos personajes diferentes por sus vivencias, por su particular modo de pararse frente a la vida, por el perfume de sus sentimientos.
Luego, siguió aferrado al micrófono "como un náufrago" y encalló en la orilla de otras bellezas con su saga de miserias, otras quimeras y fracasos, siempre humanos, de vidas anónimas. El ciclo se llamó "Qué sabe nadie" y marcó el apogeo televisivo de Quintero en nuestra pantalla.
A tal punto llegó su repercusión que le salieron imitadores hasta en los programas de humor. Por aquellos años fue en un sketh de "La noticia rebelde". Algunos años después, Jorge Guinzburg lo rescató para "Peor es nada".
Cuentan los memoriosos que fue la gestión de uno de sus productores, el argentino Santiago Pont Lezica, la que lo puso en el camino del Premio Rey de España en el rubro de Periodismo Televisivo. A esta altura ya acumula más de cien galardones y no se ufana por ello.
Lo suyo siempre fue preguntar, escuchar (especie en vías de extinción), guardar silencio, encender cigarrillos (ya no fuma) y, mientras el entrevistado se abandonaba mansamente en brazos de esa comunicación contenedora, dejar transcurrir por la pantalla una sucesión de historias sustanciales, de individuos ricos en vida.
Su edad sólo puede estimarse ya que no la confiesa y se entiende tratándose de un andaluz con tamañas ideas sobre el tiempo.
Ahora, si prosperan los acuerdos con algún canal local, volveremos a verlo en "Cuerda de presos", su última aventura. "Volvería a la TV para hacer un ciclo sobre la gran identidad americana.La televisión estallaría al mostrar esos contrastes extraordinarios. Me gustaría entrevistar a Marcos, en Chiapas, a los Sin Tierra de Brasil, a los balseros de Cuba o a los que mueren de hambre mientras otros mueren de colesterol. En esta conversación estoy con Televisión Española".






