
Juan Terranova
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La conversación
Juan Terranova, emergente de la narrativa Sub-35, arriesga y se distancia de los modelos literarios habituales.
–¿Qué onda la nueva novela de Terranova?
–Bien… qué sé yo. No, bien.
–…
–Es toda así, tipo dialoguitos, viste.
–¿No escribe, el pibe?
–Sí, escribe dialoguitos.
–¿Cómo sería?
–Así, nabo. Un guión, uno que es ginecólogo, se llama Mirko y dice algo. Otro guión y uno que se llama Nemo, que es fotógrafo en un diario, y le contesta.
-¿Son amigos?
-Son amigos.
-¿Y charlan?
-Es lo único que hay en todo el libro, una charla, varias charlas.
–¿Y no hay relato?
–Claro que hay, el relato es lo que los tipos relatan.
–Ahá. ¿Y qué relatan?
–Cómo se levantan minas, cómo terminó la fiesta a la que fueron, cómo les va en sus laburos... De pronto conocen a un tipo que hace delivery de pornografía, después medio se pelean entre ellos, después los dos se terminan enamorando.
–¿Uno del otro?
–Nooo… de las minas que conocieron. Una es enfermera, creo, y la otra es la ex de un drogón hecho mierda.
–Tipo Vulnerables. ¿Te acordás?
–No, ¿qué tiene que ver?
–El guión de un capítulo de Vulnerables que no salió, parece.
–No sé, para mi está buena, muestra cosas, tiene como un naturalismo bastante lúcido, bien trazado.
–¿Qué muestra?
–Y, los protagonistas son dos tipos sociales muy cruzados por las angustia y la neurosis de hoy, en Buenos Aires. Supongo que habla un poco de todos nosotros.
–Perdón pero ¿Quiénes vendrían a ser nosotros?
–Hombres, solteros, cerca de los 40, con trabajo consolidado, que viven en esta ciudad, en busca de algo que no está del todo claro, un poco tristes.
–Mmm…
–No, ta’ buena.
–¿Y no escribe nada, nada?
–¡Escribe, boludón! Escribe lo que los tipos dicen.
–¿Y eso es escribir?
–Vos qué dirías, que el teatro es o no es literatura…
–No me corras por ahí.
–No, porque entonces Beckett no escribió un carajo.
–No, gil, no digo eso, digo que…
–¿Qué?
–¿Cuántas páginas tiene, a ver?
–Perá, me fijo.
–Dale.
–Este… dos dieciocho, 218 páginas tiene.
–¿Doscientas páginas de puros dialoguitos, nomás?
–¿Y cuál es el problema?
–Me parece medio facilonga.
–¿Y por qué facilonga, a ver? ¿Por qué no experimental?
–Divagante, yo diría.
–Alternativa.
–Cáshual.
–Espontánea.
–¿Espontánea? Dale, se la sacó de encima, el Terranova ese.
–Lo que se sacó de encima es la tara de la narrativa tallerista argentina, pescado.
–¡Ah, pará, el señor se puso teórico!
–¡Es verdad! Acá si no escribís prosa y después no vas a lo de Paskowski a corregirla setenta veces nadie cree realmente que te dediques a escribir.
–Uh, no, el verso de los textos “frescos”.
–¡Qué me hacés comillas con los deditos, flaco! No se trata de ser fresco, se trata agarrar por otros caminos y llegar a algún lado.
–Ah, mirá... Y vos decís que esta novela llega…
–Llega, claro que llega. Hay una línea donde para mi se condensa todo el texto.
–Mi reino por escucharla.
–La gente no busca la felicidad, la gente busca el placer.
–Mierda, nene, me dejaste de culo. ¿Quién la dice, Lía Salgado?
–Además, tiene una lectura inevitablemente vertiginosa, leerla es como dejarse caer por uno de esos toboganes de agua, ¿ubicás? Resbalás, y resbalás con ganas de seguir resbalando.
–Por el texto, decís, como que resbalás por el texto…
–Msé.
–Ta’ bien, dejalo ahí.
–Lo dejo.
–Es como esta crítica, todo dialoguito, facilonga, te la estás sacando de encima.
–Curtiiite.
–Tranquilo, no te enojes. Decime ¿estuviste leyendo algo más?





