El primer programa de ShowMatch, ¡un aburrimiento!
Fernanda Iglesias se sentó a ver el primer programa de Tinelli y sacó algunas conclusiones
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Lo que pasó anoche con ShowMatch confirma la teoría de que no hay que ponerle nunca nunca tanta expectativa a algo. Ni a una película, ni a un trabajo, ni a un paseo, ni a un novio. Menos que menos, a un programa de televisión. Porque la expectativa siempre es superior al resultado. Y este fue el caso, una vez más.
Medio año hablando de Tinelli, del Bailando, de que Florencia Peña iba a hacer unos pasos de comedia buenísimos, que Antonio Gasalla la iba a romper, que Moria Casán se había sacado lolas y estaba irreconocible, que había guerra entre Aníbal Pachano y Flavio Mendoza, que Carmen Barbieri no sé cuánto… Y desde hace unos días el otro tema fue la "increíble apertura" con la la que iba a arrancar ShowMatch. Un show con 300 personas en vivo, un mapping sobre el edificio de la calle Olleros, un sketch con que el que nos íbamos a descostillar de risa…
No digo que no haya sido prolijo, bien hecho y no niego los mil quinientos puntos de rating (¿picos de 44?), que fueron una bestialidad. Pero, sinceramente, el primer programa de ShowMatch me pareció... aburrido.
Para empezar, el sketch reviviendo la famosísima escena de Pulp Fiction con ¡Jorge Rial! (¿no tenían un presentador más honesto?) dándole el pie a Tinelli y a Peña para que desarrollen su gracia pareció una prenda de Feliz Domingo. Me reí mucho más con Florencia en un móvil de AM que viéndola anoche, tentada y con su cara deformada bailando junto a Marcelo. El único que me hizo reír fue Dady Brieva, cómico de verdad, brillante estrella en este firmamento local.
Después llegó, el espacio "Cirque du Soleil" del programa, ese segmento donde la gente de Ideas de Sur nos demuestra que no son tan grasas y que pueden hacer cuadros de nivel. Y ahí estuvieron los 300 bailarines, acróbatas, extras y demás al ritmo de Madonna primero y de Adele después. Les salió bien, la verdad. Impecable Hernán Piquín volando por el aire, las contorsionistas de Stravaganza y la niñita que apareció corriendo y que violó la Ley de Medios (¿no eran más de las diez de la noche?). También fue muy lindo lo de los porristas y acróbatas. Sus piruetas al son de "Yesterday" y de "Muchacha" casi casi que me emocionan.
¿Y el Chow?
Arrancó cuando entró Tinelli junto a las inexplicables presencias de Carna Crivelli, Larry De Clay, Marcela Feudale y Walter "el Chino" D’Angelo. Simpático, Marcelo se desquitó con algunos reproches para los directores de programación de Canal 13 -Adrián Suar, Pablo Codevilla y Coco Fernández- hizo chistes autorreferenciales -esos que le salen muy bien-, mostró varias veces a su novia Sol Calabró (que la tiene hace años pero recién ahora decidió blanquearla, qué paciencia esa mujer), habló de Mariano Iudica, de José María Listorti... En fin, demostró que los chismes se los sabe de memoria y que piensa usarlos en su programa si el rating acompaña. Aunque lastimen a sus compañeros de trabajo. Total, eso a quién le importa.
Por eso le hizo un comentario de ese estilo a cada jurado a medida que fueron entrando. Mencionó el casamiento de la hija de Moria y sus lolas más pequeñas; el supuesto intento de secuestro a Gasalla; la relación de Carmen Barbieri con Santiago Bal, su hijo Federico, y la nuevita Ayelén Paleo, a quien ella acusó de seducir a su marido. También, Pachano y su inminente calificación a los pasos de baile de su ex mujer y Flavio y sus escándalos del verano. El único que se salvó fue Polino. Se ve que Tinelli todavía no se anima a hablar de la gran amistad que hay entre él y Gasalla.
La primera -y única- en bailar fue la estrella del certamen: Florencia Peña. Su previa fue previsible y pacata, quizás porque estaban sus hijos en el estudio, y su baile fue correcto, pero al jurado no le gustó tanto. Igual, consiguió un alto promedio por el insólito diez que le puso Polino. Tampoco van a echar a "la" figura del Bailando en la primera gala.
Por suerte, este esperadísimo primer programa de Tinelli terminó temprano (antes de las doce y media). Y -confieso- lo terminé de ver porque tenía que escribir esta nota. Si no, me hubiese dormido mirando el bello y moderno mapping, lo recomiendo para insomnes crónicos.
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