
El pianista que se fue, pero está
Homenajes, cajas de CD y ofertas permiten que Bill Evans siga en la senda del jazz
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Se fue, pero está. Está, pero se fue. Un Bill Evans, el pianista, nació el 16 de agosto de 1929 en Plainfield, Nueva Jersey, y falleció el 15 de septiembre de 1980 en el Mount Sinai Hospital de Nueva York. Otro Bill Evans surgió entonces: el mito.
Los dos, es obvio destacarlo, son uno mismo: el dueño de una constelación propia en el universo pianístico del jazz contemporáneo, el inspirador, el que reinventó el sentido del trío (piano, bajo, batería), el que le brindó a la técnica -única y fría- un corazón _múltiple y caliente- dividido en dos manos, pero amalgamado en un estilo que hizo escuela.
Hoy, en pleno 1998, estamos en una nueva era evansiana (neologismo que explica muchas de las virtudes y defectos que registra el jazz de este fin de siglo). Y a continuación se brindan cinco pistas de por qué Bill no está, pero es como si hubiera ido.
Uno. Lo esencial de su cronología: en 1946 comienza su formación musical, con claro predominio de los clásicos (¿quién negaría la marca de Debussy en su orillo?). Su debut discográfico como solista es de 1956, con el álbum "New Jazz Conceptions". Dos años más tarde se integra al legendario sexteto de Miles Davis. Ese mismo año forma el trío con Scott LaFaro y Paul Motian. En 1963, su primer Grammy, por "Conversations With Myself". El año 1966 es el de otro trío que hizo historia, con Eddie Gómez y Marty Morell. Nueve años después llegan sus grabaciones con el cantante Tony Bennett. Y en 1979 forma su último trío, con Marc Johnson y Joe LaBarbera. El mito tomaba su forma definitiva, esa que desafía el paso del tiempo.
Dos. Lo esencial de su discografía: "Kind of Blue", de Miles Davis, donde brilla Evans a la par de figuras de la talla de John Coltrane, Cannonball Adderley, Paul Chambers y Jimmy Cobb. Algunas de sus primeras placas, como "Portrait in Jazz" y "Explorations". "Stan Getz y Bill Evans", de 1973, en un duelo sin vencedores ni vencidos. "Waltz for Debby" y "Sunday at The Village Vanguard", de 1961, grabados en vivo. "Conversations with Myself", de 1963, donde Evans toca por triplicado: a su propio registro se le cruzan dos sobregrabaciones propias y el resultado es una fascinante trama que nunca termina. "Undercurrent", de 1962, su primer disco con el guitarrista Jim Hall. "The Tony Bennett-Bill Evans Album", de 1975, legendaria colaboración entre este crooner y el pianista. "The Bill Evans Album", de 1971, su debut para el sello Columbia, en el que prueba exitosamente las sonoridades del piano eléctrico. "Intuition", de 1974, fascinante experiencia a dúo con el contrabajista Eddie Gómez. "You Must Believe in Spring", de 1977, una de sus últimas obras cumbres. "The Paris Concert Edition One", de 1979, con Johnson y LaBarbera, que, a menos de un año de su muerte, se convirtió en el mejor legado para quienes todavía no sabían cuánto lo extrañarían.
Tres. Para invertir el aguinaldo: había dos cajas de discos indispensables, con sus grabaciones para los sellos Riverside y Fantasy, pero el año último se sumaron otras tres (!) que confirman que estamos en un período evansiano . Por un lado, "The Secret Sessions", con 8 CD del sello Milestone, en el que se rescatan actuaciones del Village Vanguard, registradas entre 1966 y 1975. Por otro, la monumental "Turn Out the Stars", con 6 CD del sello Warner, que recupera grabaciones (también en el Village Vanguard) de junio de 1980, es decir, tres meses antes de su muerte. Y, finalmente, "The Complete Bill Evans on Verve", con los 18 CD grabados para este sello, además de tomas descartadas e inéditas, en una edición de lujo: los discos y un librito están envueltos en una caja de metal (que, a la inversa de Evans, se va oxidando con el paso de las semanas).
Cuatro. El valor de la oferta: la virtual liquidación de los discos de varios sellos discográficos permite que algunos imperdibles de Bill puedan adquirirse hoy a un precio irrisorio. Musimundo y Zival´s, por ejemplo, ofrecen a sólo 13 pesos joyas editadas por Warner, como "The Paris Concert Edition One" y su segunda parte; "You Must Believe in Spring", "New Conversations" (de 1978, a solas con su piano), "We Will Meet Again" (de 1979, con Johnson, LaBarbera y Larry Schneider en saxos y Tom Harrell en trompeta) y "Affinity" (de 1978, con Schneider y el armoniquista Toots Thielemans).
Cuatro muestras palpables de que este pianista se fue, pero está. Y de que el mito sigue acariciando las teclas y seduciendo oídos.
Dos flamantes tributos
Luego de que el año último un ascendente pianista de extracción clásico como Jean-Yves Thibaudet le dedicó su CD "Conversations with Bill Evans", acaban de aparecer dos discos que le rinden homenaje al pianista que falleció en 1980, a los 51 años.
"I Remember Bill" se llama el álbum del célebre arreglador y productor DonSebesky, que reunió a un seleccionado de talentos para darles nueva vida a obras que inmortalizó Evans, como "Waltz for Debby", además de estrenar dos temas propios dedicados al genial músico.
Del disco participan los saxofonistas Joe Lovano y Lee Konitz, el guitarrista Larry Coryell, el flautista Hubert Laws, el clarinetista Eddie Daniels, el vibrafonista Dave Samuels y varios músicos que tocaron con Bill Evans: Marc Johnson, Eddie Gómez, Joe LaBarbera, Marty Morell y el armoniquista Toots Thielemans.
Además, acaba de reeditarse "Evanessence", el disco que el pianista Fred Hersch lanzó en 1990, que también incluye canciones que hizo famosas Bill Evans y un tema propio. Aquí también figuran Johnson y Thielemans, a quienes se suma el vibrafonista Gary Burton. El último disco de Hersch es otro homenaje, en este caso al pianista Thelonious Monk.






